“Prosperidad más crecimiento moral es igual a felicidad. Corrupción: el obstáculo más grave. Autoridad, orden y disciplina más educación ética: Ciudadanos justos”.
Estas son algunas de las ecuaciones y temas sobre los que se reflexiona en el libro Diálogo con los Ausentes - Desterrando el fanatismo en el Paraguay, en cuyo prólogo se lee que la obra “provee una excelente reflexión para el cimiento intelectual que pueda apuntalar las bases, actitudes y actividades de muchos políticos, hombres de negocios y actores sociales”.
Uno de sus autores tiene esta formación: es máster (Magna Cum Laude) en Derecho de Estado por la Universidad Julius-Maximilians de Würzburg, Alemania. Máster en Gobierno y Gerencia Pública por la Universidad de Chile. Máster en Administración Pública y Relaciones Internacionales por la George Mason University del Estado de Virginia, Estados Unidos.
Se presenta además como especialista en planificación estratégica, elaboración y evaluación de proyectos. Es miembro de la Federación Interamericana de Abogados, de la Sociedad Americana de Derecho Internacional, de la Asociación Chilena de Ciencias Políticas y de la Sociedad Americana de Administración Pública. Docente, consultor y columnista. También ofició de diplomático, lo que le permitió acceder a las universidades citadas, y hoy es legislador.
Ah, esperen. Es además coautor de otra obra del pensamiento: Reinventando la gestión pública en Paraguay. Cinco instrumentos para lograr eficiencia, transparencia, y responsabilidad social.
Es joven, pertenece al “glorioso Partido Colorado” y hubo quienes apostaron a que con semejante currículum, constituía la esperanza en medio de tantos hombres escombros y corruptos.
Tuvo la suerte de conseguir padrinos en el poder, que le dieron la oportunidad de no ser “uno más en el montón” y quedar solo como otro abogado de los casi 30.000 que existen en el Paraguay.
Su historia es la del muchacho de barrio que halló en la política partidaria una amplia puerta de privilegios para convertirse en máster, hacerse de casa de fin de semana y llevar una vida de primer nivel. A pesar de todas estas ventajas y títulos académicos, en lo que no se ha diferenciado de tantos otros políticos es en su amoralidad y, en consecuencia, su falta de ética.
Valiéndose de sus influencias y privilegios como diputado utilizó recursos de la Cámara Baja para pagar a su personal de servicio doméstico, a los que hizo figurar en la planilla de funcionarios como auxiliares administrativos. Pero no fue todo, también se quedaba con parte de los sueldos de estos.
Descubierto, tras varios meses de intentar zafarse de la Justicia, ahora reconoce que “cometió un error” y propone borrarlo de su carrera política pagando (devolviendo) 200 millones de guaraníes para que en su “brillante” hoja de vida no figure una condena por estafa, cobro indebido de honorarios y falsificación. Como si nada, pretende continuar siendo diputado y, seguro ya apunta a las próximas elecciones para candidatarse por otro periodo más.