La emisión de deuda de la República siempre genera cuestionamientos y es lógico que así sea. Cada moneda que se toma prestada deberá ser devuelta en algún momento y, al final, detrás de esos compromisos está el ciudadano contribuyente. Pero existe otra discusión que muchas veces queda opacada por el debate sobre cuánto debemos, el mecanismo mediante el cual nos endeudamos.
El 25 de enero de 2013, durante la gestión del entonces ministro de Hacienda Manuel Ferreira Brusquetti, la República de Paraguay realizó su primera emisión de bonos soberanos. Colocó USD 500 millones a 10 años, con una tasa de 4,625%. Las órdenes superaron los USD 3.500 millones, más de siete veces el monto finalmente emitido. ¡Técnicamente hablando, un gran éxito!
Más allá de representar una nueva fuente de financiamiento para el Tesoro, la operación nos abrió la puerta a un mercado que exige información permanente, credibilidad y cuentas públicas claras. Entramos a estar “en vidriera” para muchos inversores del mundo. Desde su primera salida al mercado internacional de capitales, en 2013, Paraguay, y en particular los cuerpos técnicos de los funcionarios del Poder Ejecutivo fueron incorporando herramientas cada vez más sofisticadas para financiar, las cuales, en sí, son muy buenas.
Hagamos un poco de memoria…
El primer bono emitido vencía en 2023. Apenas un año después de aquella primera emisión, con Germán Rojas Irigoyen al frente de Hacienda (2014-2015), Paraguay volvió al mercado, esta vez con una colocación de USD 1.000 millones a 30 años, con vencimiento en 2044. En 2015 reabrió el bono inaugural por otros USD 280 millones.
Las gestiones de Santiago Peña (2015-2017), Lea Giménez (2017-2018) y Benigno López (2018-2020) ampliaron la curva con vencimientos en 2026, 2027, 2048 y 2050. Además, en plena pandemia, el país colocó USD 1.000 millones para financiar medidas sanitarias, económicas y sociales.
Gobiernos diferentes, ministros diferentes y contextos económicos distintos, pero Paraguay siguió regresando al mercado, con éxito y abriendo la puerta a empresas privadas que pudieron acceder al mercado internacional respaldadas en la “curva” de tasas de interés del Soberano.
El MEF identifica la operación de 2026 como la decimotercera emisión internacional. En total surgieron 15 series, con vencimientos hasta 2055 y un saldo en circulación cercano a USD 8.694 millones.
Cuando emitir dejó de ser suficiente
Nuestro siguiente paso fue mejorar la administración de la deuda. En 2021, durante la gestión de Óscar Llamosas, Paraguay realizó su primera operación de administración de pasivos, que consiste, en términos sencillos, en recomprar obligaciones antes de su vencimiento para evitar grandes concentraciones de pagos en un solo año. Una muy buena práctica.
Entre 2021 y 2022 se recompraron cerca de USD 542,4 millones del bono 2023, aproximadamente el 70% de aquella obligación. Su saldo quedó reducido a unos USD 237,6 millones. En 2022 y 2023 también se retiró anticipadamente parte del bono 2026.
Esta técnica de canjes de deuda continuó. En 2026, el MEF informó recompras por USD 302,2 millones del bono 2027 y USD 210,1 millones del bono 2031. La lógica es reducir el riesgo de refinanciamiento y evitar llegar a una fecha crítica dependiendo por completo de las condiciones del mercado. Paraguay dejó de ser solamente un emisor y comenzó a gestionar activamente su deuda.
El mercado interno en guaraníes también registró una evolución. El Tesoro fue construyendo una curva de rendimientos en moneda local. Hoy existen bonos domésticos con vencimientos entre 2028 y 2040, y el MEF reporta G. 9,83 billones en circulación, con inversores extranjeros en el mercado doméstico. Estas tasas también sirven de referencia para bancos y empresas que desean emitir deuda en guaraníes.
Posicionar al guaraní
El gran salto llegó en 2024. Bajo la conducción de Carlos Fernández Valdovinos, Paraguay emitió por primera vez un bono internacional denominado en guaraníes. Fueron G. 3,643 billones, equivalentes entonces a USD 500 millones, a 7 años y con una tasa de 7,9%.
En 2025 llegó una segunda emisión por el equivalente a USD 600 millones, a diez años, con una tasa de 8,5%. En febrero de 2026, el país elevó la apuesta: Colocó G. 6,507 billones, equivalentes a USD 1.000 millones, a 12 años y también al 8,5%.
En apenas tres años se colocaron en el mercado internacional el equivalente a USD 2.100 millones en nuestra propia moneda y se fueron extendiendo los plazos. Esto reduce la exposición cambiaria del Estado porque el capital y los intereses se pagan en guaraníes.
En 2013, Paraguay celebraba que Wall Street estuviera dispuesto a prestarle. En 2026 puede conseguir que Wall Street le preste en guaraníes, nuestra propia moneda.
También mejoró la calificación crediticia del país. En julio de 2024, Moody’s elevó la calificación soberana de Paraguay de Ba1 a Baa3, otorgándole por primera vez en su historia el grado de inversión. En diciembre de 2025, Standard & Poor’s elevó, a su vez, la calificación a BBB-, con perspectiva estable. De esta manera, Paraguay pasó a ser uno de los poquísimos países de la región con grado de inversión de dos de las tres grandes agencias internacionales.
Construcción transversal
La sofisticación alcanzada fue el resultado de un proceso de construcción que atravesó distintos gobiernos y ministros.
Manuel Ferreira dejó a su sucesor un Paraguay que ya había debutado en el mercado internacional. Germán Rojas amplió el plazo hasta 30 años. Las siguientes administraciones continuaron construyendo la curva soberana. Óscar Llamosas incorporó operaciones de administración de pasivos. Carlos Fernández Valdovinos avanzó con las emisiones globales en moneda local y acompañó la llegada del doble grado de inversión.
El actual ministro, Oscar Lovera Chávez, recibe una estructura de financiamiento soberano considerablemente más desarrollada que aquella que existía al comenzar este proceso, en 2013. Cada administración recibió un país con una historia crediticia un poco más larga y un equipo técnico con más operaciones sobre la espalda, que administra mejor el costo y la duración de la deuda.
El tamaño de una economía, por sí solo, no determina qué tan sofisticadamente administra su deuda. Hay economías mayores que continúan teniendo dificultades para desarrollar mercados profundos en moneda local, extender sus plazos o reducir la dependencia de deuda denominada en moneda extranjera. Paraguay, siendo una economía relativamente pequeña, consiguió desarrollar capacidades financieras que hace apenas trece años no tenía.
¿Hay cosas por mejorar en el país? Claro que sí, pero cuando algo se hace bien, y se convierte en un ejemplo para países vecinos, tenemos que reconocer y aplaudir. Sobre todo, a los funcionarios que no aparecen en el diario, pero trabajan bien, en silencio, cada día para mejorar la vida de todos.