Paraguay se encuentra en la cresta ascendente del desarrollo, que se sustenta en disponer de mucha energía a bajo costo. Esta situación trae su propio dilema, ya que el tan acelerado crecimiento económico paraguayo está consumiendo aceleradamente los márgenes excedentes de energía disponible y los expertos del área energética nacional manifestaron, con mucha fuerza, urgencia y por diversos medios, que, si no se diversifica y amplía la matriz energética nacional para el 2030 agotaremos nuestros excedentes e ingresaremos al invierno energético. Término elegante que esconde una futura tragedia, que será el parón productivo del país y la imposibilidad de un mayor crecimiento ante la inexistencia de nuevas fuentes de energía en el país y menos aún en nuestros países vecinos. Brasil compra toda la energía que puede, Argentina sufre carencias crónicas y Bolivia no tiene excedentes.
La matriz energética nacional se sustenta en nuestras tres represas hidroeléctricas, que producen hoy inmensa cantidad de energía que, hoy, excede sobradamente al consumo nacional y la vendemos a nuestros vecinos, razón por la cual somos el mayor exportador de energía limpia del mundo. Para el 2030 eso va a terminar abruptamente. No porque seamos incapaces y faltos de ingenio, sino todo lo contrario; es tan acelerado el crecimiento económico y el desarrollo paraguayos, que el consumo interno va a absorber todo el excedente actual y no habrá más. Habrá carestía energética, ya que la industria, el comercio y el consumo urbano competirán entre sí, subiría el precio interno de la energía, podría haber cortes horarios, racionamientos, etc. Solo hay que mirar a Cuba para saber lo que ocurre cuando una sociedad no dispone de energía. Para el 2030 Paraguay tendrá unas inmensas ganas de continuar creciendo, pero también una inmensa hambre de energía, la cual no estará disponible, no habrá. Si ya tomamos conciencia de lo que viene, las decisiones se deben tomar ahora, pues el tiempo corre inexorablemente y a cada minuto que se pierde, la urgencia irá en aumento.
Diversificar la matriz energética nacional es urgente y se han presentado ante la prensa y la sociedad, diversos planes y mecanismos de generación de energía, tales como granjas solares y proyectos de micro represas hidráulicas. La escala de esas medidas, sin embargo, no será suficiente para atender la demanda proyectada para la década del 2030 y 2040. Surgen entonces la posibilidad de encarar otros proyectos, tales como relanzar junto al gobierno argentino el proyecto de la hidroeléctrica Corpus, que en su momento fue detenido por cuestiones ambientales y políticas, pero que al día de hoy traerá inmensas ventajas. Exigirá superar el freno del temor de repetir los errores cometidos con Itaipú y Yacyretá; la sociedad paraguaya ha madurado y será muy difícil que permita y tolere que las autoridades de turno los repitan.
Otra posibilidad es asumir la necesidad de la energía nuclear, la cual requerirá e implica cambiar la mentalidad de la élite paraguaya, la cual debe superar su mendacidad, su egoísmo de pueblo chico y mirada corta. Ingresar al plano nuclear exige madurez política, económica, científica y tecnológica; y el Paraguay está alcanzado un grado de madurez y desarrollo que permite ambicionar el abandono de la mentalidad del atraso, del “no podemos luego”, de la incapacidad supina de proyectarnos y crecer al futuro. Paraguay está dejando para atrás la aldea y busca integrarse a los países desarrollados. No debemos ser nosotros mismos quienes ponemos palos a la rueda.
“Paraguay tendrá unas inmensas ganas de continuar creciendo, pero también una inmensa hambre de energía”.