04 feb. 2026

Cuando la diplomacia escribe historia en tiempo presente

La firma del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y el Mercosur, celebrada en Asunción bajo la presidencia pro témpore paraguaya, representa algo más que un hito comercial; es la concreción de un esfuerzo de décadas que encuentra su momento en medio de profundas redefiniciones del orden global.

En el Gran Teatro José Asunción Flores del Banco Central, las delegaciones se reunieron no solo para formalizar un pacto económico, sino para construir un mensaje geopolítico que trasciende los flujos comerciales: En un mundo marcado por la fragmentación, la tensión entre bloques y el repliegue nacionalista, dos regiones apuestan por la cooperación institucionalizada como vía de desarrollo.

Este acuerdo lleva consigo el peso de más de dos décadas de negociaciones interrumpidas, postergadas y retomadas. Desde 1999, cuando se iniciaron las conversaciones formales, hasta enero de 2026, el camino estuvo marcado por divergencias políticas, cambios de gobierno en ambas regiones, disputas sobre estándares ambientales y agrícolas, y resistencias internas en sectores sensibles de ambas economías.

La firma en Asunción no es el producto de una inspiración repentina, sino de una construcción paulatina que requirió consensos difíciles tanto al interior del Mercosur como en la propia Unión Europea. Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay debieron conciliar intereses diversos y agendas nacionales no siempre alineadas. Del lado europeo, las presiones de Francia y otros países agrícolas representaron obstáculos permanentes que solo pudieron superarse mediante concesiones mutuas y la construcción de confianzas.

Si bien el acuerdo contempla aspectos centrales de liberalización comercial, reducción arancelaria y facilitación de inversiones, su verdadero alcance debe leerse en clave geopolítica. En un contexto en el que las cadenas de suministro se reconfiguran, en el que la dependencia de ciertos mercados se percibe como vulnerabilidad estratégica, y la competencia por recursos naturales se intensifica, el pacto entre Europa y el Mercosur ofrece estabilidad, previsibilidad y diversificación.

Para el Mercosur, el acuerdo representa una oportunidad de posicionarse como socio confiable en un escenario global incierto. Para Europa, implica asegurar acceso a recursos energéticos, agrícolas y minerales en un momento cuando la autonomía estratégica se ha convertido en prioridad política tras la guerra en Ucrania y las tensiones con China.

No se trata solo de abrir mercados, sino de construir alianzas que trasciendan lo económico y aborden desafíos compartidos; la transición energética, la sostenibilidad ambiental, la cooperación en ciencia y tecnología, y la defensa de sistemas multilaterales en un momento de creciente unilateralismo.

La elección de Asunción como sede de la firma no es casual ni meramente simbólica. Paraguay, históricamente percibido como el socio menor del Mercosur, asume en este acto una centralidad diplomática inédita. Este protagonismo tiene implicancias concretas; refuerza la imagen internacional del país, abre oportunidades para atraer inversiones y coloca a Paraguay en el mapa de los actores relevantes de la integración regional, pero también implica responsabilidades: Liderar la implementación del acuerdo, gestionar las expectativas internas y convertir el impulso político en resultados tangibles para el sector productivo y la ciudadanía.

La firma del acuerdo no es un punto de llegada, sino el inicio de una etapa compleja. El proceso de ratificación en los parlamentos de los países miembros de ambas regiones será largo y, probablemente conflictivo, como bien lo muestra la decisión tomada por el Parlamento Europeo de suspender el proceso de ratificación mientras solicita al Tribunal de Justicia de la Unión Europea que analice la compatibilidad del Acuerdo con los tratados fundacionales de la UE, además no debe descartarse que sectores agrícolas europeos, organizaciones ambientalistas y grupos políticos escépticos de la globalización puedan plantear resistencias significativas.

En el Mercosur, el desafío será armonizar las políticas nacionales para aprovechar las ventajas del acuerdo sin generar asimetrías que profundicen las desigualdades internas. Pequeños y medianos productores, industrias sensibles y regiones dependientes de ciertos sectores económicos requerirán políticas de acompañamiento y compensación.

Además, el acuerdo deberá demostrar que es compatible con los compromisos ambientales que ambas regiones han asumido. La deforestación, el uso de agroquímicos y las condiciones laborales en cadenas productivas serán objeto de escrutinio permanente. La credibilidad del pacto dependerá de su capacidad para equilibrar crecimiento económico con sustentabilidad.

Lo sucedido en Asunción el 17 de enero de 2026 es un recordatorio de que la diplomacia, cuando se ejerce con paciencia, visión estratégica y capacidad de construcción de consensos, puede abrir caminos en medio de la incertidumbre. La firma del Acuerdo UE-Mercosur no resuelve todos los desafíos de la integración regional ni garantiza automáticamente prosperidad, pero sí establece un marco institucional que antes no existía.

En un mundo donde el multilateralismo está bajo presión, donde las grandes potencias ensayan formas de relacionamiento cada vez más transaccionales, y donde la cooperación internacional enfrenta desconfianzas crecientes, este acuerdo es una apuesta por la institucionalidad, el diálogo y la construcción de reglas compartidas.

Para Paraguay, este momento es una oportunidad histórica de consolidar su rol en la región y proyectarse con mayor protagonismo. Para el Mercosur, es la posibilidad de demostrar que puede actuar con cohesión en el escenario global. Para Europa, es una confirmación de que la asociación con socios democráticos y confiables sigue siendo una prioridad estratégica.

El acuerdo firmado UE-Mercosur no es solo un documento técnico sobre aranceles y cuotas. Es una declaración de principios sobre cómo dos regiones deciden relacionarse en el siglo XXI, y sobre qué tipo de globalización prefieren construir: Una basada en la cooperación, el respeto mutuo y la búsqueda de beneficios compartidos.

El tiempo dirá si esta apuesta próspera, pero en el Gran Teatro José Asunción Flores, ubicado en Asunción, capital del Paraguay, por unas horas, la diplomacia volvió a escribir historia.

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