La sede del club El Porvenir Guaireño, centro de la actividad social y cultural de Villarrica, fue fundada el 25 de diciembre de 1888. La actividad principal del club fue interrumpida durante la contienda del Chaco para ser utilizado como hospital de sangre.
Posteriormente retomó su ritmo acostumbrado, y se registraron los principales acontecimientos sociales, culturales e históricos de Villarrica. Se lo conoce como la primera entidad del país, pues no hay otra institución que cumpla ese rol y que tenga más antigüedad.
Construida a principios del siglo XX (de 1917 a 1919), bajo diseño y dirección de obras del ingeniero Luis Zin, esta distinguida edificación continúa hasta hoy erigiéndose no solamente como un valioso y significativo patrimonio arquitectónico, histórico y urbano de la ciudad de Villarrica. En sus salones está escrita la memoria colectiva de su población.
También se ocupó de dar espacio para que educadores, como Ramón I. Cardozo y Delfín Chamorro, plantearan los problemas y necesidades de la educación popular de esa época. Fue visitado por altas personalidades de la política e, incluso, por el mismo ex presidente Juan Domingo Perón en su exilio en Paraguay.
El autor de la nota central de este número valoriza la singularidad de cada detalle del club, que muy pocos conocen o ponen atención.
Un emblemático pórtico
Alban Martínez Gueyraud (*) - Crítico de arte
Creen que no pasará nada porque cerraron la puerta
Maurice Maeterlinck
La sede social del Club El Porvenir Guaireño (entidad social fundada en 1888 en Villarrica del Espíritu Santo), construida a principios del siglo XX (de 1917 a 1919) bajo diseño y dirección de obras del ingeniero Luis Zin (de origen europeo, según consta en los archivos), fue materializada, en cuanto a lo formal, de acuerdo a ciertos cánones de la arquitectura neoclásica, al igual que muchas otras construcciones que por la misma época fueron realizadas en nuestro país, principalmente en Asunción, Concepción y Villarrica. Sin embargo, varios elementos, criterios decorativos interiores, mobiliarios y equipamientos fueron realizados ya en una línea modernista, característica sumamente vanguardista en ese tiempo (casi contemporáneamente al modernismo europeo) tanto para nuestro país como para los demás de la región.
Esta distinguida edificación continúa hasta hoy erigiéndose como significativo patrimonio arquitectónico, histórico y urbano de la ciudad de Villarrica, al tiempo que se constituye en referente de la memoria colectiva de su población.
Detalles originales
Si bien la obra inicial fue ampliada, transformada y reacondicionada varias veces a través del tiempo, mantiene ciertos detalles originales, entre los que destacan su puerta principal de acceso en línea modernista (restaurada y recuperada hace unos años); el Hall/palier de entrada, también modernista (con revestimientos originales de cerámica esmaltada en las paredes laterales, escalones principales de acceso en mármol y contrapuerta metálica/vidriera artesanal); los grandes salones con piso de mosaico calcáreo (con motivos similares al granito tipo veneciano) y cielorrasos moldurados en metal (enormes piezas realizadas a medida ?presumiblemente en cobre e importadas? y que se mantienen pintadas a partir de los años setenta del siglo pasado), así como otras aberturas secundarias y algunos mobiliarios históricos.
A pedido del amigo y colega Jorge Giret, este escrito esboza unas breves consideraciones sobre la singularidad de la elegante puerta principal, su rico lenguaje estético y simbólico. La misma es, en realidad, una puerta doble de notable escala. Estructurada en madera maciza (con formato tablero y vidriera a la vez); simétrica en toda su composición y dispuesta visualmente en tres planos horizontales, secuenciados a lo largo de su eje vertical con motivos tallados, cuidadosamente aplicados, y una reja metálica como complemento ornamental y de protección.
La puerta mantiene su función, solidez, calidad artesanal y porte. Sus tres planos visuales se hallan dispuestos de la siguiente manera: el primero, el gran zócalo, abarca desde el suelo hasta la altura de los dos grandes tiradores horizontales en bronce. Este módulo incluye la representación de dos círculos tallados en relieve ?uno en cada hoja? con composiciones de las iniciales del Club; tales círculos quedan a la altura de la mano, próximos a la cerradura y los tiradores menores (éstos, no ya originales). En las líneas de su base sobresale además una sutil insinuación art nouveau (modernismo en Francia), por su narración curva ?simple pero refinada?, procedente de la primera época de este estilo.
