Estas siglas hace un tiempo referenciaban a un grupo armado que con secuestros, robos y atentados reivindicaban una idea de cambio violento en una sociedad injusta. No pasó mucho tiempo para que se demostrara que no eran más que unos pillos y delincuentes que coaligados con otros iguales buscaban alzarse con el negocio de la delincuencia. En un país donde la impunidad paga tan bien no era inusual que estuvieran envueltos con malhechores del sector público que tendrían que perseguirlos. El secuestro de María Edith Bordón de Debernardi fue quizás la pérdida de la inocencia popular con respecto al llamado Ejército del Pueblo Paraguayo que pasó a convertir al país en un ejército del pueblo de palurdos. Su conversión ha sido tan eficaz que en el país de los varios mitos ha pasado a ser funcional para explicar cualquier cosa.
El ataque a una repartición policial de Naranjito en el abandonado Departamento de Canindeyú donde mataron a tres y quemaron patrulleras y comisaría incluida es una muestra más que eso de “inteligencia policial” no es más que un ejemplo perfecto de oxímoron. No se puede ser inteligente y policía, al mismo tiempo, y la realidad lo explica por sí sola. Suerte que tienen a Riera de ministro cuando se trata de explicar cantinflescamente algo es mandado a hacer. Primero dijo que el crimen organizado había alcanzado las alturas del poder para después contarnos que se roban 6 millones de dólares diarios del Estado. En el modelo del retornado y costoso ex embajador paraguayo en los EEUU ellos se encargan de pintarse el rostro de opositor o cuestionador, por lo menos, para buscar que los palurdos o los tontos crean que están del lado de ellos. No. Ellos están del lado de los que ellos mismos critican. De los que roban, de los que no hacen lo que deben y por lo tanto del crimen organizado que denuncian se encuentra con ellos en las alturas del poder. El ejército del pueblo de palurdos no puede continuar creyendo en estas movidas que pretenden hacernos creer que el movimiento político en el poder es Gobierno y oposición al mismo tiempo o que un ajuste de cuentas entre narcotraficantes sea espetado al póra del Norte. ¡Vamos! No crean que este pueblo es tonto aunque ustedes todavía se reían de sus recursos retóricos exhibidos impúdicamente.
La quiebra del Estado es más que evidente. Solo falta mirar la condición de nuestras escuelas, colegios o comisarías. Abandonados y en decadencia. Con miles de millones de dólares acumulados por supuesta entrega de medicamentos que no sabemos si en realidad se licitaron, entregaron y distribuyeron o hacen parte de un monumental fraude que requiere ser investigado y castigado. Ninguna empresa de las proveedoras del Estado se encuentra en quiebra con ese volumen tan grande que hace parte de la deuda que supera los mil millones de dólares. ¿A cuántos habrá enriquecido en su camino? ¿A cuantos habrá matado su carencia? El ejército del pueblo de palurdos (EPP) sigue aportando su cuota de números trágicos a una historia tan repetida que hasta Leite trata de ladrón o de inútil a sus compañeros de Gobierno y nos quiere convencer de que él está del lado nuestro. Dice que se pueden ahorrar 400 millones de dólares y destinarlos a salud cuando su presencia de embajador por 11 meses nos costó más de 340 mil dólares para ponerse la gorrita de Maga junto a Donald Trump. El ejército del pueblo de palurdos (EPP) debe despertar. Están queriendo solidarizarse con él cuando, en realidad, el robo, la caradurez, la insolencia y la osadía de las apariencias nos hunden como país. En el grupo de este Gobierno nadie piensa en el bien común porque si fuera así no se atreverían a usar los mismos pretextos de siempre para intentar justificar su incompetencia e inutilidad. No se coman los amagues y sepan con claridad del lado de quiénes están los que inventan fantasmas y mitos para sostener el robo, la impunidad y la corrupción.