15 jul 2026

Daño colateral

A toda acción corresponde una reacción de igual magnitud, pero en sentido contrario. Esta es la tercera ley de Newton, que estudiamos en Física, aunque es perfectamente aplicable a la vida diaria.

Sin embargo, en los últimos acontecimientos entre la senadora Celeste Amarilla y el futbolista Kylian Mbappé, esto no se dio, ya que en realidad la reacción y todo lo que se produjo después fue totalmente desproporcionado porque tuvo otras víctimas colaterales.

Es que la legisladora se pasó en sus comentarios en redes sociales, evidentemente movida por la rabia sobre lo ocurrido especialmente en la conducta del francés, cuando el arquero albirrojo quiso pasarle la mano y este lo ignoró, a más de otros gestos de desprecio.

No obstante, la reacción del jugador fue bastante fuerte también, respondiendo y atacando a la parlamentaria en redes sociales.

A esto se sumó el presidente francés, la federación de fútbol su país, que incluso denunció penalmente a la senadora por sus dichos. A más de esto, una ministra le hizo saber que, si viajaba a ese país, no iba a ser bien recibida.

Igualmente, en el Paraguay, desde el presidente hasta sus colegas senadores pusieron distancia sobre los dichos de Amarilla, deslindando cualquier responsabilidad y rechazando el racismo en todas sus formas.

Por el lado de Amarilla, la misma reconoció su error, pero también exigió disculpas por parte del futbolista, amenazando incluso con que iba a hacer la denuncia por violencia contra la mujer.

La escalada fue bastante fuerte desde todos los aspectos. Pero la gota que colmó el vaso fue que el conflicto entre dos personas se extendió hacia todos los habitantes de este bendito país los que quedamos como víctimas colaterales.

Empezó con un escritor y periodista uruguayo, que exhibió las imágenes de la quema de Judas durante una fiesta de San Juan en nuestra capital, con la máscara de Mbappé, algo folclórico en el Paraguay, especialmente con los políticos o personajes de turno.

El comunicador, en un desprecio total por la verdad sobre esta tradición nacional, describió el hecho como una fiesta pagana y calificó a todos los paraguayos como personas que eran capaces de quemar en una plaza pública al futbolista. Algo así como miserables asesinos.

A más de ello, una influencer francesa con más de un millón y medio de seguidores sostuvo que los paraguayos habían hecho una limpieza étnica, y que hace unos pocos años recién hubo una legislación en contra de la discriminación. Por supuesto que esta vez ninguna autoridad nacional salió en defensa del país como lo hicieron tras los dichos de la congresista.

Evidentemente, la sociedad paraguaya fue la víctima de esta escala del conflicto que no tiene precedentes, y que demuestra lo poco dispuestos que estamos a tratar de arreglar los conflictos, sino que en realidad se prefiere agrandarlos.

Lo malo en todo esto es que la cuestión se salió de las manos y al final todos los habitantes quedamos como unos racistas, que es lo más alejado de la realidad.

Esto, pese a que, otra legisladora, en una entrevista, señaló que en realidad hay mucho racismo y discriminación en el Paraguay. Reclamó también por la aprobación de una ley antidiscriminación.

Lo que argumenta es que esta normativa debe tener instancias previas para solucionar entre las partes, desde una visión educadora más que nada. Deseó que exista una educación de ciudadanía.

También habló desde la perspectiva de nuestra vida diaria en la que vemos que se van dando frases ofensivas, discriminación por cuestiones de salud, edad, peso, orientación sexual, preferencias políticas, clase social, etcétera.

Abogó porque se abra el debate respecto al tema, dando ideas para modificar el proyecto anterior que no había sido aprobado.

El conflicto entre la legisladora y el futbolista escaló hasta puntos inimaginables y hubo víctimas colaterales que fuimos calificados como racistas sin motivo alguno. La verdad es que no somos perfectos, pero tampoco somos los peores. Es necesario un debate sobre el tema para reconocer nuestros defectos y virtudes.

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