04 sept 2026

El cambio y proyecto de sociedad

abierto al mundo_30042765.jpg


Juan Andrés Cardozo

La época que nos toca vivir se ha abierto al mundo. En nuestro tiempo la condición humana se inserta en el espacio y amplía sus fronteras. Lo que hacemos no queda en este lugar. Sus imágenes habitan por instantes, y a veces más, lejanos sitios. Y desde afuera llueven los análisis de cómo estamos. Qué acontecimientos producimos. Y si somos capaces de figurar en el devenir de la historia contemporánea. ¿Meditamos sobre estas realidades aquí y ahora? ¿O sombríamente la opacidad del pensar encubre sus problemáticas, institucionales y sociales?
Opiniones hay. Pero no bastan. Las aprehensiones conceptuales son necesarias. Y mientras se cierran las puertas a los intelectuales, incluso en las academias, el conocimiento estará ausente. La no-verdad ocupará su palabra. Y su mensaje.

Así es el sistema. Tienen que cuidar su reproducción. Los actores de esta guardianía están en todas partes. Y en todos los niveles. Los resistentes son pocos. Los disruptores no aparecen. De esta manera el sistema permanece estructuralmente sin mutaciones.

Teoría y praxis
Pero ¿qué necesitamos para cambiar? Saber primeramente qué significa el cambio.

El pensar teórico, el que tuvo una relación verificativa con la praxis, enseña una precedencia. La visión objetiva de una contradicción. La de la sociedad cuya existencia se enseñorea, a tal punto de asegurar su continuidad en el tiempo que vendrá. Y esta, con la representación posible del proyecto de una sociedad diferente.

Entonces urge la presencia de una dialéctica. Pero cómo acudir a esta metodología tan temida. Aborrecida no solo en la política. Sobre todo por quienes forman cerradas filas en los centros e institutos de figuración. Y cuyas bolillas negras parten de esa ideología a-democrática contraria a la Superación. Síntesis hegeliana que remite a la resolución de esa dialéctica en la forma en que la historia se libera de toda opresión. Negatividad.

Por lo tanto el conocimiento del sistema alienante requiere una inferencia pluridisciplinar. Vale decir, de los aportes cognoscitivos de las ciencias sociales y de las ciencias humanas, respectivamente. No bastará que el derecho demuestre la apelación recurrente de los poderes a la ilegalidad. Tampoco que la economía estratifique la desigualdad en los ingresos socialmente generados. Pues asimismo la sociología tendrá que explicar el porqué la anomia hace que los detentores de los poderes, ahora ya de iure y de facto, recurren a la discrecionalidad sin consecuencias jurídicas, sociales y éticas. Y, a su vez, la antropología deberá esclarecer las razones por las cuales el modelo económico condena a la mayoría de la población a las desposesiones y enajenaciones.

Participación de varias disciplinas
Las convergencias de investigaciones científicas hacen inteligibles los problemas y realidades socio-históricas. Y sirven de base para el pensamiento crítico. De ahí sus exclusiones por el sistema dominante.

Esta pluridisciplinariedad es indispensable para el saber objetivo acerca del régimen a cambiar.

Ahora viene el modelo a construir. Nada ocurre por azar ni espontáneamente. Y lo posible tiene un largo debate filosófico. El idealismo trascendental sostiene la irracionalidad del posibilismo. Ello ha dado pie a la teoría de la intencionalidad científicamente construida como proyecto histórico. El de la sociedad que debe dar un salto a la emancipación por el camino de la igualdad, de la justicia y de la solidaridad.

¿Cómo? La teoría, mediante la cooperación transdisciplinar. Es la compuerta para la práctica superadora. Y la que moviliza en acción social a las fuerzas menesterosas y comprometidas con el cambio. Ahora ya en posición de autoconciencia, el-para-sí inalienable, de la magna tarea de levantar ladrillos sobre ladrillos el edificio de la democracia participativa y del Estado social de derecho.

Esto supone el paso de la tradición a la modernidad. De la sociedad anclada en una estructura anacrónica a una sociedad racionalmente autogestora.

