22 may. 2024

El “peñismo”: Partido y gobierno

Hace unos días estuvo por el país el politólogo español, Manuel Alcántara. En su presentación de la última publicación que hizo la organización IDEA titulada Democracia y elecciones en Paraguay, un comentario llamó la atención.

Se refirió a la actual relación entre el partido de gobierno (Partido Colorado) y el gobierno de Santiago Peña, extrañado que esas dos instancias del poder político estén siendo manejadas por cuerdas separadas. Su comentario surgía de la política comparada, tomando como referencia el caso de los regímenes parlamentaristas europeos, donde se da por hecho que el jefe del gobierno es al mismo tiempo el jefe del partido de gobierno. Giorgia Meloni, primera ministra de Italia es también líder de su partido Fratelli d’Italia, Pedro Sánchez es el líder del PSOE, Angela Merkel fue líder del CDU y canciller durante 18 años. Pero, no solamente es el caso de regímenes parlamentarios, también en un sistema presidencialista, como el de Estados Unidos, el presidente es el líder político del Partido. Si bien los partidos norteamericanos mantienen un comité nacional y este tiene un coordinador, su rol es sobre todo la organización de los procesos electorales, no pretende ninguna ascendencia sobre el presidente ni tampoco sobre las bancadas del partido. La relación que estos partidos europeos y americano tienen con el gobierno fue caracterizada por Jean Blondel como una relación de sostenedor del gobierno. Aun cuando la relación no sea sinónimo de otorgarle al gobierno un cheque en blanco, el margen de maniobra que tiene el ejecutivo es amplio.

En realidad, para ver casos en los que el partido de gobierno tiene ascendencia sobre el gobierno hay que referirse a los sistemas de partido único, tanto el caso de Cuba como el de China. En Cuba, los Castro mantuvieron siempre una posición de liderazgo como primer secretario del PCC y como presidente del Consejo de Estado. Aquí hay una preocupación similar al de los casos arriba mencionados, pero la fórmula es la opuesta. Se impide la bicefalia partido de gobierno y gobierno, pero por la vía del control del partido para asegurar que el gobierno siga las directivas políticas del mismo. El gobierno es prácticamente un “sostenedor” del partido.

Ante estos dos modelos se presenta el caso paraguayo en la actualidad. Con la fórmula Horacio Cartes al partido y Santiago Peña al gobierno, el régimen introduce una situación de interdependencia entre partido de gobierno y gobierno pocas veces experimentada en el país o en los regímenes democrático-representativos de la región. Quizás el caso del kirchnerismo durante el periodo de Alberto Fernández sea lo más próximo. De hecho, durante el stronismo, el dictador siempre mantuvo un férreo control del partido, como su presidente honorario. La crisis política sobreviene cuando ese mando empieza a ser contestado por ciertas facciones de la ANR.

En la actualidad, estamos viendo tensiones surgir, pero lo que queremos sobre todo comentar es que, aunque el análisis predominante es de las pugnas cotidianas, cabría introducir un factor estructural. Nos referimos a que, en un contexto de interdependencia tensa, el surgimiento del “peñismo”, a falta de mejor palabra es prácticamente inevitable. La presidencia por su propia naturaleza va a tender hacia trazar ciertos límites a la extensión del partido, crear círculos de confianza más apegadas a una lógica de gobierno que a la lógica del partido, y posicionarse como gobernó nacional, en vez de representante del partido de gobierno. Por el momento esa tensión esta siendo manejada en el marco de las reuniones del comando del movimiento del partido Honor Colorado, pero las pruebas de cohesión pueden volverse cada vez más difíciles de sortear y causen fricciones más serias entre el gobierno y el partido de gobierno. Este es un aspecto del factor político que se anticipaba, pero que hoy por hoy se está sumando a la muy empinada curva de aprendizaje del presidente Santiago Peña.

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