04 may. 2026

Esperan que se valore más a tejedoras del poncho para’i

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Arte. Al realizar su tesis de profesora de danza basada, pudo conocer el sino de las tejedoras.

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Elaborar un poncho para’i, o poncho de 60 listas, demanda mucho esfuerzo y tiempo para las pocas tejedoras que conservan este arte. Ahora que fue declarado como Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco, una bailarina de Itapúa –que defendió su tesis para graduarse de profesora elemental de danza– espera que esta manta típica sea valorada también en el país. Es que se elabora con una técnica artesanal que está en peligro de extinción, incluso, dada su casi nula rentabilidad.

Natasha Gabriela Reckziegel Griebeler, oriunda del distrito de Obligado (Itapúa), defendió hace dos años su tesis de profesora elemental de danza basada en el poncho para’i de 60 listas.

Tras conocer la noticia de que la Unesco declaró a este traje típico como Patrimonio Cultural Inmaterial, se mostró muy feliz y contenta. Dijo sentirse orgullosa de haber elegido ese tema para graduarse como profesora porque es una identidad nacional que los jóvenes deben conocer y promocionar más.

“Este reconocimiento marca un trascendental paso hacia la protección y preservación de la rica cultura guaraní. Y para mí tiene un significado muy grande porque es un tema que investigué mucho yendo varias veces a reunirme con las tejedoras del poncho; lo que me hizo sentir como una joven paraguaya que ama nuestras identidades”, afirmó.

Para elaborar su tesis, Natasha viajó en varias ocasiones a Piribebuy, Cordillera, distante a 73 km de Asunción y a 410 km de Obligado. En esa localidad, existen 13 mujeres artesanas que aún siguen confeccionando el tradicional poncho, totalmente a mano.

La bailarina contó que vio cómo las artesanas iban colocando uno a uno los hilos peruanos en el telar para la elaboración del poncho de 60 listas o poncho para’i.

Este poncho se elabora solo en Piribebuy, donde en otra época había mayor cantidad de personas que se dedicaban al rubro. Por la casi nula rentabilidad y el gran trabajo que lleva, hoy pocas mujeres siguen dedicándose al poncho.

“Es más bien por amor al arte que seguimos elaborando porque lleva mucho trabajo y su precio en el mercado no compensa”, dijo Rosa Segovia, embajadora del poncho en el país y principal promotora de las gestiones ante la Unesco.

El poncho para’i de 60 listas recibió su nombre en memoria de los 60 soldados paraguayos que durante la Guerra de la Triple Alianza fueron asesinados y enterrados en una fosa común con ponchos blanco y negro en Piribebuy, en donde hoy se mantiene un oratorio en honor a ellos. “Estoy muy contenta por esta declaración sobre todo porque sabía que doña Rosa y las demás tejedoras desde hace años venían gestionando y soñando con esta declaración, que ahora se dio y debe motivar a los jóvenes a valorar y reconocer las cosas que nos identifican como paraguayos”, compartió.

Doña Rosa explicó que para confeccionar el tejido de este poncho se requiere del trabajo de por lo menos cuatro mujeres y al menos una semana de trabajo intenso.

“Lastimosamente, el precio que nos pagan es de G. 2.800.000, suma que dividida entre cuatro nos alcanza a G. 700.000 a cada una. Es muy poco, por el tiempo de trabajo, la paciencia y el empeño que lleva“, sostuvo Doña Rosa en contacto desde Botsuana, donde integra la delegación paraguaya que participa de la decimoctava reunión del Comité Intergubernamental para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial.

La Unesco tomó dicha decisión en la 18ª reunión del Comité Intergubernamental para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, celebrado hasta ayer en Kasane, al norte de Botsuana (África).

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