Los problemas de la salud pública de nuestro país afectan directamente a la ciudadanía, así como a los gremios de trabajadores del sector, a la economía y al desarrollo. Es precisamente por esto que no puede postergarse un sinceramiento sobre los problemas ni sobre la aplicación de medidas concretas que apunten a subsanarlos de cara al bien común.
Hay que partir de buenos diagnósticos para enfrentar una enfermedad. Haciendo una analogía con los problemas que afectan a la calidad del sistema de salud pública de nuestro país, se deben aplicar auditorías con informes concisos y precisos que permitan conocer el estado actual real, sin rodeos ni maquillajes absurdos, ya que los problemas están a la vista de la gente.
El orden es también esencial, ya que la burocracia está instalada con el fin de unificar procedimientos y permitir a los ciudadanos un desenvolvimiento adecuado y eficiente, es necesario revisar dichos procedimientos para rectificar errores.
No se puede cometer la insensatez de abultar aún más o dejar sin revisión dicha burocracia, ya que muchas veces está manipulada para apañar los comportamientos deshonestos, desidiosos, mediocres y para esconder un esquema de corrupción sistémica. La burocracia debe ser simple, efectiva y debe estar al servicio de todos los usuarios.
En cuanto a la transparencia institucional, es de sentido común que cuanto mejor se sepa lo ocurre, cómo, cuándo y con qué protagonistas, mejor se podrá controlar la gestión del cambio, pero a pesar de que la ley la promueve, es quizás la lucha más difícil de encarar para quienes pretendan enfrentar la desidia, la mediocridad y la corrupción. Aún así, el paso hacia la calidad y la eficiencia en la atención de salud requiere de transparencia.
Tanto los desafíos estructurales como los epidemiológicos son severos en salud pública en nuestro país, Las cinco urgencias principales incluyen: enfermedades no transmisibles (cardiovasculares y diabetes), brotes de arbovirosis (dengue), infecciones respiratorias graves, lesiones por accidentes de tránsito y van en aumento los trastornos de salud mental y adicciones. Estos dramas humanos requieren de una mirada personalista que tenga en cuenta todas las dimensiones en juego.
Según los datos estadísticos más destacados sobre el personal de blanco en Paraguay, hay un predominio de los profesionales de Enfermería (licenciados, técnicos y auxiliares), quienes representan cerca del 45,9% del plantel de salud, siendo el grupo más numeroso. Los médicos ocupan el segundo lugar con el 26,4%. Existe una alta concentración geográfica, ya que cerca del 60% del total de médicos del MSP se concentra en Asunción y el Departamento Central, generando una gran disparidad con las zonas rurales. Otro problema es la escasez en cuidados intensivos, ya que existen menos de 500 médicos terapistas (tanto para adultos como pediátricos) en todo el país, lo que representa una debilidad estructural grave. Además, la distribución por especialidades médicas no da abasto a las necesidades. De entre los médicos especialistas, la mayoría se dedica a la Pediatría, seguida por Ginecología y Medicina Interna, habiendo especialidades no cubiertas. Debido a la demanda del sistema, un alto porcentaje del personal cuenta con múltiples vínculos laborales (más de un contrato) para alcanzar sus ingresos, lo que impacta directamente en la salud mental y bienestar laboral de los profesionales de salud.
Los problemas de nuestro sistema de Salud Pública, como se saben, afectan directamente a los ciudadanos, así como a los trabajadores del sector, a la economía toda y a los planes de desarrollo. Es por eso que no puede postergarse un sinceramiento sobre los problemas y la aplicación de medidas concretas que apunten a subsanarlos de cara al bien común. Urge una evaluación del sistema y una revisión administrativa basada en transparencia, optimización de recursos y humanización.
Hay que atraer a la administración pública a personas íntegras, comprometidas con su profesión, con los pacientes y con el bienestar general. Es urgente una verdadera revolución de humanización en las relaciones que hacen al sistema, tanto de forma vertical como horizontal.
Todo esto requiere, por supuesto, una inversión y control eficiente del dinero de los impuestos ciudadanos. Parte del mismo debe ir a la categorización del personal de salud y a la ampliación y sostenimiento digno de los servicios.