“Con el paso del tiempo muchos de nosotros nos vamos gastando. Se gasta la paciencia, se gasta la esperanza, se gasta la fe. Seguimos viviendo, trabajando, hablando… pero ya no alumbramos como antes. La lámpara sigue encendida, pero la luz es débil”, expresó al describir un desgaste espiritual que –dijo– también se refleja en la vida comunitaria.
El purpurado afirmó que cuando el corazón se endurece surgen actitudes como la ironía, el sarcasmo y la indiferencia.
“Como decimos en guaraní: Ñañembohory ha ñañomi ñande kangy, nos burlamos y escondemos nuestras debilidades. Pero hoy (…) la Iglesia nos invita a quitarnos las máscaras. Jaipe’a ñande maskára ha ñañemboja Ñandejára rendápe”, señaló, invitando a vivir una Cuaresma “con un corazón sincero, sin cera, tal como somos ante Dios”.
Sostuvo que la conversión de este tiempo no es solo individual, que cuando un corazón se convierte cambia una familia, cuando muchas familias cambian, cambian el barrio y la sociedad.
“Cuando en la sociedad suben la violencia, la mentira, la corrupción o la indiferencia, y bajan la solidaridad, la justicia, la verdad y la compasión, significa que los valores del cuerpo social están alterados y la comunidad se debilita”.
Definió la Cuaresma como “tiempo de diagnóstico y también de tratamiento” y recordó que Jesús es “médico de nuestras almas”, que ofrece remedios concretos como “el sacramento de la reconciliación (…) la eucaristía” y el camino de “las tres A: el ayuno, que purifica nuestros deseos; la ayuda, que abre nuestras manos al hermano necesitado, y el acercamiento a Dios, en la oración sincera”.
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Pidió recuperar la confianza entre vecinos, el respeto a los niños, el cuidado de los ancianos, la honestidad y la justicia institucional.
Advirtió que cuando estos valores se alteran “aparecen enfermedades sociales como la violencia, el abandono, la desigualdad y la desesperanza”.
Durante la celebración, elevó una oración por el niño Tobías Suárez, arrastrado por los raudales tras las recientes lluvias en la zona de San Lorenzo, y pidió consuelo para su familia.
Recordó además la figura bíblica de Tobías, acompañado por el ángel Rafael, como signo de esperanza para las familias que confían en Dios.
“El Evangelio nos muestra el camino para volver a encender la lámpara: la oración que nos devuelve a Dios, el ayuno que purifica el corazón, la limosna que devuelve el amor a los demás. Estas prácticas son el aceite que mantiene viva la luz de la fe y nos ayudan a recuperar y estabilizar nuestros valores personales y comunitarios”, concluyó.