CIUDAD DEL ESTE
La escena se repite cada fin de semana en el Hospital Regional de Ciudad del Este: camillas ocupadas, pacientes accidentados que llegan desde distintos puntos de Alto Paraná, fracturas que requieren internaciones prolongadas y una terapia intensiva que trabaja prácticamente sin margen de disponibilidad. En este escenario, el anuncio del presidente Santiago Peña sobre la construcción del nuevo Hospital General del Este vuelve a instalar una expectativa largamente aguardada por médicos y pacientes.
El director del Hospital Regional, doctor Cristhian Martínez, describió la presión que soporta el principal centro asistencial público de Ciudad del Este. La urgencia dispone normalmente de ocho camillas, aunque en jornadas de alta demanda puede llegar a atender a 15 o 16 pacientes al mismo tiempo. “Estamos siempre acá al tope”, resumió el médico, al explicar que el servicio debe recibir tanto pacientes clínicos como accidentados que requieren atención de cirugía y traumatología.
Los accidentes de tránsito, principalmente los protagonizados por motociclistas, representan una parte importante de esa demanda. El último fin de semana de mayor movimiento dejó 35 accidentados atendidos en el hospital.
La presión también se traslada a las salas de internación. Los pacientes con fracturas graves, especialmente de fémur, deben permanecer hospitalizados mientras se consiguen los materiales de osteosíntesis y se programa la cirugía. Según Martínez, ese proceso puede extenderse entre una y dos semanas.
La situación se vuelve aún más compleja cuando un accidentado necesita terapia intensiva. Un paciente con traumatismo craneoencefálico que requiere intubación puede ocupar una cama durante al menos 10 días, siempre que evolucione favorablemente. En otros casos, la internación puede prolongarse hasta un mes. “Si tiene un traumatismo craneoencefálico que se intubó, mínimamente son 10 días. Hay algunos que necesitan cirugía y van a 20 o 30 días”, explicó.
Expectativa. En este escenario de saturación, el anuncio del presidente Santiago Peña sobre la construcción del nuevo Hospital General del Este adquiere especial relevancia para Alto
Paraná. El proyecto contempla inicialmente 204 camas de internación y 56 unidades de terapia intensiva, con cobertura para más de un millón de personas de Alto Paraná y zonas aledañas.
Para Martínez, la noticia fue recibida con entusiasmo por el personal de salud. “La alegría es inmensa. Ese no es un sueño mío, ese es un sueño largamente anhelado por todos”, afirmó.
El director destacó la necesidad de contar con una infraestructura acorde con la población y la creciente demanda sanitaria de la región. “Nosotros sabemos que por lo menos necesitamos un hospital más digno”, expresó.
Sin embargo, advirtió que el desafío no pasa solamente por construir un edificio de gran tamaño y llenarlo de camas. “De nada te sirve hacer un hospital enorme, gigante, que nosotros no podamos completar, no se pueda mantener”, sostuvo.
Su planteamiento apunta a un sistema sanitario integrado, donde el nuevo hospital pueda coordinarse con los demás centros asistenciales de la región y concentrarse en especialidades y casos de mayor complejidad. “Tiene que ser trabajar en red. Todo un conjunto tiene que ser”, remarcó.
Mientras se aguarda la concreción del proyecto anunciado por el Gobierno, la realidad cotidiana continúa imponiendo presión sobre el Hospital Regional. Médicos y funcionarios deben administrar una demanda que, en jornadas críticas, supera la capacidad disponible.
Martínez también reclamó mejores condiciones para el personal de salud y para los usuarios. “Nosotros queremos, nos merecemos un hospital todo el personal de blanco, y no solo el personal de blanco, la población se merece”, afirmó.
Finalmente, insistió en que la salud pública debe estar por encima de las diferencias políticas. “Acá no hay color, acá no es rojo, azul, verde, amarillo. Acá es el pueblo, todos. El hospital es de todos y para todos”, expresó.
Carreras clandestinas
El médico puso especial énfasis en las carreras clandestinas, las maniobras peligrosas, la circulación sin casco y el consumo de alcohol antes de conducir. Consideró que la situación debe ser asumida como un problema social y no solamente sanitario. “No debemos ser cómplices de eso”, sostuvo.
A su criterio, la prevención requiere una participación más firme de las autoridades nacionales y municipales, además de una mayor educación vial.
El costo de cada accidente grave también termina recayendo sobre el Estado. Un paciente que permanece durante días en terapia puede necesitar medicamentos, sedación, monitoreo, oxígeno, cirugías y, posteriormente, rehabilitación. Las consecuencias, además, pueden prolongarse mucho después de abandonar el hospital.
Martínez explicó que quienes quedan con secuelas severas pueden necesitar traqueostomía, aspiración de secreciones, fisioterapia, rehabilitación, atención psicológica, una cama especial en su domicilio y traslados permanentes para controles médicos. “Son todas las cosas del paciente”, señaló, al dimensionar el impacto económico y social de los accidentes graves.
Terapia sin margen
Actualmente, las 20 camas de terapia intensiva del Hospital Regional están activas y ocupadas, según el reporte del director. Ante la falta de disponibilidad, las autoridades deben recurrir al sistema SEME para buscar espacios en otros hospitales del país.
Martínez citó el caso reciente de un paciente internado en Presidente Franco que necesitaba terapia intensiva. Al no existir una cama disponible en la zona, se encontró un lugar en Saltos del Guairá y se planteó la derivación.
“En el sistema de SEME, que es el sistema nacional, ellos reportan dónde se encuentra la cama y se utiliza eso”, explicó.
Para el director, el problema no se solucionará únicamente aumentando la cantidad de camas. La demanda continuará creciendo si no se atacan las causas de muchos de los casos, especialmente los accidentes de tránsito.
“Si vos abrís 300 terapias, las 300 terapias van a estar llenas”, advirtió.