El Fondo Monetario Internacional publicó recientemente varios informes analizando la situación macroeconómica del país. En todos ellos, se destaca el positivo desempeño macroeconómico de Paraguay y la capacidad de resiliencia de su economía, pero también señala la persistencia de riesgos y problemas estructurales que puede impactar la propia estabilidad macroeconómica, el control de la inflación y las posibilidades de un crecimiento con mayor inclusión.
Uno de los informes realizados para los países de la región en la pospandemia resalta la resiliencia de la economía paraguaya en este periodo. Tras la contracción económica global, Paraguay experimentó una recuperación vigorosa, con un crecimiento del producto interno bruto (PIB) que se situó por encima del promedio regional. Este desempeño favorable puede atribuirse a una combinación de factores claves. En primer lugar, la base agroexportadora del país, centrada en commodities como la soja y la carne, que se beneficiaron de los precios internacionales que, aunque volátiles, se mantuvieron en niveles relativamente altos.
En segundo lugar, la gestión macroeconómica prudente en los años previos a la crisis proporcionó un colchón de políticas. El país implementó medidas de estímulo y apoyo a los sectores más afectados. La política monetaria del Banco Central de Paraguay mantuvo relativamente bien la estabilidad de precios y proveyó liquidez al sistema financiero. El informe subraya que, a diferencia de otras economías de la región, Paraguay logró controlar las presiones inflacionarias, lo que permitió un entorno de precios más estables que favoreció la recuperación del consumo y la inversión privada.
A pesar del crecimiento positivo, hay riesgos que podrían comprometer la sostenibilidad económica de Paraguay a mediano plazo. El más importante es la situación fiscal. Como consecuencia del gasto implementado durante la pandemia y los bajos ingresos fiscales, el déficit fiscal y el nivel de deuda pública han experimentado un aumento significativo con una trayectoria ascendente preocupante.
El FMI enfatiza la necesidad de una consolidación fiscal que no implica solo recortar gastos, sino realizar las reformas necesarias para ampliar el espacio fiscal y mejorar la eficiencia del gasto público. De manera explícita señala que la relación deuda pública/PIB debe situarse en una trayectoria descendente a mediano plazo y se deben reducir los riesgos que impone la Caja Fiscal.
Un plan de consolidación o convergencia fiscal debe sostener los esfuerzos de reforma estructural para afianzar aún más la estabilidad macroeconómica y mejorar las perspectivas de Paraguay para un crecimiento sostenible e inclusivo a largo plazo.
No obstante, las autoridades nacionales deben ir más allá de objetivos macroeconómicos. Cualquier plan debe ser socialmente sensible, ya que recortes en áreas críticas, como la salud, la educación o la inversión en infraestructura, podrían socavar el capital humano y físico del país, perjudicando su potencial de crecimiento futuro y la sostenibilidad de la deuda. Por lo tanto, el desafío para las autoridades paraguayas reside en diseñar un ajuste fiscal inteligente que proteja las inversiones prioritarias y, al mismo tiempo, restaure el equilibrio en finanzas públicas.
El país se encuentra en una posición donde debe navegar cuidadosamente entre la necesidad imperiosa de consolidar sus finanzas públicas y la urgencia de atender las demandas de desarrollo social y económico. El camino hacia adelante requiere de un liderazgo político que priorice la calidad del gasto público, fomente la inversión privada y fortalezca las instituciones para gestionar los riesgos.
La recuperación pospandemia ha demostrado la fortaleza de los fundamentos macroeconómicos de Paraguay. Sin embargo, el próximo capítulo de su desarrollo dependerá de su capacidad para transformar esta estabilidad en un crecimiento más diversificado, inclusivo y sostenible. La implementación de reformas estructurales, en el marco de una visión de Estado a largo plazo, será determinante para que Paraguay no solo mantenga la estabilidad macroeconómica, sino que logre cerrar las brechas de desarrollo que aún persisten.