09 ago 2026

El crédito como herramienta de movilidad social

Durante mucho tiempo miramos las deudas con desconfianza. Endeudarse parecía casi siempre una señal de falta de previsión o de una mala decisión financiera.

Pero detrás de las cuentas hay personas. Y las personas viven en una economía donde los ingresos no siempre coinciden con las necesidades.

Como ha señalado Adriana Bock al hablar de finanzas personales, el endeudamiento también puede responder a problemas de liquidez o a la necesidad de resolver una situación concreta. Una deuda, entonces, no es necesariamente mala.

Una persona puede tomar un crédito para comprar una moto que necesita para trabajar, un electrodoméstico, una computadora o incluso para atravesar un mes complicado. No hay nada necesariamente irresponsable en utilizar el crédito para acceder a un bien o servicio que no puede pagarse de contado.

Los números muestran que esta dinámica está cobrando fuerza. El 40,91% de las entidades consultadas por el BCP señaló que el crédito al consumo aumentó en el segundo trimestre y el 54,55% espera que vuelva a crecer en los próximos tres meses.

El consumo mueve la economía: Una compra genera ventas, ingresos, empleo y nuevamente consumo. El crédito puede acelerar esa cadena y permitir que las familias anticipen decisiones que, de otro modo, tendrían que postergar.

También hay que entender que el crédito cumple una función distinta según la realidad de cada persona. Para algunos puede significar comprar un electrodoméstico; para otros, una herramienta de trabajo, una motocicleta para generar ingresos o el financiamiento necesario para atravesar problemas de salud. La deuda puede ser consumo, pero también puede ser una forma de inversión en calidad de vida o capacidad de generar ingresos.

El problema aparece cuando esa herramienta deja de ser sostenible. El 86,36% de las entidades reportó rechazos de solicitudes de crédito, principalmente por historial crediticio, dudas sobre la situación financiera y falta de información.

El 72,73% de las entidades considera bajo el acceso al crédito de las microempresas y el 59,09% señala lo mismo para las familias y el microcrédito personal.

Esto demuestra que todavía existe una parte importante de la población que no puede aprovechar plenamente esta dinámica porque carece de información financiera suficiente o de ingresos formalmente demostrables. No se trata solamente de que algunas personas se endeuden demasiado; también hay personas que no consiguen endeudarse cuando necesitan hacerlo.

Por eso, las instituciones financieras y públicas deben acompañar esta expansión con educación financiera, mejor información y mecanismos que favorezcan la formalización. No para frenar el crédito, sino para que su crecimiento sea sostenible y llegue a más personas.

El crédito ya está dando impulso al consumo y, con ello, a la actividad económica. Acompañar responsablemente esta nueva dinámica permitirá que el financiamiento pueda convertirse en una herramienta concreta de movilidad social, siempre que el acceso venga acompañado de capacidad de pago y decisiones informadas.

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