Correo Semanal

El aporte crítico y literario de una gran escritora

Los críticos José Vicente Peiró y Teresa Méndez-Faith analizan diversas facetas de la autora de "Hijo de la Revolución", recientemente desaparecida.

  • Evocando a Maribel: Maestra, colega y amiga ejemplar
  • Teresa Méndez-Faith

"Se nos fue Maribel”, me escribió una amiga de ambas el martes 8 de noviembre pasado, en un mensaje de Whatsapp que saltó a mi pantallita apenas prendí el celular esa mañana… Desde entonces no he hecho más que pensar, recordar, rememorar y tratar de entender... cómo era posible eso si hacía solo un par de semanas (24/oct.) me había dejado un mensaje de voz donde me agradecía el envío del link a una canción de mi padre y me decía: “Muchas gracias, Teresa. Me diste un rato feliz al escuchar Reseda Poty, con música y letra de tu papá. Te mando un fuerte abrazo; como siempre, mi aprecio de toda la vida…”. Fue lo último de ella que quedó grabado en mi celular y allí permanecerá porque ahora sé que con esas palabras se estaba despidiendo de mí, tal vez sabiendo ya que se aproximaba su viaje definitivo…

UN DOBLE LEGADO

Si bien es verdad que se nos fue Maribel, también es cierto que esta gran educadora y escritora, generosa colega y amiga ejemplar, nos dejó un inmenso y doble legado: su medio siglo de docencia, sembrando cultura y saber desde el aula como maestra y profesora secundaria primero y universitaria después; y su prolífica producción literaria y crítica: más de treinta obras publicadas, entre libros de texto, colecciones de cuentos, novelas, ensayos, crítica literaria y más. En esos centenares de páginas y textos escritos, de mundos recreados, imaginados, soñados, de relatos que captan y reflejan la problemática sociopolítica, la historia e intrahistoria, los sufrimientos, vicisitudes y sueños de su patria y de su gente, de ñane retã Paraguay. Maribel nos dejó sus huellas, su espíritu, sus sueños, su visión de la vida y su concepción ética del arte. Como nuestro Herib Campos Cervera, para quien “el arte debe servir la vida, sea como confesión, sea como bandera”, la autora de Hijo de la Revolución (Premio Nacional de Literatura 2019) también prioriza la función ética del arte y la necesidad, en un país como el nuestro, de reflejar en su obra ciertas realidades históricas que no se aprenden en la escuela.

CRUELES REALIDADES

En una minientrevista que le hice hace poco sobre cuándo, cómo y por qué escribió su cuento Flores y tumbas (accesible en mi canal de YouTube), Maribel me comentó: “Ese cuento data de 1988. Se basa en información que me fue dada por un viejo que vivía en Tabaí, en un lugar situado en el límite de Alto Paraná y el Departamento de Caazapá... el hecho es real. Me conmovió hasta el alma porque en mi juventud tuve amigos que creyeron que con las guerrillas se podría derrocar la dictadura stronista. Eran idealistas… Creé el cuento en memoria de esos amigos patriotas idealistas que esperaban la liberación del pueblo a través de la lucha armada... Es que la escuela no enseña estos hechos vandálicos de los esbirros del dictador. Todavía se tiene temor para hablar en las aulas o escribir sobre la dictadura en los libros de historia… Estoy convencida de que a las generaciones jóvenes se les tiene que contar estas crueles realidades que vivió nuestro país para que rechacen todo tipo de violencia con el fin de evitar estas tragedias ocasionadas por las revoluciones y las conspiraciones”. Y de estos comentarios, podemos deducir por qué tantos cuentos y novelas de Maribel, maestra-profe y narradora, tienen cierta dosis didáctica e informativa: cuentos tipo fábulas y novelas de contenido histórico… Resulta que las obras siempre reflejan o expresan a sus autores, en mayor o menor grado, de manera directa o indirecta.

LIBROS, IDEAS, PROYECTOS

Conocí a Maribel hace más de 30 años, creo que en 1990, durante uno de mis primeros viajes a Paraguay después de la caída de Stroessner. Nos presentó una amiga y colega común, Ela Salazar, que al enterarse de mi presencia en Asunción, le sugirió a Maribel una tarde de merienda en su casa para conocernos, charlar, intercambiar ideas, experiencias… Aquel encuentro inicial, inolvidable para mí, casi seguro tuvo lugar en junio o julio, meses de vacaciones aquí y por eso, desde el 89, coincidentes con mis visitas anuales a mi tierra colorada. Esa tardecita en lo de Maribel iniciamos una amistad que, no obstante la distancia geográfica que nos separaba, demostró ser sólida, sincera y duradera, pues nos mantuvo unidas y amigas desde entonces. Para aquella merienda, Maribel había reunido a unas cuatro o cinco colegas que, como ella y como yo, eran profesoras de Lengua y Literatura. Algo interesante de aquel encuentro fue que tres de las presentes (Ela, Maribel y Aída Ortiz de Coronel) ya habían publicado en coautoría libros de texto para la enseñanza de Lengua y Literatura a nivel superior. Yo también ya tenía entonces varios textos similares para uso secundario y universitario. Aquella hermosa tarde de amistosa calidez y alegría intercambiamos libros, ideas, proyectos… y, con Maribel, seguimos reencontrándonos anualmente, en vivo y en directo, durante mis visitas a Asunción; y entre viajes, por teléfono, email y últimamente por Whatsapp…

