El partido de Paraguay versus Francia en la Copa Mundial, celebrado en Estados Unidos, se veía en Paraguay como una revancha a la derrota sufrida en 1998.
Mbappé merecía una sanción por su comportamiento antideportivo, incluso su imagen se deterioró. Le dijo una grosería muy fuerte a un jugador paraguayo y eso fue captado por las cámaras y no por el árbitro. El lenguaje ofensivo amerita una roja directa o, al menos, una sanción. Un jugador paraguayo fue expulsado por taparse la boca en un partido anterior. Todos fuimos testigos de las expresiones de desprecio antes, durante y después del partido por parte de él y de algunos franceses.
Es evidente que Mbappé y algunos franceses no se comportaron bien en el enfrentamiento contra Paraguay, pero su comportamiento antideportivo fue anulado totalmente por el uso de groserías racistas contra él de parte de Celeste Amarilla y así él pudo colocarse solamente como víctima, siendo que también fue victimario.
De victimario a víctima. Indudablemente Mbappé es muy buen estratega y se dio cuenta de que podría obtener una sanción por su comportamiento antideportivo y usó los exabruptos racistas de Celeste Amarilla para anular totalmente cualquier posibilidad de análisis de su propio comportamiento.
Por un lado, el trabajo psicológico sobre el rival y la frustración llevaron a Mbappé a utilizar expresiones, como “la merde”; cualquiera que tenga un poco de experiencia cosmopolita puede entender que significa esta palabra para referirse a otros, además de otras groserías. Otros jugadores usaron adjetivos, como “prehistórico” y “primitivo”, para referirse a un país en el cual casi todas las personas hablan un idioma indígena.
Por otro lado, Celeste Amarilla le quitó protagonismo a los verdaderos protagonistas y representantes del país en esta competencia mundial, la Selección Paraguaya (Albirroja), usando groserías racistas y haciendo de su pelea con Mbappé el centro de toda la atención. Usted, no fue protagonista, señora senadora, y cayó en el juego que propuso Mbappé al usar su agresión racista para anular el análisis sobre su propio mal comportamiento y con eso revitalizó su imagen y lo colocó como a una víctima en este show mediático con usted.
Reacción de los gobiernos. Tampoco los gobiernos reaccionaron de manera adecuada. Unos denunciando las groserías racistas de la senadora paraguaya, más para lavarse la cara ante sus crímenes históricos y sus acciones racistas actuales. En el caso paraguayo, su Gobierno solamente condenó la actuación de la senadora paraguaya, pero no el comportamiento de Mbappé y de otras personas que se refirieron al país de manera racista y despectiva también.
La enseñanza de este episodio es que el racismo no solamente es malo de por sí. Es torpe, tonto, bruto y no estratégico. El racismo nunca es bueno ni justificable. Por último, pero por eso no más importante, hay que evitar caer en las estrategias de manipuladores y de manipuladoras para no ser arrastrados a un espiral de violencia. Hay que parar la pelota antes de tomar partido en un espectáculo patético.
Este espectáculo nos mostró cómo el juego sucio, el odio y el racismo pueden ir más rápido que la pólvora y generar lo peor en nosotros mismos, en nuestras sociedades y en nuestras relaciones.