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Política
domingo 15 de mayo de 2016, 01:00

Los políticos ganan oxígeno

La renuncia de Marta Lafuente y el encumbramiento de Enrique Riera en el Ministerio de Educación, tras una crisis estudiantil que desplazó del cargo a la ministra en tiempo récord, supuso un paso adelante y un punto positivo para la dirigencia partidaria en el gobierno de Horacio Cartes, cuya política fue evitar que los políticos controlen el Estado.
Por Estela Villalba

Diógenes Martínez reemplazó a un militar en el Ministerio de Defensa; Juan Carlos Baruja, a un técnico en el Ministerio de Agricultura, y ahora apagó el incendio en Educación apelando a otro político.

“En cuatro horas Riera resolvió el conflicto”, expresó off the récord un legislador cartista en tono triunfal para ratificar que el poder lo debe gestionar un político y no al revés como pretendía el presidente y que va comprendiendo a fuerza de crisis a meses de cumplir tres años de mandato.

El oficialismo colorado nunca comulgó con Cartes esa visión de “despolitizar” la gestión de Estado, pero tuvo que tragarse el sapo no solo porque el empresario logró el retorno al poder a la ANR, sino porque él les había alertado de que no estaban en sus planes. Los colorados pensaron que era un mero discurso.

Por eso la designación de Riera en Educación fue aplaudida por toda la clase política, colorados y opositores. Porque si bien la tecnocracia adquiere valor y supremacía cuando la política se degrada por su corrupción e ineficiencia, en las turbulencias el político aparece y muestra su pericia como el mejor timonel para capear tormentas y llegar a puerto seguro.

Y no se puede negar que eso ha sucedido en el MEC.

La tecnocracia versus la política o la política versus la tecnocracia es un debate interminable en la política. Lo cierto es que uno aparece cuando el otro está debilitado. Pocos han logrado amalgamar ambos perfiles para lograr una gestión eficiente, transparente y medianamente honesta.

TEJIENDO FUTURO. La inclusión de Riera, o de un político en el Gabinete de Cartes, marca un rumbo en cuanto a lo poco que le queda al presidente en materia de gobierno. En agosto cumple tres años y los dos restantes serán devorados por la agenda electoral.

El año que viene le queda para mostrar las obras de su gobierno y lo que más se teme en el Gabinete es repetir el error de Arnaldo Samaniego; que en el afán de hacer obras al final de su mandato para demostrar eficiencia, se empantanó en su plan: las constructoras no terminaron a tiempo y el malhumor social empeoró con el caos vehicular. En este punto, la gestión del MOPC tiene una fuerte carga política.

LA SUCESIÓN. La pelea por el 2018 se juega aún entre sombras. El único con la agenda clara es Mario Abdo Benítez que va cargando la tinta de su discurso contra el presidente, a quien acusó días pasados de operar en el Congreso contra el impuesto al tabaco. Esto se sabía, pero que lo diga el titular del Poder Legislativo tiene otro valor: “Se operó fuertemente (contra el impuesto al tabaco). Cuando hay intereses atrás, para no llegar ni siquiera al 20%, que igual sigue siendo el más bajo de la región”, disparó al talón presidencial.

En las filas oficialistas hay inquietud por el silencio de Cartes que no ha decidido su futuro político. Estiman que setiembre es el plazo para que se defina. La reelección está en la agenda del ultracartismo, pero con signos de inanición. La disidencia –liderada por Marito– ya bajó líneas en contra. Además, los colorados temen abrir esa compuerta que habilitará a Fernando Lugo. “Vamos a gastar mucha plata en la reelección para que Lugo gane?”, respondió en tono de pregunta un pragmático dirigente colorado.

En la oposición tampoco hay mucha claridad. En el PLRA, Efraín Alegre pretende ganar la presidencia partidaria para apuntalar su candidatura. El llanismo parece inclinarse por el gobernador Blas Lanzoni.

La izquierda pone sus fichas en Lugo, pero si no se levanta la traba constitucional estarán en graves problemas. Para colmo, la reconfiguración regional con la caída del PT del poder en Brasil, el mejor aliado que tiene el ex obispo, y la crisis en Venezuela golpea las bases de la izquierda como opción de poder.

La figura de un outsider, una fórmula con éxito rotundo en las dos últimas elecciones presidenciales, está en la mesa de análisis no solamente de la oposición, sino también en la ANR.

Las fichas empiezan a moverse. La expectativa se centra en la jugada que hará Cartes porque será clave para el tablero político.