El acuerdo de cooperación nuclear civil entre Paraguay y Estados Unidos, firmado la semana pasada, representa mucho más que la posibilidad de acceder a tecnología para el desarrollo energético y científico. Para el analista internacional Jorge Codas Thompson, el entendimiento debe ser interpretado dentro de un proceso más amplio de acercamiento estratégico entre Asunción y Washington, que podría profundizarse en los próximos años.
Codas aclaró que el acuerdo es esencialmente civil y que Paraguay podrá acceder a conocimientos y tecnología nuclear para generación de energía e investigación científica, siempre bajo mecanismos de supervisión que garanticen que el uso de esa tecnología no tenga fines militares.
Sin embargo, considera que su importancia trasciende el aspecto técnico. “El significado estratégico que tiene el acuerdo se debe más bien al creciente estrechamiento de relaciones entre los dos países”, aseguró.
Según explicó, ese acercamiento se produce en un contexto en el que Paraguay ha venido alineándose progresivamente con la política exterior estadounidense en cuestiones estratégicas y regionales, entre ellas la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado.
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Componente geopolítico
Aunque el especialista remarcó que el componente principal del acuerdo es técnico, reconoció que existe una dimensión geopolítica que no puede ser ignorada.
“Existe un componente geopolítico en el sentido de que otorga a los Estados Unidos una influencia creciente en el Paraguay”, mencionó.
A criterio de Codas, ese mayor peso de Washington en Paraguay también puede traducirse en un respaldo político para los intereses estadounidenses en organismos multilaterales.
“Estados Unidos se va a asegurar de tener un aliado estrecho para los aspectos de la política exterior que necesiten de un apoyo político, por ejemplo, en la OEA o en las Naciones Unidas”, sostuvo.
El analista, sin embargo, volvió a poner el énfasis en que el mayor beneficio inmediato para Paraguay estaría vinculado con el acceso a tecnología y energía nuclear para fines pacíficos, bajo supervisión.
China y Taiwán
Otro de los factores que Codas considera determinantes para comprender el fortalecimiento de los vínculos entre Paraguay y Estados Unidos es la creciente competencia entre Washington y Pekín.
El especialista sostuvo que Estados Unidos ha intensificado su política de contención de la influencia china en el hemisferio occidental y que Paraguay ocupa una posición particularmente sensible debido a su relación diplomática con Taiwán.
“Paraguay es muy especial porque es el único país de Sudamérica que aún tiene relaciones diplomáticas con Taiwán”, resaltó.
Desde su perspectiva, el acercamiento genera beneficios para ambas partes: Estados Unidos obtiene un socio alineado con sus intereses regionales, mientras Paraguay consigue un mayor respaldo frente a la presión diplomática y económica de China.
“El beneficio es por partida doble. Estados Unidos obtiene un aliado fiel a sus políticas en materia exterior y Paraguay obtiene una mayor protección ante los avances que China ha hecho últimamente con respecto a las relaciones diplomáticas con Taiwán”, aseguró.
Codas ubicó esta situación dentro de una estrategia estadounidense más amplia destinada a reducir la presencia e influencia china en América Latina.
Señaló que el escenario internacional también condiciona la capacidad del gobierno de Santiago Peña para mantener una política exterior más independiente. Para Codas, el margen de maniobra paraguayo es actualmente reducido debido a la posición que el país mantiene frente a las dos principales potencias mundiales.
“A estas alturas de su gobierno, el margen de maniobra que tiene el presidente Peña es muy estrecho”, mencionó.
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La encrucijada del Mercosur
En paralelo a este reacomodo geopolítico, el Mercosur atraviesa una etapa que Codas califica como “bisagra”.
El analista considera que el bloque venía atravesando un periodo de estancamiento, pero observa nuevas posibilidades de dinamización a partir del acuerdo comercial con la Unión Europea y de la búsqueda de nuevos entendimientos con otras potencias, como Japón.
“El Mercosur se halla hoy en un momento político que podemos calificar de bisagra”, señaló.
Para Codas, el desafío será determinar si los actuales gobiernos son capaces de aprovechar ese nuevo impulso para profundizar la integración regional.
“Depende de la visión y el liderazgo de los actuales líderes de cada país miembro para que este reavivamiento del Mercosur se convierta en una tendencia que incluso se profundice”, mencionó.
Pero el principal obstáculo político para ese proceso de revitalización es, según el analista, la creciente tensión entre Brasil y Argentina.
Codas considera que ambos países atraviesan el momento más delicado en sus relaciones desde la creación del Mercosur mediante el Tratado de Asunción.
“Ambos países habían tenido sus diferencias, pero siempre manejadas dentro del ámbito político-diplomático, no como sucede ahora, donde hay insultos personales, descalificaciones y una tendencia a satanizar al otro por diferencias ideológicas”, lamentó.