El Paraguay se encuentra transitando uno de los mejores momentos en su desarrollo económico en la historia, sin desconocer que siempre hay muchos, muchísimos aspectos por mejorar, que son para los espíritus emprendedores e innovadores, nichos de oportunidad. Es importante, por tanto, echar una luz al escenario donde se sitúa el Paraguay de hoy. Por mucho tiempo, fuimos el país más pobre y menos desarrollado en América del Sur, pero eso está cambiando, ya que el país no para de crecer y, si la élite política y económica paraguaya mantiene el rumbo correcto, seguirá creciendo. Todo dependerá de las decisiones que se vayan tomando.
¿A qué me refiero cuando menciono una “guerra total”? Pues mi respuesta es en la que estamos inmersos y luchando, ayer, hoy y mañana. Pensarán algunos a cuál guerra se refiere, pues por estos lares no suenan disparos ni explosiones. No obstante, hay una guerra en curso y, en ella, se está definiendo la propia existencia del país y es necesario tomar conciencia de ella, qué es esta guerra, de cuáles son sus características, de cómo nos impacta. No es una guerra total al estilo napoleónico en la que cada hombre, mujer y niño debían tomar las armas y morir por la patria, como lo hicieron nuestros ancestros en la Guerra de la Triple Alianza o la del Chaco.
Esta guerra es diferente, pues no hay soldados, sino diplomáticos, ejecutivos y negociadores. No hay uniformes, sino etiqueta y protocolo; las armas no son los fusiles, sino las lapiceras. La lucha no es por conquistar terreno, sino que ocurre en la mesa de negociaciones y es allí, donde se gana o se pierde. Es allí donde se decide, con cada acuerdo, tratado, contrato o negocio sellado con las firmas correspondientes, el destino de los países.
Zbigniew Brzezinski habló del gran tablero mundial, igualando a la comunidad de países con un tablero de ajedrez, donde las potencias asumen el rol de reyes, reinas o torres, mientras los países pobres asumen el papel de peones, razón por la cual sufren, en la vida real, el destino de los peones. Son sacrificados, en aras y beneficio del rey, ergo, de los países considerados como potencias, globales o regionales. Y el Paraguay, hoy, está a la altura de un peón. Si nuestros políticos, diplomáticos o negociadores no están a la altura de esta lucha por la existencia, si no toman conciencia de lo que está en juego, si son superados por desconocimiento o comprados por el espejismo del oro fácil, pondrán su firma en la mesa de negociaciones y perderemos las batallas en esta guerra total.
Cada batalla pérdida es un acuerdo, negocio o contrato perdido por el país, mientras la ganancia va para otro. Todos los países luchan a muerte para asegurar sus recursos, sus ganancias y su futuro, en una lucha global, pues el mundo se encuentra globalizado e hiperconectado, donde también surgen otros actores, como las grandes multinacionales, las tecnológicas o los fondos de inversión globales.
Y en esta guerra total, estamos solos. Nadie vendrá en nuestra ayuda. Somos los paraguayos quienes debemos asumir nuestro papel en esta nueva forma de guerra total. Será un guerra silenciosa e invisible, pero no por ello menos violenta y letal. Es aquí donde juegan un papel determinante nuestras élites, sean políticas, económicas, culturales o sociales, pues ellas son quienes transitan los pasillos y oficinas donde se libran los peores combates. Son ellas quienes deben asumir con rotunda firmeza la conducción nacional, en el campo de su competencia y portar nuestros estandartes con honestidad, sacrificio y supremo patriotismo. Esperemos que estén a la altura.