Opinión

Eventos realmente posibles

Lida Duarte Por Lida Duarte

Es difícil llegar al final de “No miren arriba” sin asociar a los debates sobre el cambio climático, un fenómeno que ya está presente y que requiere de medidas colectivas urgentes en medio de una sociedad todavía distraída (adrede) con temas que no suman en esta lucha.

La sátira empieza con el descubrimiento de un cometa que impactará contra la tierra, un evento que significó el fin del mundo por omisión y acción humana, pero con un plan b para un grupo privilegiado. Fuera de la ficción, el fin de nuestro ecosistema, tal como lo conocemos ahora, también está en juego y prueba de ello son las sequías, inundaciones y otros fenómenos climáticos que se van agravando con el tiempo y en simultáneo con la explotación y descuido de los recursos naturales.

El cuidado del ambiente difícilmente es un tema de conversación en los almuerzos con amigos y familiares, de hecho es muy probable que en casi todos los espacios de relaciones sociales los esfuerzos individuales que apuntan a una menor contaminación terminen en burlas como las dirigidas a Kate Dibiasky, quien gritaba una y otra vez una verdad desesperada. En el mejor de los casos vemos indiferencias, las mismas que día a día nos empujan a mirar hacia abajo cuando chocamos en la calle con realidades que nos parecen ajenas, y que sin embargo son percepciones influenciadas por el individualismo que promueve el sistema socioeconómico en el que nos desenvolvemos.

Estos comportamientos no se presentan per se, sino que son alimentados por el entorno y especialmente por los medios hegemónicos, que en el caso local, omiten un análisis profundo sobre cuestiones medioambientales, a excepción de casos aislados. Una realidad que también se ve ejemplificada en la producción estrenada recientemente.

Así como en la película los negacionistas no pudieron sostener su posición ante las innegables evidencias científicas, en el mundo real también va disminuyendo la duda sobre el cambio climático, aunque persiste la discusión acerca de la responsabilidad del ser humano y sobre las acciones que aún se pueden adoptar. Unos sostienen que se trata de un fenómeno cíclico y que solo resta aguardar una normalización, otros defienden la idea de que debemos tomar medidas para adaptarnos a los cambios, mientras que un tercer grupo habla además de mitigación.

En el documental “Antes que sea tarde” también protagonizado por Leonardo DiCaprio, los científicos hablan del impacto del cambio climático. Uno menciona que aún se pueden adoptar políticas para tratar de frenar el avance de sus efectos, mientras que otro es más optimista y sostiene que incluso podemos revertir gradualmente la situación. Ambos coinciden en las medidas que deben establecer los países para lograrlo, especialmente acerca de la urgente reducción de los gases de efecto invernadero, de la deforestación y uso de combustible fósil, entre otros.

El golpe para la humanidad es inminente, pero como explican los organismos internacionales que abordan la problemática e intentan acordar acciones conjuntas entre las naciones, el efecto no es el mismo para toda la población. La desigualdad desnuda la vulnerabilidad de un gran sector a los cambios de clima tanto en el área urbana como rural.

En la ciudad la población más empobrecida desafía constantemente a las temperaturas extremas, pues desarrolla sus actividades laborales en la intemperie, así también en épocas de inundaciones recibe el primer impacto, principalmente las familias asentadas cerca del Río Paraguay.

En el área rural, la agricultura familiar campesina tiene menos capacidad económica para hacer frente a la pérdida de sus cultivos de autoconsumo y de renta. Como tampoco cuentan con seguro agrícola, quedan con deudas y sin posibilidad de invertir en el próximo ciclo agrícola.

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