18 may. 2026

El esfuerzo por la micro debe tener la misma relevancia que la macro

Paraguay es frecuentemente citado por organismos multilaterales, políticos, autoridades e influencers como un milagro de estabilidad macroeconómica y crecimiento del producto interno bruto (PIB) en una región caracterizada por la volatilidad. Con una inflación controlada, un déficit fiscal bajo y un crecimiento del PIB superando el promedio regional, el país construyó en el pasado reciente un andamiaje macroeconómico sólido. Sin embargo, esta solidez contrasta con una realidad microeconómica marcada por la informalidad laboral y altos niveles de desigualdad y vulnerabilidad de los hogares. El desafío central de Paraguay ahora no es crecer, sino cómo redistribuir y transformar ese crecimiento en desarrollo humano.

La estabilidad macroeconómica es una condición necesaria pero no suficiente para el desarrollo. El crecimiento paraguayo depende en gran medida de las exportaciones de materias primas, una parte con algún nivel de procesamiento, y de energía hidroeléctrica. Este modelo de enclave genera grandes cifras en el PIB, pero tiene una baja capacidad de absorción de mano de obra y es altamente vulnerable a los choques climáticos y a la volatilidad de los precios internacionales.

La brecha entre la macroeconomía y la microeconomía se manifiesta en el mercado laboral. La informalidad, los bajos ingresos y la incapacidad de los hogares de salir y permanecer por encima de la línea de pobreza a través del trabajo caracterizan a la mayoría de los hogares paraguayos, lo que significa que la mayoría de los trabajadores carecen de seguridad social, contratos legales y acceso a créditos productivos.

Para que el bienestar llegue a los hogares, es imperativo pasar de una economía de subsistencia a una de productividad. Las mipymes representan la gran mayoría de las unidades económicas del país, pero operan con tecnologías obsoletas y baja capacitación. La falta de una política industrial clara y la escasa inversión en investigación y desarrollo limitan la creación de valor agregado, manteniendo a gran parte de la población en empleos poco productivos.

Paraguay atraviesa una transición demográfica. El bono demográfico —la abundancia de población joven en edad de trabajar— se está reduciendo. La incapacidad de formalizar a esta juventud hoy se traducirá en una carga fiscal insostenible en el futuro.

El sistema de salud y de pensiones presenta desafíos de sostenibilidad. Con solo 1 de cada 4 trabajadores aportando a un sistema de jubilación, el Estado paraguayo se verá obligado a expandir programas no contributivos, como la pensión alimentaria, financiados con impuestos generales. La pregunta es cómo financiar el bienestar de una población que envejece con una base tributaria tan pequeña y una informalidad tan alta.

Ninguna nación ha logrado dar el salto al desarrollo sin una inversión masiva en capital humano. Paraguay invierte la mitad del promedio regional y lejos del 7% recomendado por la Unesco.

La calidad educativa sigue siendo el principal obstáculo para la competitividad. El sistema actual no está formando a los jóvenes en las habilidades técnicas y tecnológicas que demanda el mercado global, lo que perpetúa el ciclo de pobreza, vulnerabilidades económicas y baja productividad.

El desafío de Paraguay es transitar de una estabilidad macro a una estabilidad micro que garantice previsibilidad y seguridad económica a los hogares. La macroeconomía sólida es un activo valioso que debe ser utilizado como plataforma para reformas estructurales profundas, como la diversificación productiva, la reforma del sistema de seguridad social para lograr su universalización, el aumento del capital humano y el fortalecimiento de la institucionalidad pública para que responda al bien común y contribuya a reducir las desigualdades y no a beneficiar a una minoría.

Solo mediante un pacto social que priorice el bienestar de la microeconomía sobre los indicadores agregados, Paraguay podrá asegurar que su actual estabilidad no sea un espejismo, sino el cimiento de un desarrollo sostenible y equitativo para las generaciones actuales y futuras.

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