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Entre mezclas y ladrillos: Mujeres a la conquista de nuevos espacios

En un rubro habituado a manos y rostros masculinos, ellas procuran abrirse paso para demostrar que son capaces y tienen la fuerza para dedicarse a nuevos oficios. Motivadas por las ganas de aprender, por ratos dejan de lado sus tareas diarias para sumirse en la labor de la construcción.

Por Laura Cardozo | Audiovisual: Mathias Melgarejo

Un total de 21 mujeres de la ciudad de Mariano Roque Alonso completaron las 190 horas exigidas por el Sistema Nacional de Formación y Capacitación Laboral (Sinafocal) para egresar del curso de Maestro de Obra Civil.

Entre mezclas, ladrillos, martillos y hierros forjaron las bases de aquello que alguna vez solo formaba parte de un lejano sueño: levantar los muros de su propia casa.

"Me parece que en el país podemos aprovechar la habilidad de las mujeres, ese don que tienen ellas de ser más limpias y pulcras, para la construcción", comentó el ingeniero José María Díaz, encargado de impartir las clases.

Desarrollar proyectos, leer planos, calcular la cantidad de materiales, mano de obra y costo de la construcción son algunos de los conocimientos que estas mujeres ya manejan al dedillo. Pero aprender este oficio no termina con eso.

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A pesar del sol intenso o la copiosa lluvia de algunos días, se animaron a hacer la mezcla, a tirarla fuerte contra la pared y revocarla para que quede firme y no caiga sobre el suelo.

"Para mí, es una profesión noble y me gusta desde hace tiempo, prácticamente desde niña", relató Petrona Valdez de Leguizamón, de 50 años. Con la firme convicción de que ni un oficio es menos que otro, asistió a cada una de las clases en compañía de su hija Génesis.

"Muchas personas no creyeron que vendría a estudiar para ser albañil, se burlaban de lo que decía porque no me veían haciendo estas cosas", refirió por su parte la joven de 16 años.

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A pesar de que esta labor requiere de mucha fuerza, para ellas, no hay nada que un trabajo en equipo no pueda solucionar. El "hombro a hombro" se impuso en cada tarea que parecía complicarse, aliviando cualquier sobrecarga.

"Las tareas en la casa nunca terminan", dijo entre risas Francisca Insfrán, una mujer dedicada a la costurería que se alistó al desafío de la albañilería a los 53 años con el propósito de arreglar su vivienda.

Más allá de ver esto como una oportunidad de ahorrar en casa, todas coinciden en que no rechazarán una oferta laboral si se diera el caso, dado que la remuneración puede ser considerable.

Díaz señaló que, en promedio, la labor del albañil está valuada en G. 120.000 y G.150.000 por día, es decir, solo por mano de obra. Un maestro de obras, por su parte, puede percibir alrededor de G. 6 millones mensuales, según la cantidad de trabajo y la magnitud del proyecto.

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Abriendo caminos

Hace algunas décadas, los estereotipos ubicaban a las mujeres solo en la cocina y el hogar. Pero, poco a poco, fueron optando por romper el prejuicio, buscando no solo brindar un aporte para la economía doméstica, sino también procurando ganar un espacio y concretar su realización personal a través de un oficio o una profesión.

Raudamente, fueron abriéndose camino en el mundo laboral, aunque sin abandonar –en muchos casos– la maternidad y las tareas en sus casas. Y, a pesar de que aún en la actualidad corren con desventaja en lo refente a salarios y posiciones dentro de un organigrama, no bajan los brazos y perseveran para demostrar su valía.

En términos de ingresos, según los indicadores de empleo de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), el nivel promedio de ingreso mensual de las mujeres es de G.1.900.000, mientras que el de los hombres es de G. 2.608.000.

Cristiana Paniagua, coordinadora del curso de la Sinafocal, lamentó que la sociedad en general aún tenga un preconcepto muy arraigado que limita la capacidad de la mujer y relega a este oficio exclusivamente a los hombres.

"Fue muy emocionante ver el esmero que ponía cada una de ellas y la habilidad que tienen para aprender mucho más rápido", refirió.

¿Cómo se puede activar el curso?

Paniagua explicó que este curso puede ser activado en una comunicad que cuente con personería jurídica, es decir, a través de una comisión vecinal o de padres de algún colegio.

"El requisito principal es que la comunidad sea de recursos económicos limitados y que necesite ayuda del Estado para desarrollar cursos que permitan mejorar la calidad de vida", resaltó.

Detalló que los interesados deben realizar una nota dirigida a la Sinafocal solicitando los cursos de las áreas temáticas que deseen: cocina, construcción civil, soldadura, reparación de celulares, entre otros.

El Estado selecciona entre los solicitantes y el Instituto de Formación y Capacitación Laboral (IFCL), dependiente de la Sinafocal, se encarga de impartir los cursos.

Cada instituto designado se encarga de proveer los elementos necesarios, ya sea herramientas, insumos, maquinarias o refrigerio, que varía de acuerdo al horario (puede ser desayuno, almuerzo o cena).

Para la inscripción se requiere la presentación de la cédula de identidad y la firma de la planilla, sin abonar ninguna suma de dinero. La edad mínima es 15 años y se requiere autorización de los padres hasta los 18, a partir de la mayoría de edad el registro es solo con la firma del interesado.

En cuanto a la cantidad de personas, se debe contar con un mínimo de 15 inscriptos y un máximo de 25 para que los cursos puedan ser aprobados por la Sinafocal.


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