En una visita realizada por este diario, vecinos de distintas zonas ubicadas en la referida calle informaron que las obras de alcantarillado se encuentran prácticamente paralizadas desde antes de las fiestas de diciembre.
El panorama es desordenado, preocupante, y se extiende por alrededor de cuatro cuadras, entre ellas Veteranos de la Guerra del 70, Jow Von Sastrow, Cacique Lambaré y Cacique Arecayá. Hay veredas destruidas y tramos que presentan un estado de deterioro tal, que hasta podría considerarse una zona de guerra. Los conductores que se atrevan a pasar por el área, deben maniobrar entre arena, piedras y restos de asfalto.
Según los testimonios recolectados en el lugar, la situación se agravó tras las últimas lluvias, que hundieron las excavaciones que, por lo demás, aparentan estar mal compactadas.
Una de las vecinas afectadas relató con frustración que “esta obra está parada desde noviembre”, y que “antes de la Navidad taparon, pero ahora con esta lluvia se hundió, quedó ahí”, evidenciando la precariedad de los trabajos realizados hasta el momento.
“Los problemas causados por las obras están a la vista: calles destrozadas, pozos sin señalización, accesos alternativos inseguros, polvo y movimiento de grandes máquinas que pasan por nuestra zona sin trabajar en nuestra calle”, manifestó Irene Silva, una de las pobladoras perjudicadas por los trabajos inconclusos.
La vecina resaltó que en la zona existen varias escuelas y que, si la situación de abandono persiste, podría resultar en un problema mayor para alumnos y padres por igual, al momento en que inicien las clases.
Comentó que ya se registraron robos en el lugar, atendiendo a que los vecinos se ven obligados a dejar sus vehículos afuera.
“No se puede caminar normalmente por las veredas porque todo quedó irregular, con piedras y restos de baldosas. Cuando llueve es totalmente intransitable; además, los pozos (los) rellenaron con arena, sin piedras, y se hunde al caminar o con el paso de los vehículos”, contó la vecina.
Silva respondió por otro lado que más de 40 metros de su jardín lineal fueron destruidos por los tractores, en el marco de las obras ejecutadas. Ni personal de la empresa ni de la Municipalidad de Asunción se acercaron para responder ante esta y otras pérdidas.
Aumento de la Essap y hundimientos
La frustración de los vecinos no solo responde al estado de la destruida calle, sino también a perjuicios económicos derivados de la supuesta falta de coordinación entre la empresa encargada de la obra y la Essap.
Los pobladores denuncian que las constantes roturas de caños, provocadas durante las excavaciones, elevaron excesivamente las facturas de agua. Eva Núñez, una de las residentes, explicó que, tras una rotura en la esquina de su casa, la tarifa mensual aumentó drásticamente: “Para mí vino el triple el siguiente mes. ¿Qué culpa tenemos? A nosotros nos venía, máximo, G. 80.000. Ahora nos viene G. 300.000 desde que empezaron esto”, aseguró.
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Esto ocurrió a la par que se registraban inesperados cortes de agua durante la ejecución de la obra. A esto se suma el peligro constante para los transeúntes, ya que las zanjas abiertas y la falta de señalización adecuada ya provocaron accidentes.
Los vecinos observan con impotencia cómo los automóviles caen en los pozos que quedan ocultos, o simplemente no son terminados. “Acá ya se quedaron cuatro. El sábado, un tráiler se quedó atorado. Otros dos ya se cayeron por allá”, apuntó la vecina mientras describía los riesgos en el área de la calle Cacique Lambaré y Jow Von Sastrow.
Pobladores que viven en el referido tramo refirieron que recientemente se han presentado trabajadores que actuaron en equipo, de forma “superinvasiva”, para destruir veredas particulares y árboles nativos, sin reponer los daños a la propiedad privada.
Entretanto, según los vecinos, la única presencia de la Municipalidad es la que se hace notar con la entrega de las boletas de los impuestos. Vecinos de distintos barrios de Asunción informaron a este diario que muchas de las boletas llegaron a las casas con trípticos propagandísticos de la gestión de Luis Bello al frente del Municipio.
Inundaciones en zona del Abasto
Por si todo esto fuera poco, también hay reclamos vecinales que apuntan a un agujero ubicado al final de Von Sastrow, camino al Mercado de Abasto. Aquí, de acuerdo con los vecinos, no solo el paso de los vehículos se ve perjudicado. El sitio, durante las lluvias, también es escenario de inundaciones que llegan a tocar las viviendas.
“No se puede pasar ahí, ya no se puede pasar ni caminando”, indicó una vecina que vive en las proximidades del sitio. El origen de este problema, como explicó la pobladora, parece estar directamente vinculado al colapso del sistema de desagüe del Abasto, que afecta de manera desproporcionada a la calle, puesto que el agua se acumula en el lugar.
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La zona, en este sentido, funciona como una especie de “canaleta”, donde desemboca todo el flujo de agua del mercado, además de los desechos.
La obra de desagüe que se realiza en el barrio San Pablo, y por la que sufren los vecinos, corresponde a la cuenca Itay y es un proyecto incluido en el plan de inversión del bono G8 (G. 360.000 millones), emitido en 2022 durante la administración de Nenecho. Dichos fondos se emitieron para financiar ocho obras de desagüe, pero solo cuatro iniciaron. Según el gabinete de Luis Bello, el dinero de los bonos ya no existe.
La empresa, Consorcio Pluvial Abasto, informó recientemente que la Municipalidad de Asunción debe G. 15.000 millones por dicha obra, y que hay conversaciones “permanentes” con las autoridades municipales por medio de las cuales se busca “detectar y encontrar soluciones técnicas y financieras para proseguir con la ejecución de obras en un ritmo adecuado”.