17 ene. 2026

Dinero perdido

La riqueza consiste en el uso adecuado de los bienes, afirmaba el historiador griego Plutarco, a lo que podemos agregar las expresiones del pensador indio Gandhi: “El capital no es un mal en sí mismo, el mal radica en su mal uso”. Y es justamente la administración equivocada de los recursos, sea por ineptitud o corrupción, uno de los problemas más graves que tiene nuestro país. El dinero que hay, por lo general, se utiliza de manera inadecuada y poco inteligente, y además deshonesta.

En la edición de la víspera, ÚH informó que el año pasado el Estado paraguayo gastó G. 123.000 millones en la lucha contra el EPP, según datos proporcionados por la FTC (Fuerza de Tarea Conjunta), que involucra a efectivos de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional. Se trata de más de 20 millones de dólares que prácticamente se esfumaron.

Más allá de los G. 32.000 millones invertidos en mejoramiento de comisarías de la zona, el resto fue destinado al mantenimiento de uniformados del lugar, sin resultado alguno. Nadie sabe si la situación estaría peor sin ellos allí, pero lo cierto es que hasta ahora el grupo armado sigue realizando atracos, atacando estancias, creando zozobra, extorsionando a productores, matando a inocentes sin ser descubiertos; todo ello sin considerar que aún tienen en su poder al suboficial de Policía, Edelio Morínigo, quien hoy cumple nada menos que 230 días de cautiverio.

Hablamos de un gasto extraordinario para el Estado de un promedio de G. 10.000 millones al mes. Y uno se pregunta si no sería más conveniente empezar a utilizar gran parte de ese dinero en el combate a la pobreza, que es el “caldo de cultivo” de ese grupo de criminales, así como al desarrollo de las comunidades campesinas de la zona, y no solo en el aspecto material, sino también motivándolos a redescubrir el valor de la solidaridad entre vecinos, del trabajo honesto, el rechazo a la violencia, el respeto a la vida.

Está claro que sería mucho más útil destinar esos “fondos extraordinarios” a la construcción de viviendas dignas, la organización de cooperativas de productores, capacitación técnica de los campesinos del lugar, en el envío de más personal médico, en la formalización de los trabajadores de estancias, la mayoría de ellos sin seguro social ni salarios según la ley.

¿Cuántas escuelas y casas ya se hubieran levantado o mejorado con parte de esos montos? Senavitat construirá cerca de 900 viviendas por G. 17.000 millones. Y eso es solo un ejemplo. Necesitamos cambiar de estrategia. Es hora de que el Gobierno asuma que está yendo por un camino equivocado, gastando solo en la presencia de soldados y no en el mejoramiento de la calidad de vida de la población. De lo contrario, solo seguiremos malgastando el dinero de la poca gente que paga sus impuestos en Paraguay.

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