Erico Galeano es el preso 1.643. Ya está en la cárcel de Tacumbú, denominada hoy Centro Nacional de Prevenidos, tras la ratificación de su condena a 13 años de prisión por lavado de dinero y asociación criminal.
Cuando pasó su primera noche en una celda y pasó dificultades como cualquier preso, generó compasión y dolor en el senador Basilio Núñez. “Uno un día puede estar sesionando en el Congreso y, al otro día, por cuestiones que no corresponden, hacer o vincularse, puede estar preso”, dijo acongojado. Erico pidió ser enviado a la confortable cárcel militar Viñas Cué, pero no lo logró, a diferencia de Ñoño Núñez, hermano del presidente del Congreso, quien, a pesar de haber desvalijado la Gobernación de Villa Hayes, devorar los fondos públicos para niños, tuvo privilegios que otros ladrones no tienen. Hoy cumple arresto domiciliario esperando que su condena de 11 años de prisión prescriba gracias a los vericuetos judiciales.
Pero Erico tampoco va a una celda común, sino al pabellón adventista, una especie de paraíso religioso dentro del penal, donde la única penitencia es leer temprano la Biblia.
Erico es hoy como una lepra. Ya ni siquiera es hijo dilecto ni ciudadano ilustre de Capiatá, donde construyó su pequeño reinado. Retiran su nombre de cuanto letrero que notificaba su generoso aporte. Pero debe estar tranquilo. Aunque seguirá estando en el padrón colorado.
SACANDO PARTIDO
El cartismo encontró en el caso Erico un perfecto relato para engañar a incautos. Junto a Peña, otros salieron en coro a sentenciar que si una persona de alto voltaje del movimiento fue condenada es porque “la Justicia es independiente”.
Basta con mirar la mínima, por no decir casi inexistente, lista de corruptos privados de su libertad para concluir que lo dicho es una falacia oportunista.
En realidad, el objetivo fue otro
Peña aprovechó para lanzar el mensaje verdadero al Poder Judicial. Se quejó que “la vara no es la misma para todos” y que, así como un ex senador del Partido Colorado fue condenado, “vemos a intendentes, ex intendentes, autoridades de otros partidos políticos, donde la Justicia no es tan rigurosa con ellos y lo que necesitamos es que la vara sea la misma para todos”.
Bachi repitió el libreto
“Para los sectores que dicen que el Poder Judicial está manejado por el cartismo, ahí tienen otro ejemplo, mientras otros tienen 50 a 60 denuncias y se candidatan para presidente, otros están presos”, y que “debemos medir a todos con la misma vara”.
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La prolongada protección del Gobierno a Erico (y Hernán Rivas) ha sido escandalosa. Los sostuvieron por años. El presidente Peña incluso había puesto en duda la imputación de la Fiscalía contra Galeano cuando dijo que “las acusaciones no eran determinantes y que las evidencias no vinculaban”, al ex senador. Dos tribunales dijeron lo contrario y hoy está preso. Por eso, cuando se le pregunta sobre el caso, no celebra la valentía de la Justicia, evade la respuesta y huye de la prensa, pero utiliza su posición de poder para notificar objetivos. Su opinión no es mera opinión, sino incluso puede interpretarse como coerción.
La clave de este perverso sistema lo dio el ministro del Interior, Enrique Riera, quien intentó explicar el apoyo al delincuente político como precio para la gobernabilidad. Admitió que “si el presidente de la República hubiese tenido una actitud permanente de cuestionamiento a miembros por la conducta individual de algunos referentes de la Cámara no se hubiese podido hacer ni la mitad de lo que se hizo”.
Riera fundamentó el perverso trueque del vale todo. No en vano el país es el paraíso de la narcopolítica y la corrupción. Es un viejo sistema el negociado de votos en el Congreso a favor del Poder Ejecutivo. No es gratis el apoyo de los liberocartistas ni de ex payistas. Dos de estos últimos tuvieron que ser eyectados por la vergüenza que les causaba (Yamy Nal y Chaqueñito). Mantienen la lealtad de los otros a fuerza de prebendas: Cargos públicos, viviendas sociales, negocios con el Estado.
El tsunami de la corrupción aplasta todos los días la esperanza de la gente que no está vinculada al sistema de privilegios.
En época de elecciones vemos cómo precandidatos a intendentes, a concejales, aprehendidos por vínculos con el narcotráfico, al abigeato y asaltos varios. La mayoría responde al partido de gobierno, oficialistas y disidentes. La Cámara de Diputados cajoneó el pedido de intervención de siete municipios salpicados por corrupción. Un botón de muestra que exhibe que el problema no es de movimientos ni liderazgos, sino de un partido político controlado por la corrupción.
Por ello, el victimismo es una ofensa a la sociedad
Es una reveladora forma en la que demuestran su inconformidad con los fiscales y jueces valientes que metieron la cuña para agrietar el perverso sistema de protección e impunidad.
Es un grito de venganza. “Si se llevan a uno de nosotros, queremos a diez de ellos”.
- “El tsunami de la corrupción aplasta la esperanza de los que no están vinculada al sistema de privilegios”.