25 ago 2026

Alto endeudamiento: Barrera para el acceso a la vivienda en Paraguay

Los datos del Banco Central del Paraguay (BCP) y reportes de la Agencia Financiera de Desarrollo (AFD) dan cuenta de la contradicción existente entre una cartera crediticia en expansión para la vivienda y el rechazo del 60% de las solicitudes de crédito para la vivienda por el sobreendeudamiento derivado de los créditos de consumo que crecieron un 40% en los últimos 12 meses y compromete severamente la capacidad de pago de los hogares, limitando su elegibilidad y perpetuando el déficit habitacional en el país.

El acceso a una vivienda digna es uno de los pilares fundamentales para el desarrollo de un país y un indicador clave del bienestar de su población. El déficit habitacional ha sido un desafío que las políticas públicas han intentado mitigar a través de diversos programas de financiamiento estatal y alianzas con el sector privado.

Sin embargo, mientras el sistema financiero paraguayo crece, la gran mayoría de los ciudadanos de clase media y trabajadora no logra calificar para obtener un préstamo hipotecario. Este fenómeno responde a un problema estructural: El sobreendeudamiento.

El crecimiento del crédito de consumo erosiona la capacidad de endeudamiento a largo plazo de las familias, actuando hoy como la principal barrera de entrada al mercado inmobiliario formal.

Al cierre del primer cuatrimestre de 2026, el saldo de los préstamos financiados por las instituciones bancarias alcanzó los USD 30.000 millones. Los datos oficiales del Banco Central del Paraguay (BCP) indican que el crédito de consumo lidera la demanda de préstamos, representando el 19% del total del sistema financiero significando un aumento del 40% en comparación con el mismo mes del año 2025.

Este renglón absorbe el financiamiento de gastos personales, viajes, estudios, adquisición de bienes no duraderos y, de manera crítica, el financiamiento a través de tarjetas de crédito.

El caso específico de las tarjetas de crédito es un termómetro de las presiones inflacionarias y de consumo sobre los ingresos laborales. El fuerte crecimiento del crédito de consumo refleja una dependencia cada vez mayor del endeudamiento a corto plazo y a tasas generalmente más altas para sostener el nivel de vida o enfrentar gastos corrientes. Esta carga financiera de corto plazo choca contra los requisitos exigidos para calificar a un crédito hipotecario y el resultado es el rechazo a las solicitudes.

El impacto directo de este aumento acelerado en los niveles de consumo a crédito se materializa en las ventanillas de evaluación de los programas habitacionales impulsados por el Gobierno. El 60% de las solicitudes de crédito para la vivienda son rechazadas. Dicho en otros términos, apenas cuatro de cada diez paraguayos que inician el trámite logran superarlo.

Según registros expuestos por la Agencia Financiera de Desarrollo (AFD), el 35% de los rechazos obedecen exclusivamente al “nivel de endeudamiento elevado”. A esto se suma un 25% de solicitantes que incumplen las políticas de las instituciones financieras como mora o antecedentes negativos de pago.

La incapacidad sostenida de las clases medias y trabajadoras para acceder a viviendas propias contribuye al crecimiento urbano desordenado y expande la mancha urbana hacia una periferia cada vez más lejana exacerbando la desigualdad patrimonial y encareciendo los costos logísticos del ciudadano. Además, limita la expansión del sector de la construcción de viviendas, con alto efecto multiplicador en la economía.

La combinación entre un crédito de consumo elevado y una demanda habitacional persistentemente insatisfecha plantea desafíos para la política pública. Paraguay necesita articular políticas integrales que vayan más allá de la oferta de créditos. Es necesario implementar planes de consolidación de deudas y políticas laborales y productivas que mejoren y estabilicen los ingresos y formalicen el trabajo. Adicionalmente, mejorar los servicios públicos de manera que las familias destinen sus recursos a la vivienda y no a subsanar la mala calidad. Sin estos cambios, el crédito continuará fluyendo hacia el consumo, mientras que la vivienda propia y de calidad seguirá siendo un lujo para la mayoría de los paraguayos.

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