17 ago 2026

Asunción, una historia con tres fundadores y dos fechas de fundación

Durante casi cuatro siglos, la historia tradicional sostuvo que Asunción había sido fundada el 15 de agosto de 1536. Esa fecha se repitió en crónicas, historias generales y obras de referencia hasta convertirse prácticamente en una verdad indiscutida, y hasta la fundación se atribuyó durante ese mismo tiempo a Juan de Ayolas.

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La versión de la fundación en 1536 tenía uno de sus principales puntos de partida en el relato del soldado bávaro Ulrico Schmidl, quien participó de la expedición de Pedro de Mendoza y escribió posteriormente una relación de los acontecimientos del Río de la Plata.

Foto: Imagoteca.com

La versión de 1536 tenía una genealogía bastante clara. Uno de sus principales puntos de partida fue el relato del soldado bávaro Ulrico Schmidl, quien participó en la expedición de Pedro de Mendoza y escribió posteriormente su relación sobre los acontecimientos del Río de la Plata.

El primer golpe contra aquella tradición —y, hasta donde se sabe, el primer señalamiento público y documentado del error— se produjo en septiembre de 1894. Blas Garay tenía apenas veintiún años cuando decidió cuestionar públicamente la fecha que casi todos los historiadores aceptaban. Fue él, y no Domínguez, quien primero puso el problema sobre la mesa: ocho años antes de la disertación que consolidaría la nueva fecha, Garay ya sostenía por escrito que 1536 era insostenible. La discusión surgió a raíz de la obra de Alejandro Audibert, Los límites de la antigua provincia del Paraguay, que sostenía 1536 siguiendo la autoridad de Pedro Lozano.

Garay publicó una serie de artículos en el diario La Unión. El primero apareció el 4 de septiembre de 1894 y los siguientes fueron saliendo a lo largo de ese mes, hasta el 17 de septiembre. Su planteamiento era audaz: si se reconstruían cuidadosamente los movimientos de las expediciones españolas, la fecha de 1536 resultaba difícil de sostener. Garay no se limitó a afirmar que la fecha era equivocada: intentó demostrar por qué lo era. Su método consistió en reconstruir la secuencia de acontecimientos de la expedición de Pedro de Mendoza, establecer las fechas de partida y de los desplazamientos posteriores, y confrontarlas con los relatos de los cronistas. En uno de sus artículos sostuvo que la fecha tradicional, fijada por la mayoría de los historiadores en el 15 de agosto de 1536, debía trasladarse al año siguiente: 1537.

Estatua de Juan de Salazar, plaza frente al Cabildo.

Foto. Archivo

El punto fundamental de Garay era que los historiadores anteriores habían utilizado las fuentes de manera poco crítica. En particular, cuestionaba la forma en que se había interpretado el relato de Schmidl. No se trataba simplemente de sustituir una fecha por otra: había que reconstruir la cronología completa. Su hallazgo fue, ante todo, un hallazgo de método: llegó a la sospecha correcta por deducción cronológica, antes de que existiera la evidencia documental que años más tarde aportaría Domínguez.

La discusión adquirió mayor importancia cuando se comenzó a analizar qué estaban haciendo realmente los principales protagonistas durante 1536 y 1537. La hipótesis de una fundación realizada por Ayolas en agosto de 1536 encontraba dificultades cronológicas serias: según la memoria del escribano Pedro Hernández, Ayolas todavía se encontraba en Buenos Aires a mediados de 1536 y recién partió hacia el norte en octubre de ese año.
Por el contrario, la expedición de Juan de Salazar y Espinosa ofrecía una secuencia mucho más compatible con la fecha de 1537. Salazar había partido de Buenos Aires en enero de ese año, enviado en busca de Ayolas. Su recorrido hacia el norte y las circunstancias de la expedición permiten situar su llegada a la región de Asunción en agosto de 1537. La reconstrucción cronológica se convirtió así en una de las principales armas contra la vieja fecha. Pero todavía faltaba algo más importante: documentos producidos por personas que habían vivido aquellos acontecimientos, y esa prueba documental —a diferencia de la intuición cronológica de Garay— llegaría recién con Manuel Domínguez.

Y si bien, a nivel local, se atribuye a Garay la primera corrección, ya en 1871 aparece en el relato del diplomático e historiador estadounidense Charles Ames Washburn. Washburn coincide con Domínguez en la fecha —el 15 de agosto de 1537—, pero traslada el protagonismo de Salazar a su compañero Gonzalo de Mendoza.

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Procesión de la Virgen de la Asunción. En el centro, Mons. Aníbal Mena Porta. Asunción, febrero de 1949.

Foto: Imagoteca.com

Según su relato, después de que Ayolas se internara hacia el oeste sin regresar jamás, una expedición de rescate al mando de Gonzalo de Mendoza y de Salazar de Espinosa llegó hasta Candelaria, en la zona de Olimpo, y desde allí descendió el río. Es Gonzalo de Mendoza, en la versión de Washburn, quien eligió el sitio, ordenó construir el fuerte y le dio nombre: “De inmediato comenzó a construir un fuerte; y como el día en que empezó esta obra resultó ser el 15 de agosto [1537], que en el calendario católico es el día de la Asunción de la Virgen, dio a ese lugar el nombre de La Asunción”. Salazar, mientras tanto, habría regresado a informar a Corpus Christi y Buenos Aires.

Washburn fecha el episodio con precisión —ya en 1537— y lo usa además para una comparación que le interesaba especialmente como autor norteamericano: que Asunción es, por lo tanto, más antigua que cualquier ciudad de los Estados Unidos, anterior incluso a Plymouth y Jamestown.

La controversia iniciada por Garay en 1894 no terminó ese mismo año, pero tampoco tuvo continuidad inmediata en el terreno documental. Fue casi una década más tarde cuando la investigación alcanzó una nueva dimensión, de la mano de Manuel Domínguez.

Durante su trabajo vinculado al Archivo Nacional, especialmente entre 1898 y 1902, Domínguez profundizó la búsqueda de documentos del siglo XVI y comenzó a divulgarlos en cuadernillos. Su aporte fue fundamental porque desplazó la discusión desde la comparación de crónicas —el terreno en el que se había movido Garay— hacia el examen de fuentes primarias y testimonios contemporáneos a la conquista.

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Juan de Salazar y Espinosa.

Foto: Archivo

El 19 de marzo de 1902, Domínguez presentó una disertación histórica que tuvo especial importancia en la consolidación de la nueva interpretación. La cuestión ya no era solamente qué decía Schmidl, sino qué decían los documentos de quienes habían estado allí. Y las respuestas resultaron mucho más contundentes que las de 1894, porque ya no se apoyaban en una reconstrucción de fechas sino en testimonios directos.

Uno de los documentos fundamentales fue el testimonio del escribano Pedro Hernández, personaje estrechamente vinculado a los acontecimientos de la conquista y encargado del archivo de la gobernación. La documentación atribuida a Hernández proporcionaba elementos concretos para reconstruir la actuación de Salazar y la cronología de los acontecimientos. Esto tenía un enorme valor historiográfico: ya no se trataba de una crónica escrita años después desde la memoria, sino de documentación vinculada directamente con los protagonistas y con la administración de la expedición.

Quizá uno de los elementos más significativos fue que el propio Juan de Salazar se presentó como fundador. En documentación posterior, Salazar reivindicó explícitamente su condición de primer poblador y fundador de la ciudad: en una comunicación del 20 de marzo de 1556, llegó a identificarse como el “primer poblador y fundador de esta ciudad”.

Investigador.
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