08 sept 2026

Australia prohibirá redes sociales a menores de 16 años y expertos debaten su impacto

Australia aplicará a partir del 10 de diciembre una de las restricciones más estrictas del mundo en el acceso de niños a redes sociales, al prohibir que los menores de 16 años tengan cuentas en algunas plataformas, medida que ha generado un intenso debate entre especialistas, que discrepan sobre si los protege o los aísla y expone a mundos digitales menos supervisados.

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La red social Instagram declaró a Android Police que enviarán una carta de cese a Ghosty.

En un encuentro con corresponsales en Sídney este viernes, Catherine Page Jeffery, experta en prácticas juveniles en línea, y el profesor Terry Flew, académico en regulación digital, ambos de la Universidad de Sídney, expusieron visiones contrapuestas sobre la eficacia y pertinencia del veto, aunque coincidieron en la necesidad de reforzar el control sobre las plataformas tecnológicas.

Page Jeffery calificó la prohibición como “un instrumento demasiado burdo”, al considerar que responde de forma simplista a problemas complejos relacionados con el uso juvenil de Internet.

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Sostuvo que la evidencia científica que asocia redes sociales y salud mental es “inconclusa” y recordó que más de 140 académicos firmaron en 2023 una petición contra la medida, mientras diversas organizaciones de derechos de la infancia alertan de su potencial impacto negativo.

Según la investigadora, el acceso a plataformas digitales constituye para muchos adolescentes un espacio crucial de socialización, especialmente para jóvenes LGTBI, quienes viven en zonas remotas o en contextos culturalmente diversos.

También advirtió que el veto podría empujar a los menores hacia canales menos regulados y más difíciles de supervisar, lo que aumentaría en lugar de reducir los riesgos.

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“Si eliminamos por completo su presencia en redes, les quitamos la oportunidad de aprender a interactuar de manera segura”, afirmó, y señaló que esta prohibición puede “menoscabar el desarrollo de alfabetización mediática y pensamiento crítico”.

Por su parte, el profesor Terry Flew situó la nueva normativa en un marco global de desconfianza hacia la autorregulación de las plataformas.

Destacó que el poder concentrado en un reducido grupo de empresas ha configurado un ecosistema digital “orientado a la extracción de datos y a la manipulación algorítmica”, incluidos patrones publicitarios dirigidos a menores.

“La confianza en las promesas de autocontrol se agotó”, dijo, aunque reconoció que el vínculo entre redes sociales y daños psicológicos no es concluyente, y aseguró que existe “una preocupación pública sostenida” alimentada por episodios de angustia juvenil, especialmente tras la pandemia.

El experto dijo que, pese a que la industria prohibía desde hace décadas la participación de menores de 13 años, “nunca aplicó sus propias reglas”, lo que para él justificó una intervención más contundente por parte de Australia.

Desafío en la verificación de edad

Uno de los desafíos centrales será la verificación de edad, que requerirá un despliegue gradual de sistemas técnicos. El Gobierno australiano ha propuesto un modelo que combina tecnologías de reconocimiento facial, análisis de datos existentes en empresas y nuevos mecanismos desarrollados por las plataformas.

Según ambos expertos, muchos adolescentes podrían recurrir a cuentas falsas, perfiles de familiares o redes privadas virtuales, aunque Flew consideró que, si la presencia juvenil disminuye, las plataformas de por sí resultarán menos atractivas para sus coetáneos.

El profesor anticipó posibles impugnaciones legales, incluida una acción de la recién formada Coalición de Libertad Digital, que argumenta que la norma vulneraría el derecho implícito de los menores a la comunicación política.

También señaló la posibilidad de que empresas estadounidenses recurran la medida alegando conflicto con el acuerdo de libre comercio entre Australia y Estados Unidos.

Page Jeffery insistió en que la prohibición, por sí sola, no resolverá los riesgos digitales, y abogó por una estrategia más amplia que combine educación digital, acompañamiento familiar, herramientas de seguridad y mejoras en el diseño de las plataformas.

La comunidad internacional observa el caso australiano con atención. Países como Francia, Dinamarca y Nueva Zelanda estudian normas similares, a la espera de conocer si la iniciativa logrará reducir los daños asociados al uso adolescente de redes sin generar efectos secundarios indeseados.

Fuente: EFE

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