01 abr. 2026

Conmoción

El Gobierno quiere dar la apariencia de que le preocupa la inseguridad y decidió con un decreto de clara inconstitucionalidad sacar a los militares a las calles para combatirla.

Los policías, que mantienen una larga disputa con los militares, han pegado el grito en el cielo, afirmando que esa tarea les compete y que los uniformados no poseen ni el entrenamiento ni la capacidad para combatir a los delincuentes.

En realidad, lo que no existe es voluntad de luchar contra un problema más grave y complejo que sacar a los militares a las calles.

No hay sanción ni costo para el delincuente y el negocio del crimen paga muy bien... Y con intereses. Está profundamente metido en la vida política nacional con varios representantes que se ríen de estas maniobras, decretos e incluso acuerdos internacionales.

Aquí en entre nosotros como en los tiempos coloniales: Las leyes se acatan, pero no se cumplen.

Democracia. Vivimos en democracia y la única manera en que se pueden sacar a los militares para cuestiones de seguridad es que haya conmoción interna, que no reconoce ni el Gobierno ni la sociedad que estemos.

Sin eso, constitucionalmente no se puede sacar a los militares para combatir la delincuencia común que está tan sofisticada que hoy mueve más de 23 mil millones de dólares al año, la mitad del PIB. Ese volumen de dinero hace bailar a políticos, policías y ahora a militares.

Si cometes un crimen en Paraguay tienes solo un 5% de posibilidades de que te investiguen y solo 1% que te condenen.

La mafia. Si fuiste ujier, modesto cargo en la estructura judicial, pero fuiste parte de la mafia de los pagarés, no vas preso, sino que te nombran profesor de Derecho Político en la Facultad de Derecho de la UNA. Sus alumnos futuros fiscales o jueces o tal vez solo abogados, ¿qué mensaje recogen?

Nuestro problema con la delincuencia no está en las ramas, sino en la raíz que está podrida.

Si podemos tener un senador como Erico Galeano, procesado a cielo abierto, que mantiene su condición de legislador desde hace más de dos años y medio sin que nadie se escandalice, podemos entender que la inseguridad es sistémica entre nosotros y sus protagonistas se ríen de quienes debieran combatirla.

No tenemos Ministerio Público, jueces ni instituciones cuyas acciones estén enderezadas a combatir la corrupción convertida en la matriz de la inseguridad. Ellos han capitulado hace rato que a nadie le importa a quienes imputan o amagan condenar. Finalmente, saldrá por buena conducta tras unos pocos meses de una condena de más de 10 años como el hermano del presidente del Congreso o el ex gobernador de Central.

Impunes. Paraguay es el reino de la impunidad y mientras eso no cambie, nada cambiará con militares o sin ellos.

La corrupción también es parte de la vida castrense como lo demuestran los hechos cotidianos y algunos pocos condenados en esta democracia. El abandono de los cuarteles es inmenso que un ex uniformado que luego de años de servicio comentó que generales cobran por alquileres de casa en villas militares, compras de insumos y alimentos mientras él como personal militar en 7 años solo pudo disparar 5 veces su arma reglamentaria porque las balas se pudren en las armerías de los cuarteles. Paraguay vive un abandono del concepto de seguridad ciudadana que hoy la mitad de Asunción y de cualquier ciudad de más de 10 mil habitantes tienen a sus marginales viviendo en condiciones donde se incuba la criminalidad y la delincuencia y de donde salen nuestros militares y policías.

Estamos con convulsiones y requerimos terapia intensiva de urgencia solo que los hospitales públicos tampoco funcionan.

Anunciar la salida de los militares es admitir el mayor fracaso de este Gobierno, que se felicita por haber colocado 10 mil nuevos policías en las calles, y preparar otros 5 mil para este año.

Si con todo eso no podemos identificar autores de secuestros, robos de bancos, narcotráfico y otros modos del crimen organizado, es porque el diseño está para seguir con la inseguridad con uniformados o sin ellos.

Esto, sí, tendría que conmovernos de verdad.

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