30 sept 2026

La propuesta de Jesús

Hoy meditamos el Evangelio según san Lucas 9,57-62.

Jesús camina con determinación a Jerusalén, para cumplir la misión que su Padre le había encomendado y que inflamaba su corazón: abrir la puerta del Cielo a toda la Humanidad. Su paso no deja indiferente a quienes lo contemplan, y suscita reacciones audaces: “Te seguiré…”. Pero el Señor responde de una manera aún más audaz: “Nadie que pone su mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios” .

Estas palabras recuerdan la historia de Eliseo, narrada en el Antiguo Testamento: Elías le da tiempo para que deje el arado y vaya a despedirse de sus padres antes de unirse a su misión (cfr. 1 Re 19,20-21). Ahora, sin embargo, se nos sugiere que la llamada de Jesús es aún más apremiante, que no hay tiempo que perder para responder.

Quizás hemos visto películas o series en las que llega un momento crucial en el que el protagonista debe de tomar una decisión que marcará toda su vida: ¿acepta la declaración de amor que recibe? ¿dirá que sí a la aventura que se le propone? En pocos minutos parece que la historia puede tomar una forma u otra, cada una de ellas totalmente distinta…

Algo así sucede en este pasaje del Evangelio: Jesús lanza una propuesta que compromete la vida de sus interlocutores. Y aún hoy, el Maestro sigue llamando a asociarse a su misión, a recorrer los caminos del mundo para ser altavoces de su misericordia. “¿Por qué no te entregas a Dios de una vez..., de verdad... ¡Ahora!?”[1]. Existe una santa impaciencia del amor.

No sabemos cuál fue la respuesta final de estos tres personajes del Evangelio de hoy. Quizá, después de un momento de vacilación, siguieron a Jesús. Sea como fuere, la Escritura nos presenta un ejemplo perfecto de respuesta pronta, total, entusiasta: es el ejemplo de santa María. Cuando el arcángel Gabriel le anuncia que Dios quiere que sea su Madre, Ella pregunta sobre cómo se realizará tal prodigio y abraza su misión sin dudarlo: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1,38).

(Frases extractadas de [1] San Josemaría, Camino, n. 902. -https://opusdei.org/es-py/gospel/2026-09-30/)

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