02 may. 2026

Emergencia educativa

La educación es la “introducción a la totalidad de lo real”, decía el gran educador contemporáneo Luigi Giussani, hoy declarado Siervo de Dios. Este sacerdote milanés indicaba que el objetivo de aquella es formar el corazón y la libertad de la persona para que sea capaz de juzgar la realidad con criterios propios y en forma integral –sin dejar nada fuera– ayudándola a realizar toda su persona, respondiendo a las exigencias propias del corazón.

Por ello, dejaba en claro que educar es un riesgo –título de su libro– porque implica respetar la libertad del otro, y en ese sentido, enseñar a mirar la realidad en su totalidad, buscando el significado de la vida, es un desafío de cada día para los educadores. En este día en que se recuerda el Día del Maestro, vale retomar esta forma de vivir la educación.

Giussani entendía el corazón como ese “conjunto de exigencias y evidencias” que ontológicamente caracteriza al niño, joven, adulto, entre ellos, el amor (amar y ser amado), la justicia, la libertad, el deseo de verdad, y que, sin bien son exigencias valiosas y únicas, requieren de la educación para llegar a su plenitud.

“Educar quiere decir hacer que florezca la humanidad que nace en otro ser. Educar, por consiguiente, es un hecho de amor a lo humano”, añadirá en su libro Llevar la Esperanza, subrayando la motivación y vivencia del maestro en este proceso.

En estos tiempos de tanta confusión de valores y relativización de la verdad; de prácticas sociales deshumanizantes, donde lo irracional y absurdo se han normalizado y hasta legalizado, urge retomar estos conceptos y que van más allá de la necesaria transmisión de conocimiento y del saber técnico, para volver a prestar atención al rescate de lo humano, de toda la persona, incluyendo el error y la debilidad que ello involucra.

Y en este punto hay que mencionar la necesidad de los docentes de dejarse educar.

Nadie puede dar -aunque lo desee- lo que no tiene. Mirar al otro como un bien, aunque resulte irritante por momentos, no es automático sino fruto de un proceso de maduración y aprendizaje. Además, la educación pasa necesariamente por la transmisión de experiencias, de lo que uno es.

Es complicado transmitir esperanza sin vivirla o desearla, por lo menos; será difícil transmitir los criterios para comprender la realidad con todos los factores en juego, sin aprender a mirar la propia existencia con ternura y misericordia, abrazando también el propio mal; no se puede ayudar a encontrar el sentido de la vida, si ya no se cree en la verdad y su urgencia. Los jóvenes perciben la pasión del maestro y se nutren de ella. Y aquí solo hace falta el deseo para marcar la diferencia.

El maestro está llamado a buscar, investigar y dejarse cautivar continuamente por el asombro.

Por otro lado, es vital recuperar el valor de la familia en este proceso. Los niños y jóvenes necesitan de adultos a quienes mirar para crecer. Es un factor inevitable en la educación. No se puede saltar este puesto sin quedar en desventaja.

Es en este núcleo donde el niño y el joven aprenden la manera de introducirse en la realidad, mirarla, valorarla; descubrir su positividad o llenarla de oscura negatividad. Es el lugar donde el afecto, la comprensión y la seguridad se vuelven factores educativos.

El espacio en donde uno puede volver a empezar una y otra vez, sin perder la esperanza.

La violencia doméstica y en los distintos ámbitos de la sociedad; el desgano y vacío de muchos jóvenes guardan en el fondo una carencia educativa y afectiva que “grita” justicia a nuestra sociedad; es un reclamo para todos.

Porque la educación verdadera, a la postre, está llamada a ayudar a cada uno a descubrir su propio valor y la dignidad inviolable del semejante, pero también el significado de la vida, con toda su belleza y potencialidad.

Benedicto XVI y luego Francisco lanzaban al mundo, hace unos años, la llamada Emergencia Educativa, señalando de manera brillante la urgencia de tomar con absoluta seriedad este aspecto de la vida: la educación. En gran medida, la “humanización de la vida” depende de ella.

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