Al igual que muchas puertas de París, dicho rasgo estilístico se repite asimismo en los pórticos de algunas edificaciones de Buenos Aires, contemporáneas a ésta de la que el presente texto se ocupa.
Más detalles
El segundo plano, el interludio, personaliza las láminas vidrieras, con ángulos curvos; tales láminas, albergadas por la misma estructura de madera de cada hoja, dejan entrar tenuemente la luz y la visión desde el exterior a través de una estilizada estructura en hierro cuyas depuradas inspiraciones resultan bastante semejantes a motivos propios del modernismo vienés (la Sezessionsstil austríaca). Dentro de la preeminencia de las láminas vidrieras en el módulo, así como del apreciable simbolismo que esta puerta contiene, cabe destacar que la misma, al estar orientada al Este, representa desde el pensamiento zodiacal la “puerta de los dioses”, símbolo del ascenso y el poder creciente del sol (el janua coeli).
El tercer plano, el remate, alberga en sus dos hojas (vale decir, también en duplicado) la alegoría de las manos unidas, propia de la indivisa imagen gráfica del Club el Porvenir Guaireño. Esta alegoría, al igual que las iniciales en el primer plano, aparecen magníficamente talladas en proporción. El señalado símbolo de las manos unidas resulta sugerente respecto al espíritu del Club en sus inicios, ya que representa unión, amistad y lealtad, además del saludo y la confraternidad, pues al estrechar las manos se forma la cruz (anhk) de la alianza: una promesa, un acuerdo entre caballeros.
En este recorrido visual cabe mencionar asimismo la moldura vertical central, que junta y separa a la vez las dos hojas de la puerta. Esta moldura es una delgada columna que, aunque estructuralmente constituya un motivo neoclásico y recurrente en las puertas de ese tiempo, en su desarrollo presenta pequeñas molduras y complementos también al estilo modernista europeo.
Ya se sabe que una puerta habilita la comunicación entre dos lugares/espacios y, sobre todo, la posibilidad de acceso de uno al otro. En el caso de la puerta principal del Club El Porvenir Guaireño, por su carácter y ubicación, configura la frontera que separa un ámbito interno -al que se aspira a acceder- de otro, externo -de donde se viene-. Representa así, alegórica y simbólicamente, la delimitación de dos mundos: el interior o espacio privado del Club y el exterior o espacio comunitario de la ciudad.
Una visión de la puerta
En esta puerta principal, idea de un no-lugar convergen varias situaciones: la invitación a entrar o salir, el acceso, el paso, el deseo; la posibilidad o la oportunidad del encuentro, de la bienvenida o la despedida, de la liberación y la decisión. Si la ventana nos invita a mirar, la puerta nos habilita a ver la ventana desde adentro y desde afuera. Nos permite, en principio, elegir de qué lado queremos ver las cosas. Además, una puerta podría ser, quizá, un ente que nos invita a ir más allá como personas.
Cada página leída de un libro, cada día experimentado en Villarrica, no serían otra cosa que puertas que abrimos y cerramos, al igual que cada mirada que damos o recibimos. El recuerdo de esta puerta principal del club El Porvenir Guaireño está conformado, en definitiva, por una inextinguible red de mundos que en los rincones de la ciudad de Villarrica aparecen y se fugan, se revelan y se ocultan. Que surgen y se hunden en la memoria profunda de su propia historia.
Una visión de la puerta
En esta puerta principal, idea de un no-lugar convergen varias situaciones: la invitación a entrar o salir, el acceso, el paso, el deseo; la posibilidad o la oportunidad del encuentro, de la bienvenida o la despedida, de la liberación y la decisión. Si la ventana nos invita a mirar, la puerta nos habilita a ver la ventana desde adentro y desde afuera. Nos permite, en principio, elegir de qué lado queremos ver las cosas. Además, una puerta podría ser, quizá, un ente que nos invita a ir más allá como personas.
Cada página leída de un libro, cada día experimentado en Villarrica, no serían otra cosa que puertas que abrimos y cerramos, al igual que cada mirada que damos o recibimos. El recuerdo de esta puerta principal del club El Porvenir Guaireño está conformado, en definitiva, por una inextinguible red de mundos que en los rincones de la ciudad de Villarrica aparecen y se fugan, se revelan y se ocultan. Que surgen y se hunden en la memoria profunda de su propia historia.