El 17 de junio pasado, hace solo cinco meses —y 32 años después de aquella memorable merienda en junio-julio del 90, cuando nos conocimos—, Maribel organizó otra merienda en su casa, esta vez con miembros de la Academia Paraguaya de la Lengua Española y algunos amigos y colegas más, para celebrar mi nombramiento como académica correspondiente de dicha Academia que había tenido lugar el 3 de junio, un par de semanas antes. Menciono estas dos meriendas distantes entre sí, pero que me tocan profundamente porque inician y cierran el tiempo terrenal de nuestra amistad, y porque reflejan y definen cualidades esenciales de Maribel, una mujer excepcional, hecha toda de bondad, generosidad, dación, solidaridad y amor hacia todo y todos: su familia, sus estudiantes, sus amigos, sus compatriotas, su país, nuestra tierra… Y es así, con esos múltiples atributos, como recordaré siempre a la querida Maribel, admirable y única, maestra, colega y amiga ejemplar.

Maribel Barreto y el oficio crítico

José Vicente Peiró - Catedrático español

Se ha hablado mucho de la debilidad de la crítica literaria paraguaya. Siempre nos hemos lamentado de su escasa presencia o calidad cuando los autores necesitan ese ejercicio consciente de una práctica que se debe considerar un género literario más.

Gracias a Maribel Barreto, junto a otros colegas, afortunadamente esta realidad ha ido paliándose en paralelo al aumento cualitativo y cuantitativo de obras publicadas en el país. No deberíamos olvidar a quienes la practican a pesar de la escasa repercusión en un momento internacional donde se encuentra dominada o acomplejada por el universo de internet; ese espacio de confusión entre opinión personal y crítica con el pretexto atribuido a una supuesta subjetividad que el crítico no debe usar nunca como arma.

Maribel Barreto ha dado lustre a la crítica literaria paraguaya del siglo XXI. Destacable novelista, Premio Nacional en 2019 por Hijo de la revolución, no deberíamos olvidar su papel como prologuista, articulista y colaboradora en prensa y revistas. Incorporada de forma tardía a la creación y a la crítica, durante estas dos últimas décadas nos ha dejado suficientes muestras de capacidad de trabajo, oficio y profesionalidad y que esa deseante crítica era posible en Paraguay. Por ello, siempre mereció mi admiración y respeto, incluso cuando a veces no coincidían nuestras opiniones.

OBRA IMPRESCINDIBLE

Maribel escribe, en esa recopilación de su imprescindible obra Visiones de dos décadas de literatura paraguaya en el siglo XXI, que su dedicación a la crítica era un gran desafío, pero también un placer. Preceptos de partida para los futuros críticos de cualquier disciplina: Disfrutar con el reto de la interpretación. Tenía buen tacto para la elección y en este ensayo ofreció sus análisis de parte de la mejor literatura paraguaya del presente siglo. Destacó su avance con el abandono de temas folclóricos o nacionales para mostrar una preocupación sobre el mundo actual y los problemas sociológicos o sicológicos. Su visión no fue historicista: No trató de forjar un recorrido lineal por la literatura, sino de dar las pinceladas suficientes para completar un collage que sirviera de referente crítico. No para crear un canon, ni tampoco para ser sacerdotisa por esa vanidad del crítico de creerse superior al lector medio: Trató de fijar y de poner en relieve al escritor y su obra penetrando en los intestinos de su creación. En su crítica le preocupa contar por qué merecía la pena su elección en lugar de dar alabanzas gratuitas o denostar para derrumbar con crueldad un trabajo hecho con ilusión. Trató de concienciar de una necesidad de toda literatura: Que alguien alumbre al lector o deje estrategias para el futuro.

Lastimosamente, Maribel no va ya a completar sus visiones rigurosas de la literatura paraguaya. Su fallecimiento nos deja huérfanos de una voz reveladora con sentido analítico. Espero que los jóvenes sigan su estela para que podamos continuar completando la historia de la literatura de un país necesitado de exégesis profundas en el ámbito cultural. No te preocupes, Maribel: Tus visiones están en la primera línea de mi biblioteca paraguaya.

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