Un país entero tuvo que esperar 16 largos años para volver a emocionarse y sufrir por un Mundial, un estado complejo que las nuevas generaciones experimentan por primera vez con su Selección.
No deben preocuparse. Ver a los albirrojos implica –además del asado– tener a mano por si acaso un tensiómetro, una calculadora, velas, alguna imagen mística (sea de la Virgen de Caacupé o un San Alfaro, el cazador de utopías) y un rosario.
Uno puede suponer o imaginarse hasta un ateo puede recurrir a las deidades en busca de ese milagro que nos siga manteniendo en el sueño mundialista.
Esta medida desesperada responde a una sola verdad: cuando gana la Albirró son otros los ánimos de la sociedad. No hay rincón que no se sumerja en festejos, abrazos, saltos, gritos y explosión de petardos.
El termómetro de esa euforia puede tomarse frente al Panteón de los Héroes, donde la gente se aglomera en la mítica esquina de la calle Palma, en el centro de Asunción.
Una ciudadanía callada pasa a hacer barullo a nivel nacional; es la liberación de todas esas pasiones y gritos que solemos contener ante la impunidad, corrupción y desigualdades, en un país que conoce muy bien cómo es sufrir y resistir.
Ciudadanos reunidos, arropados con banderas paraguayas, coreando con orgullo el Himno Nacional en la histórica clasificación, es solo una muestra genuina de lo que despierta la Selección.
Mientras que la ansiedad por el debut de Paraguay ante el anfitrión, Estados Unidos, se percibía en el tiempo, ya que parecía que nunca iba a llegar ese partido para decir oficialmente: ¡estamos en un mundial!
Las calles se llenaron de autos adornados con la bandera y compatriotas luciendo las distintas versiones de la casaca. El diseño de la actual, además de decepcionar, abrió la puerta a la creatividad popular, y así nació uno de los mejores merchandisings con creaciones a la altura de la Selección Nacional.
Llegó el 11 de junio y México fue el primero en dar la bienvenida; luego fue el turno de Canadá y, por fin, llegó el de Estados Unidos.
Para acompañar toda la ilusión que se sentía en ese momento histórico, se montaron nueve pantallas gigantes sobre la calle Palma y en la Plaza de la Democracia. Era una fiesta albirroja.
Sin embargo, la goleada sufrida ante el país norteamericano fue como un balde de agua fría; vivimos un duelo. Después de los plagueos y de las frustraciones, tuvimos que recuperarnos de esa caída y pensar en el encuentro ante Turquía, aun cuando el dolor de aquella batalla perdida se percibió con claridad en las carnicerías del país, que experimentaron una caída en sus ventas.
Si bien los ánimos no estaban al 100%, la ciudadanía mantuvo la fe y alentó al plantel con banderazos y cánticos en el mítico Times Square, en Santa Clara y en cada uno de los seis millones de corazones latiendo: “Dale, dale, dale, dale, la Albirroja”.
Atrapados entre el miedo y la esperanza de creer, el pueblo sufrido volvió a la euforia a los 64 segundos del primer tiempo, cuando Galarza imprimió la fuerza de un león guaraní y sacudió la red del arco turco con un golazo. Fue el único del encuentro, el cual se resistió con un pésimo arbitraje y 10 hombres.
Nos sorprendimos todos, incluyendo a los mariachis que interrumpieron una serenata de cumpleaños para festejar el rugido de esperanza. Los festejos por la valiosa victoria se replicaron en todo el país y en cada rincón del mundo que tiene a un paraguayo.
Por eso, escribir sobre la Albirroja y del sueño mundialista es difícil sin soltar una que otra lágrima que se desvanece en las mejillas. No hay otra manera de emocionarse a flor de piel que no sea a través del épico y molestoso, para algunos, llorerío.
La Selección Paraguaya no solo es fútbol, es la delgada línea entre la euforia y el dolor de todo un pueblo. Es la fibra que nos mantiene unidos; es un sentimiento que va más allá de cualquier propaganda oportunista. Es de y para la gente.
Por primera vez, la comunidad de Banco’i vio encender un alumbrado público
La desigualdad que hay en el país se nota en la celebración de la comunidad de Banco’i al encender, por primera vez, un alumbrado público en la isla gracias a la solidaridad. Un momento histórico que conmueve y que contradice los discursos de crecimiento al mostrarnos que no todos acceden a derechos humanos básicos.
Popurrí sanjuanino
- La vieja práctica de usar al Estado como sostén económico sigue vigente y normalizada en la sociedad al considerar parte de la genética de una clase política desgastada, cansina. Tal es el caso del clan Vega, que diseminó a sus parientas en instituciones públicas, lo que cuesta G. 1.262 millones al año.
- En la sección de Economía de Última Hora se vienen publicando una serie de notas sobre los seis nudos económicos que debe desatar el país para su desarrollo. El pasado domingo, abordó la fórmula triple 10 y preguntó si realmente resulta atractiva para las inversiones.
- El salario mínimo subió G. 144.952 tras oficializar el incremento del 5% que anunció Santiago Peña ante sus correligionarios. El porcentaje está por encima del índice de precios al consumidor (IPC), pero generó el malestar tanto de empresarios como de la fuerza laboral.
- Te comparto la reflexión que escribió la periodista Laura Ruiz Díaz en la temporada del Mundial, en la cual resaltó los gestos de dignidad que devuelven al fútbol su origen popular, a pesar del corporativismo y las manipulaciones en torno a este deporte.
- Colombia celebró elecciones presidenciales el pasado domingo, con la victoria del ultraderechista Abelardo de la Espriella, un abogado millonario que prevé el Plan Colombia II.
Postales del festejo albirrojo en San Francisco
En las graderías del Levi’s Stadium, compatriotas festejaron el remate de Galarza que dio a Paraguay una épica victoria ante Turquía, en un partido que superó los 90 minutos.
Después de dos semanas sin boletines, nos volvemos a encontrar, querido/a lector/a, con la edición número 50. Seguramente, o quizás no, te has preguntado qué pasó con la autora de En Medio del Ruido. Te cuento con un cocidito virtual.
Recordarás que, en la última edición, comunicaba que me iba a ausentar una semana para tomarme un respiro y cargar energías; sin embargo, cuando tuve que volver, una gripe me alejó del teclado por unos días más. Es por eso que no te llegó el boletín el pasado miércoles.
Lo importante es que hoy aparecí de nuevo en tu correo para que me leas tomando un cocido acompañado con chipa o mbeju, o si preferís, en otro momento de la semana, siempre y cuando sea antes de la próxima edición.
Sin más preámbulos, me despido cordialmente. Te mando buenas vibras y ¡Vamos, Paraguay!
Nota de la Redacción. Esta edición se publicó antes del partido ante Australia, que terminó en un empate sin goles.