En los próximos 20 años la mitad de los trabajos que realizan los humanos serán efectuados por máquinas, afirma un estudio de la Escuela James Martin de la Universidad de Oxford, Reino Unido, publicado en The Economist.
La investigación remarca que la tecnología irá reemplazando las tareas que en este momento realiza el 47% de la población activa, como las relacionadas al transporte, la producción, el mantenimiento, atención al público, entre otros; sólo basta pensar en los drones, que ya están realizando servicios de delivery o de controladores de ganado, y en las impresoras en tres dimensiones que fabrican el producto en forma completa sin más ayuda que la del software respectivo.
El estudio citado más arriba plantea uno de los tantos desafíos que enfrenta el trabajo en la actualidad, que es la dificultad de acceder a un empleo, así como la facilidad de perderlo por el avance tecnológico. A esto habría que sumarle la precarización de los existentes y el histórico flagelo de la explotación laboral.
Sin embargo, más allá de estos, quizás el reto más complicado sea el de vivir el trabajo, sus dificultades y exigencias, como una herramienta de crecimiento personal y social, en vez de reducirlo a una carga, un castigo, una forma de alienación o escape de la realidad.
Es sabido que el trabajo es fundamental para el crecimiento de la persona, puesto que afecta todas sus expresiones. Trabajando, el ser humano tiene la posibilidad de expresar su personalidad, conocer sus capacidades y cualidades; transformar la realidad, relacionarse con sus semejantes, experimentar la frustración y el éxito, saberse útil, etcétera.
Y aquí el paso fundamental es encontrar el sentido y valor de la tarea que a uno le toca realizar. Y como la alienación es hija de la falta de significado, el desafío aún mayor implica el educar y aprender a educarnos a no reducir ese deseo que todos llevamos dentro, que es el de encontrar un significado verdadero –es decir correspondiente a la razón y el corazón– en cualquier circunstancia nos encontremos.
Toda persona tiene deseos de experimentar la justicia, la verdad y la libertad, en los gestos, situaciones y emprendimientos cotidianos. Recuperar estas exigencias humanas, para retomarlas en el quehacer profesional, el oficio o la responsabilidad diaria, podrían ayudarnos tener una mirada más positiva sobre ellos.
Más allá del salario y otros factores relacionados, conseguir un trabajo es un paso importante en la vida de cualquier persona, pero encontrar su sentido y valor es simplemente esencial para crecer con él y vivirlo con dignidad.