22 mar. 2026

“Escuchar para prevenir”: Cómo CDE afronta crisis emocional en escuelas

En un contexto social cada vez más desafiante, donde la violencia, el estrés y las adicciones se manifiestan a edades cada vez más tempranas, en Ciudad del Este llevan a cabo intervenciones más directas en las aulas de la mano de profesionales de la salud mental.

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Las escuelas asumen un rol social ampliado, aparte del aprendizaje, en un contexto de familias disfuncionales.

Gentileza

Profesionales de Salud recorren escuelas y colegios de Ciudad del Este, a instancias de la Secretaria de Prevención Adicciones de la Comuna local, impartiendo charlas preventivas para abordar un drama silencioso: El deterioro de la salud mental de niños, niñas y adolescentes.

A través de la Secretaría de Salud Mental, a cargo de la Lic. Luz Villalba, se desarrolla un programa de charlas y dinámicas psicoeducativas en diversas instituciones educativas del municipio. Todo apunta a prevenir trastornos emocionales, fomentar la expresión de sentimientos y fortalecer los vínculos entre los estudiantes, sus familias y la comunidad educativa.

Estas actividades, que se realizan en conjunto con la Secretaría de Prevención de Adicciones, tienden a fomentar conciencia desde la infancia y adolescencia sobre la importancia del equilibrio emocional, la empatía y el autocuidado. Lejos de ser una campaña aislada, se trata de una intervención profunda y sostenida que responde a un fenómeno creciente: El deterioro de la salud mental de los escolares.

“Estamos encontrando niños con altos niveles de ansiedad, adolescentes con cuadros depresivos, e incluso casos de ideación suicida. La raíz de muchos de estos problemas está en el entorno familiar: Violencia doméstica, abandono o falta de comunicación en el hogar. Lo emocional está desbordando a nuestros jóvenes, y si no los ayudamos a canalizar lo que sienten, se traduce en agresión, adicciones o aislamiento”, advirtió Villalba.

Vulnerables

La necesidad de estas iniciativas se hace aún más evidente en comunidades vulnerables, donde el acceso a atención psicológica es limitado y los espacios seguros para hablar de emociones prácticamente no existen. Las escuelas, en este sentido, se convierten en el primer y a veces único lugar donde un niño puede recibir apoyo emocional o ser atendido a tiempo.

Durante las charlas, se desarrollan ejercicios prácticos y actividades participativas, como la escritura de cartas anónimas en las que los estudiantes expresan sus temores, deseos o frustraciones. “Leen cosas como ‘quisiera que mis padres dejen de pelear’, o ‘me duele que me llamen gordo en la escuela’. Es un termómetro emocional que nos muestra lo que llevan por dentro”, relató la psicóloga.

Además del aspecto emocional, el programa pone énfasis en la prevención del uso problemático de la tecnología, especialmente el uso desmedido de redes sociales. Plataformas como TikTok se han convertido en canales donde los jóvenes replican desafíos virales peligrosos que promueven la violencia o el daño físico. “No podemos normalizar que un niño de 8 años tenga libre acceso a un celular sin supervisión. La tecnología mal utilizada está dañando profundamente la capacidad de concentración, la autoestima y la estabilidad emocional de nuestros chicos”, afirmó.

Comunicación

La comunicación entre padres e hijos, otro eje fundamental del programa, es constantemente resaltada. La falta de tiempo y el cansancio laboral muchas veces desconectan a los adultos de la realidad emocional de sus hijos. “No se trata de estar todo el día con ellos, sino de tener al menos unos minutos de calidad donde se hable, se escuche y se abrace. Eso puede marcar la diferencia entre un niño equilibrado y uno que se siente solo y frustrado”, señaló Villalba.

En este contexto, las escuelas asumen un rol social ampliado, no solo como espacios de aprendizaje académico, sino como verdaderos centros de contención emocional. El apoyo de docentes y directivos ha sido clave para la implementación del programa, y se espera que con el tiempo estas acciones preventivas puedan incluir también talleres para padres, capacitaciones docentes y seguimiento psicológico en casos detectados. Con esta iniciativa, en Ciudad del Este se está luchando contra una crisis silenciosa que afecta a miles de niños y adolescentes.

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