Augusto Roa Bastos, uno de los grandes narradores de la literatura en español del siglo XX, comparte con el doctor Artemio Bracho, impulsor del Día Internacional de la Amistad, una misma tierra de origen: Paraguay.
Cada 30 de julio, este país celebra la amistad, una fecha impulsada por Bracho, quien propuso reconocer este vínculo como una herramienta para la paz y la solidaridad. La iniciativa surgió el 20 de junio de 1958, durante una cena con amigos en Puerto Pinasco, Departamento de Presidente Hayes, cuando el médico propuso la idea de dedicarle un día a ese sentimiento que consideraba fundamental para la humanidad.
Tras 53 años de esfuerzos incansables, en 2011 se logró que la Asamblea General de las Naciones Unidas reconociera oficialmente el 30 de julio como el Día Internacional de la Amistad con el respaldo de 192 Estados miembros.
Roa Bastos y los vínculos en exilio
A lo largo de su vida, Roa Bastos construyó lazos de amistad y diálogo intelectual con muchos escritores de la región, algunos de ellos fueron Tomás Eloy Martínez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Juan José Saer, Ernesto Sabato, Carlos Fuentes, Juan Carlos Onetti y Mario Benedetti. “Admiraba a Borges. Eran vínculos construidos alrededor de la literatura, pero también de la defensa de la libertad, la democracia y la cultura latinoamericana”, comentó Mirta Roa, hija del escritor.
En una época marcada por los exilios, las dictaduras y los intercambios intelectuales latinoamericanos, los libros funcionaban también como puentes de amistad. Algunas dedicatorias conservadas por Roa Bastos permiten asomarse a esos vínculos.
En esta ocasión, recordamos a algunos referentes de la literatura latinoamericana que se conocieron y mantuvieron lazos mediante el exilio. Roa Bastos mantuvo vínculos literarios e intelectuales con varios autores, entre ellos, el paraguayo Gabriel Casaccia, los uruguayos Benedetti y Ángel Rama. Así también, con el peruano Vargas Llosa y el mexicano Fuentes.
Más que simples frases de cortesía, esas dedicatorias funcionan hoy como pequeños documentos de una época: testimonios de admiración, afecto y una comunidad literaria atravesada por el exilio. A continuación, palabras que algunos de los escritores le dedicaron a Roa entre 1964 y 1967 aproximadamente.
El escritor peruano le dedicó unas palabras en octubre de 1964. “Para Augusto Roa Bastos, con la admiración y el afecto de Mario Vargas Llosa”. Por su parte, Fuentes, en su libro Las buenas conciencias, dejó un testimonio cargado de complicidad literaria que cerraba con una expresión en latín: “Para Augusto, mi amistad, mi afecto y nuestro grito común: Delenda est tannenbaum!”.
Gabriel Casaccia, en Los exiliados, escribió en 1967: “A mi querido amigo y compañero en las letras, Augusto Roa Bastos, al autor incomparable de Hijo de hombre, libro que resume admirablemente todo el dolor de la historia de nuestra patria”.
De esta manera, a través de estas dedicatorias conservadas como parte del archivo personal de Roa Bastos, permanece la memoria de una generación de escritores que encontró en la literatura un espacio de encuentro, resistencia y amistad.
Por Yésica Vera Zarza.