Hoy, por primera vez, todas las carreras del país se han evaluado o están formalmente inscritas para hacerlo. Se trata de un logro histórico que refleja madurez institucional, visión compartida y un compromiso real con el fortalecimiento del sistema de formación médica.
Este avance, sin embargo, no fue automático ni sencillo. Es el resultado de aprendizajes acumulados, ajustes normativos, desarrollo de capacidades en la Aneaes y en las universidades, construcción de equipos académicos, procesos de coordinación y liderazgo, así como de una progresiva convergencia en torno a la importancia de contar con estándares comunes de calidad. Una perspectiva histórica ayuda a valorar mejor este proceso.
Tanto la Agencia como el conjunto mayor de universidades son de creación relativamente reciente. La Aneaes forma parte del amplio conjunto de reformas iniciadas en el país en el último cuarto del siglo y, en esencia, tuvo que construirse desde cero. Tuvo que desarrollar sus marcos técnicos, metodologías y equipos profesionales sin referencias previas de instituciones que realizaran evaluaciones externas sistemáticas en educación superior.
La expansión universitaria también es relativamente reciente en Paraguay y en América Latina. Como recuerda Fernández Lamarra (2004), en 1950 existían apenas 75 instituciones universitarias latinoamericanas; seis décadas después, según datos del Instituto de Estudios y Capacitación (2019), el número superaba las 4.000. Un dato no menor es que este crecimiento estuvo impulsado fundamentalmente por el sector privado: el 67% de las instituciones de la región pertenecen a este sector y el 55% de la matrícula universitaria se forma allí. América Latina es actualmente la región con mayor proporción de matrícula privada del mundo, superando el 36% del Asia-Pacífico, el 28% de América del Norte, el 20% de África y el 14% de Europa. Este panorama evidencia el peso estructural y la importancia estratégica del sector privado como promotor del acceso de la población a la educación superior.
Paraguay participó plenamente en ese proceso. De solo dos universidades existentes hasta 1989, se ha llegado a 58 en 2025, de las cuales 48 son privadas y 10 públicas. La matrícula universitaria total ronda los 400.000 estudiantes, con unas 300.000 personas en universidades privadas y alrededor de 100.000 en las públicas (MEC 2024). La formación médica replicó esta dinámica: actualmente, 25 universidades —5 públicas y 20 privadas— ofrecen 42 carreras de Medicina habilitadas por el Consejo Nacional de Educación Superior (Cones). La magnitud de esta expansión generó oportunidades inéditas de acceso, pero también desafíos regulatorios y una creciente presión para garantizar la calidad.
En 2019 la ANEAES informó que de las 37 carreras existentes, solo 24 estaban acreditadas o en proceso de evaluación. La brecha entre habilitación y evaluación ponía en evidencia la necesidad de fortalecer capacidades institucionales, tanto en la agencia como en las propias universidades. A esa situación se sumó la pandemia del 2020, que alteró drásticamente el funcionamiento de los campos de práctica, las dinámicas pedagógicas y los mecanismos de aseguramiento de calidad. Fue en ese contexto que se constituyó la Ufamep, con el propósito de generar un espacio de articulación técnica entre las facultades privadas de Medicina, compartir buenas prácticas y acompañar procesos de adecuación académica en un momento de enorme presión institucional.
Estos esfuerzos llegaron a resultados concretos. El 20 de noviembre de 2025, la ANEAES informó un hecho histórico: el 100% de las carreras de Medicina existentes en Paraguay se evaluaron o están formalmente inscritas para hacerlo. La cifra, desagregada, refleja el alcance del cambio: 22 carreras han alcanzado la acreditación, 12 están en evaluación en 2025, 6 se encuentran inscritas para evaluarse en 2026 y solo 2 quedan pendientes, ambas habilitadas recientemente en 2024 y sin la antigüedad necesaria para ingresar al ciclo de evaluación diagnóstica. En términos institucionales, esto significa que la brecha histórica entre habilitación y evaluación ha sido prácticamente eliminada.
Las implicancias de este avance son profundas. La acreditación y la evaluación externa no son meros trámites administrativos; constituyen herramientas esenciales para orientar la calidad de la formación y para que los futuros médicos desarrollen competencias clínicas sólidas, prácticas seguras y un enfoque centrado en el paciente. Al someterse a estos procesos, las carreras revisan su currículum, fortalecen sus campos de práctica, profesionalizan su cuerpo docente, incorporan investigación y extensión de manera más efectiva, procesan los resultados de aprendizaje y la trayectoria de los egresados, y alinean mejor la formación con las necesidades epidemiológicas y sociales del país. Al fortalecer progresivamente estos ejes, el sistema de educación médica no solo incrementa el número de programas evaluados, sino que también genera un efecto público fundamental: aumenta la confianza de la ciudadanía en el título de Medicina y en la capacidad del sistema educativo paraguayo para formar profesionales competentes.
Desde la Ufamep reafirmamos nuestro compromiso con este proceso. Continuaremos acompañando técnicamente a nuestras universidades, fortaleciendo una cultura de evaluación permanente y colaborando con las instancias reguladoras para asegurar que el sistema siga avanzando hacia mayores niveles de calidad y transparencia. El país aún tiene un amplio margen para proyectarse como referente regional en formación médica. Que todas las carreras hayan decidido someterse a evaluación es una señal de madurez institucional y de confianza en un camino que ya no tiene vuelta atrás.