La racionalidad de la autogestión referencia a una modernidad tardía. Ya no es la sacralización de la “mano invisible”, el mercado. Y que con esa providencia omnipresente enajena la condición humana a la cosificación mercantilista de la vida humana, no solo de las fuerzas productivas.

Hoy nos reconocemos libres e iguales. Solo hace falta que todos tengamos las oportunidades y condiciones para acceder a una educación superior. Con los estudios vienen los conocimientos. Y con las investigaciones, avanzan los conocimientos. Siempre provisionales. Pues las verdades no son eternas.

Por ejemplo, la libertad no es innata. Se la conquista en el decurso de la vida. Y siempre que podamos elegir y actuar sin coacción alguna. O alcanzar una vida digna cubriendo nuestras necesidades y realizando nuestras legítimas aspiraciones.

También la actual teoría de la justicia nos señala que la igualdad emerge de las luchas por los derechos humanos. Ningún poder nos otorga. Pero solo somos iguales cuando todos somos libres para el acceso universal, en dignidad de condiciones, a la autorrealización humana.

El trazado tiene mucha filosofía. Pero esta es un anatema para los enemigos de la razón. De ahí que en esta era el lenguaje público ha vuelto a habitar la caverna del engaño y de la vulgaridad. Una tendencia ultraconservadora y ciberespacial que también hay que revertir.

Cuando se profundiza el abismo se acerca el momento de la salida del túnel. Las claridades, atizadas por el fuego del pensamiento crítico y del abrazo fraterno de los condenados a sufrir las desigualdades, van dejando atrás las sombras de la historia. El ideario de un tiempo nuevo alumbra la travesía de los días. No con promesas.

Las promesas generan esperanzas. Lo histórico social adelanta sobre certezas.

La seguridad de que redistribuyendo los bienes, materiales y culturales, para todos y entre todos, una sociedad justa es posible. Un mundo humano puede ser universal. Son los desafíos que enfrentamos, ahora más que nunca.

Más contenido de esta sección
Encarada por trabajos plásticos, fotográficos, escultóricos y audiovisuales, la muestra Cuencas húmedas #2 reúne a dieciocho artistas en el Centro Cultural del Lago de Areguá a partir del domingo 6 hasta el domingo 20 de Septiembre. Los creadores son Amado Arrieta, Victor Beckelmann, Gustavo Benítez, Noelia Buttice, Eoin Byrne, Jorge Enciso, Gregorio Gómez (+), Mónica González, Wolfgang Krauch, Francene Keery, Leandre, Nelson Martinesi, Javier Medina Verdolini, Alejandra Mastro, Alfredo Mendoza, Johanna Reich, Juan Franco Maida y Lucy Yegros.
El 3 de setiembre se cumplieron 160 años de la caída de Curuzú, una de las jornadas más sangrientas de la Guerra de la Triple Alianza. Más de 1.500 hombres perdieron la vida en aquellos combates. Pero la tragedia no comenzó con el primer asalto, durante varios días, tropas paraguayas y aliadas se fueron acercando inexorablemente al enfrentamiento. Hoy reconstruimos, paso a paso, las jornadas previas a aquella batalla.
El 2 de setiembre, se cumplió un nuevo aniversario de la rendición formal del Imperio del Japón a bordo del acorazado USS Missouri, fondeado en la bahía de Tokio: el acto que puso fin a la Segunda Guerra Mundial. La fecha suele recordarse por su desenlace —la firma, las fotografías, el fin de las hostilidades— y rara vez por lo que estuvo a punto de no ocurrir. Porque en las horas previas a que el emperador Hirohito anunciara al pueblo japonés la capitulación, un grupo de oficiales del Ejército Imperial intentaron impedirlo por la fuerza. Entre los argumentos que invocaron para sostener que Japón debía seguir combatiendo, apareció, insólitamente, un país lejano: Paraguay.
A 86 años de su nacimiento, un recorrido por la vida del autor de Las venas abiertas de América Latina, su relación con Paraguay y el exilio. El uruguayo continúa siendo una de las voces más reconocibles de la literatura y el pensamiento latinoamericano.