Las mujeres se dedican a la cerámica y los hombres a la cestería, según comentó Vicenta Rodríguez, artesana y ceramista.
Vicenta recordó que aprendió a trabajar el barro de su madre y su abuela, con técnicas precolombinas.
Señaló además que es un trabajo totalmente artesanal, ya que el barro lo recogen del estero, lo amasan con los pies y le dan formas con sus manos sin hacer uso de ninguna herramienta.
“Afinamos con hojas de mango, luego pulimos con una piedra y lo teñimos con tierra roja”, explicó la artesana.
Las trabajadoras también desarrollaron una gama de productos naturales a base de barro.
La nueva generación de alfareras se capacitó para dar masajes terapéuticos y de belleza con su propio barro, transformado en crema para masaje facial, masaje corporal, antiarrugas, antiinflamatorio, etc.
El Centro Artesanal ofrece talleres para aprender a moldear el barro, una galería de exposición y venta de productos que van desde G. 3000 hasta G. 70.000.