18 feb. 2026

Alberto Rodas, reflexiones de la transición vivida

La primera vez que vi a Alberto Rodas fue en 1996, en uno de esos festivales que solían hacerse en la Plaza de la Democracia, donde participaban varios artistas y un tren de oradores.

Por aquel tiempo, la transición a la democracia pasaba de su primer lustro. En el aire flotaba todavía la efervescencia de la caída de la larga dictadura del infame Stroessner.

También, unos meses antes, los jóvenes carapintadas habían salido a la calle para evitar que el ex general Lino Oviedo sea designado ministro de Defensa de Wasmosy.

Una noche antes hasta ese momento el extinto militar había realizado el intento más serio de su hobby predilecto: Llevar adelante un golpe de Estado.

En aquel festival, Alberto se preparaba para dar su recital. Como no estaba satisfecho con el sonido, le reclamaba al técnico los ajustes que hacían falta. Cuando todo estuvo a punto, el cantante y compositor desplegó su repertorio ante el público presente en la plaza en la templada noche asuncena.

Antes de verlo, por primera vez, ya sabía algunas cosas de él. Era una de las figuras más destacadas del rock paraguayo de los 80, que había escrito, compuesto y cantado temas que ya son inmortales como Pequeño Adrián y ¿Dónde están?

A finales del 94, literalmente todo el mundo conoció a Alberto Rodas. Fue cuando él y otras personas del asentamiento Sebastián Larrosa, ubicado en Fernando de la Mora, se desnudaron frente a un batallón de policías para detener el desalojo.

La protesta en traje de Adán despertó la burla de mucha gente. No de los habitantes del asentamiento que habían padecido la brutalidad de la fuerza policial en varias ocasiones. Tampoco para el creador de Pequeño Adrián, que incluso y había sido encerrado en la cárcel de Tacumbú en tres ocasiones.

De aquella protesta en bolas, no solo quedó la anécdota. Finalmente, los pobladores lograron obtener la tierra, que actualmente es la Villa Sebastián Larrosa.

Con los años fui conociendo más de la vida de Alberto. Hubo un momento de su vida que los demonios internos pasaron al frente. Hace ya un buen tiempo, en una noche de caluroso enero tuvimos una velada pugilística en el mítico bar El Rubio.

Si algo hay algo que nunca se detuvo en la vida de Rodas, además de su compromiso social, fue la música. Quizás sea uno o el más prolífico compositor y creador de temas propios dentro de la escena musical local. Un cuaderno lleno de sus las letras de sus canciones es la mejor prueba.

Ojalá esté recibiendo las regalías por sus creaciones escuchadas e interpretadas en varias partes del mundo. ¿Dónde están? ya es un himno universal. Hablar de la trayectoria y la vida de Alberto Rodas es recorrer también las esperanzas y desesperanzas de toda una generación que entre la adolescencia e inicio de la juventud vio los últimos años de la dictadura. Ellos, que plenamente conscientes se ilusionaron con la euforia democrática y el alerta siempre presente en los primeros años ante la amenazante bota militar.

También quienes esperaron en vano la verdadera justicia ante la riqueza mal habida de los jerarcas y sus familias, la justicia social y la respuesta ante el ¿Dónde están los desaparecidos?, que hasta ahora aguarda respuesta.

También celebraron con las generaciones que vinieron después y de las de antes, cuando creían apagada su alegría, la histórica noche del 20 de abril del 2008.

Ahora, como muchos, para esa generación también la incertidumbre y el pesar se extiende en el horizonte ante esta nueva cuasidictadura.

Aún en estos tiempos marchitos, la música y letra de Alberto sigue sonando como un himno. Sus canciones son homenajes a la historia de un país que aún le debe el merecido homenaje. Son también un recuerdo para Vicente, Mario Rubén, Bebecha y todos aquellos que ya no están, pero viven en nosotros eternamente.

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