09 jun. 2026

El verdadero desafío no es construir un datacenter (Parte I)

La firma del Memorando de Entendimiento entre Paraguay y Taiwán para desarrollar una infraestructura soberana de inteligencia artificial ha despertado un entusiasmo comprensible. La propuesta promete insertar al país en una de las industrias que definirán la economía mundial durante las próximas décadas, y esa sola posibilidad merece atención. Sin embargo, antes de hablar de servidores, gigavatios y centros de procesamiento, conviene detenerse en una pregunta más incómoda: ¿qué hizo Taiwán para convertirse en una potencia tecnológica, y cuántas de esas condiciones existen hoy en Paraguay?

La pregunta no es retórica. Cuando las autoridades de la isla explican su ascenso tecnológico, rara vez empiezan por la infraestructura: hablan de educación, de la formación sostenida de ingenieros, de investigación aplicada, de parques tecnológicos y de instituciones capaces de ejecutar políticas que trascienden a un gobierno, en claro contraste con nuestro modelo, todavía anclado en la maquila. Hablan, en definitiva, de una visión nacional mantenida durante generaciones. Los centros de datos no fueron el punto de partida de esa historia, sino una de sus consecuencias. Paraguay, en cambio, parece tentado a comenzar por el último capítulo sin haber escrito los primeros.

Existe entre nosotros la creencia persistente de que la energía barata resolverá por sí sola el problema del desarrollo. La experiencia demuestra lo contrario. El país dispone desde hace décadas de una de las mayores disponibilidades energéticas de la región y, aun así, esa ventaja no bastó para crear una industria tecnológica nacional ni un ecosistema de innovación comparable al de los países líderes. La energía es una condición necesaria, pero nunca fue suficiente. Taiwán no se convirtió en referente mundial porque tuviera electricidad abundante, sino porque construyó talento, instituciones y capacidades tecnológicas propias.

A esa carencia se suma una contradicción que el memorando no resuelve. El documento asigna un papel central al Mitic, pero un país que aspira a administrar infraestructura de inteligencia artificial de escala regional debería primero demostrar solvencia en proyectos tecnológicos de menor complejidad. La construcción de centros de datos estatales, la ejecución de la Agenda Digital y el fortalecimiento de la infraestructura nacional han avanzado más lentamente de lo esperado. No es un reproche político, sino una cuestión de capacidad institucional: una apuesta de esta envergadura no se sostiene con buena voluntad diplomática, sino con organismos especializados, estabilidad técnica y una capacidad de ejecución comprobada.

El debate, además, ha quedado capturado por la energía y ha olvidado un cuello de botella igual de decisivo: la conectividad. La inteligencia artificial moderna depende tanto del ancho de banda como de la electricidad, y Paraguay arrastra limitaciones estructurales en su conexión internacional. No tenemos acceso directo a cables submarinos y dependemos de la infraestructura que atraviesa a los países vecinos, mientras la fibra óptica dentro de nuestras fronteras avanza con lentitud. Resulta paradójico aspirar a alojar uno de los mayores centros de procesamiento de América Latina cuando todavía cuesta garantizar conectividad de calidad en buena parte del territorio.

En la segunda entrega abordaré por qué la comparación con Itaipú es engañosa, quién usaría esa capacidad de procesamiento y qué riesgos geopolíticos y jurídicos encierra el proyecto.

  • “¿Qué hizo Taiwán para convertirse en una potencia tecnológica, y cuántas de esas condiciones existen hoy en Paraguay?”.
Secretario de la Sociedad Paraguaya de Inteligencia Artificial.
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