Opinión

Héroes anónimos

Elías Honzi Por Elías Honzi

Las guerras, los momentos de dificultad como las pestes, las catástrofes o las grandes hazañas, tienden a crear héroes que se destacan sobre el resto. La gran mayoría de los héroes que conocemos a través de los libros se han destacado en las páginas más tristes de nuestra historia.

Hoy se recuerda ese día en honor al Mariscal Francisco Solano López, que murió un 1 de marzo, defendiendo al Paraguay en esa injusta y cruel Guerra de la Triple Alianza.

El Mariscal cayó muerto por las tropas aliadas en la Batalla de Cerro Corá y, años después, esta fecha quedó como un memorial para rendir homenaje a los que conquistaron nuestra soberanía y la defendieron.

Ellos hoy gozan de estar en el altar en que son venerados, tal vez con justicia, por habernos defendido de la muerte inminente.

Los héroes oficiales despiertan, en muchas personas, un sentimiento patriótico, muchas veces exacerbado que raya el patrioterismo.

Son los actores principales de nuestros libros de historia, pero detrás de ellos hay una multitud de hombres y mujeres valientes olvidados por el imaginario colectivo.

A lo largo de su historia, Paraguay padeció otras guerras con países hermanos; hubo revueltas en que paraguayos se mataron entre sí; jóvenes fueron ejecutados en una plaza por defender la democracia…

Estos años que vivimos serán recordados en el futuro por el advenimiento de la pandemia del coronavirus, que con su ola de muertes y dolor, dejó devastado al país.

En esta “guerra”, que parece que poco a poco va llegando a su fin, también se necesitó la entrada en acción de hombres y mujeres con principios que el día de mañana tendrán que ser recordados como héroes.

En esos días que andábamos sin brújula y llenos de incertidumbre, hubo uno que se animó a tatuarse el rostro de un ministro, al que atribuyó el mérito de comandar esta gesta contra la terrible enfermedad. El escenario estaba preparado y parecía que estábamos ante el sucesor del Mariscal.

De no ser por esos vergonzosos escándalos de corrupción, hoy su cara estaría estampada en remeras, que serían las más vendidas en la calle Palma, o en las inmediaciones de los estadios de fútbol, junto a las banderas paraguayas y, ese ministro, tal vez, tendría una multitud de fieles, e incluso ya estaríamos viendo su rostro, no solo en tatuajes, sino en afiches electorales.

Cuántos opinólogos salieron a hablar en los horarios centrales de la televisión y en la portada de los otros medios, tantas veces sin tener idea de lo que dicen. Fueron muchos los que acudieron a este casting, queriendo ocupar el papel principal: El papel de héroe.

Y a la cita no podían faltar los políticos histriónicos, buscando sacar réditos de esta época aciaga.

Pero, por más experto que sea en el arte de engañar, ningún político podrá venir a decirnos, en sus campañas electorales, que fueron ellos los titanes que nos ayudaron a atravesar estos dos años y pico de pandemia.

Cuando los llamados líderes se escondían en sus oficinas, héroes anónimos pusieron el pecho para que aquello no se convierta en una tragedia mayor.

Qué hubiera sido de nosotros sin esas señoras de rostros desconocidos que juntaron sus ollas y sus manos prodigiosas para dar de comer a tanta gente que se quedó sin nada y que fue abandonada por el Gobierno.

Qué habría pasado de esas familias sin esos vecinos, sin capa ni superpoderes, que organizaron polladas, rifas y otros eventos solidarios para pagar los costosos tratamientos.

Qué hubiera sido de nosotros sin esas personas que se arriesgaron para limpiar los hospitales; de las enfermeras que cuidaron a nuestros seres queridos y también de esos médicos y médicas con vocación de servicio.

Fueron una multitud incontable y anónima. A lo mejor, vos que estás leyendo estas líneas, fuiste una de estas personas; mis respetos y felicitaciones en tu día.

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