El engaño, el timo o el aprovecharse del otro constituye un delito, pero por sobre todo es una gran traición a la confianza. El estafador es condenado por su comportamiento porque abusó de su condición prometiendo algo que no cumplió y por el que recibió en el caso de un administrador del Estado un mandato popular. Cuando eso tiene que ver con la educación es un acto de alta traición a la patria. El ministro de Educación, Luis Ramírez, no dudó en asumir en la semana con la frase: “Les estamos estafando a los jóvenes”, una admisión de culpa que debiera haber traído una reacción masiva. Si estuviéramos en Chile, tumbaba un Gobierno. Por una cuestión menor, le hicieron un paro a la presidente Bachelet y entre los líderes de los manifestantes estaba Gabriel Boric quien años después sería presidente de su país. Claro, hablamos de una nación que cuando tuvo un problema político no dudó en convocar a un venezolano universal como Andrés Bello para que resuelva lo que estaba mal en educación y en justicia. Aquí luego de haber reconocido la estafa nada pasó. Nadie se levantó a condenar la afirmación y demostrar que el secretario de Estado exageró. Los padres no pegaron el grito en el cielo ni tampoco los jóvenes afectados directamente dejaron TikTok para reflexionar sobre el impacto de la estafa en sus vidas actuales o futuras.
A tres años de este Gobierno, su gran proyecto educativo ha sido el programa: Hambre Cero que sirve un plato de comida en 180 días de clases, pero que se interrumpe cuando llueve, hay reunión sindical, es feriado y, por supuesto, los sábados, domingos y los varios meses de vacaciones. No se puede decir que alguien hambriento deja de tener hambre en esas condiciones. En todo caso, es un pequeño aporte de 7 mil guaraníes (que es lo que cuesta el plato) a una familia por esa cantidad de días. Pero claramente es una estafa decir que están sacando del hambre a un alumno con esa cantidad de comida, con esas calorías y por ese tiempo. Se aprovechan de la ignorancia que desde hace más de 70 años padecemos. El general colorado Stroessner invirtió 1% del PIB en educación y esta destartalada democracia no alcanza 3,5% cuando la Unesco pide 7% para comenzar.
No en balde todavía el Gobierno paga un plus por cada empleado público que trae un título para ejercer una labor. Es un mecanismo clientelar que sirve para aumentar los salarios y lejos de lo que la Constitución dice con respecto al ejercicio de la función con idoneidad. Se supone que todos aquellos que ingresan a ejercer un cargo deben ser idóneos lo que supone que tienen títulos habilitantes para el ejercicio de la tarea. No, hoy más de 100 mil empleados públicos no tienen títulos habilitantes o los que tienen son de carácter falso, como de Hernán Rivas y otros. Ya que Leite quiere echar a 100 mil colorados por inútiles, bien el Gobierno pudiera acometer la tarea de controlar todos los títulos del sector público y deshacerse de aquellos que los inventaron para estar en una función determinada. De paso, les pide que devuelvan los miles de millones de guaraníes que recibieron por tener títulos falsos o inventados y se deshacen de ellos porque estafaron la confianza ciudadana y violaron las normativas. No nos costará nada a los contribuyentes y habremos recuperado millones pagados en el rubro de títulos. No costaría mucho si no estuviéramos llenos de estafadores seriales como los de la mafia de los pagarés que recibieron condenas de 2 años canjeables por 20 millones de guaraníes destinados una institución filantrópica. Desastre.
Ahora son más los estafadores, pero sería buena idea iniciar la tarea para construir un verdadero Estado. Donde los títulos sean entregados luego de haber cursado los estudios, admitidos por la autoridad educativa y sean parte de un concurso de méritos. Los estafadores dejarían de reírse de nosotros y el ministro de Educación pondría su cargo a disposición porque se incriminó a sí mismo con el reconocimiento de ser parte de la estafa. Se cumplen tres años de ser estafados por los economistas gobernantes que nos mintieron sobre el estado de nuestras deudas y la situación de la Caja Fiscal.
Hay muchos jóvenes estafados en educación y lo seguirán siendo, simulando algo que no son, en un país que corre el riesgo de desaparecer entre la pillería, la corrupción y las estafas.