La homilía de la Misa Central en honor a la Virgen de Caacupé se centró en el bien común para una vida digna para todos los paraguayos, un proceso que requiere superar el “individualismo, el egoísmo, la arrogancia”.
Por ello, el obispo Ricardo Valenzuela lanzó una dura prédica a las autoridades del Gobierno y a los funcionarios públicos, quienes “tienen la obligación de fomentar el bien común” a través de la honestidad y leyes justas, sostuvo.
“Los gobernantes deben tener presente la realización permanente del bien común, que constituye su tarea de cada día y objetivo principal. Y aquí la honestidad debe iluminar su actuar para que sea creíble junto con un profundo espíritu de servicio, especialmente de los más vulnerables”, sostuvo.
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De acuerdo con monseñor, la búsqueda del bien común y la vida digna no solo debe regirse según las mayorías o allegados, sino que debe enfocarse en “la perspectiva del bien para todos los miembros de la sociedad civil en búsqueda de una vida digna”.
Enfatizó que la promoción de una vida digna exige, por sobre todo, erradicar la corrupción, a la que calificó como la responsable de la pérdida de la confianza y de la dignidad de las personas.
“Una persona corrupta no es de fiar, no ama a las personas, sino que busca su propio interés. Una persona corrupta destruye a la sociedad, porque los compra, les quita confianza y rebaja su dignidad. La corrupción es una de las grandes causas del triste estado de cosas que está viviendo nuestro Paraguay. Como dice el profeta Isaías: Cuando la corrupción toca su fondo, todo se cae”.
Sus palabras fueron ovacionadas por los miles de feligreses que coparon la explanada de la Villa Serrana y estaba participando de la Misa Central.
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Eliminar la corrupción implica – según citó – una educación de calidad, empleos dignos y el fortalecimiento de los servicios básicos como la salud, el trabajo, vivienda digna para cada ciudadano, entre otras demandas.
La misión de ser honestos
Sobre el punto, monseñor Valenzuela alentó al Gobierno, a los funcionarios públicos y a la ciudadanía a ser honestos, “una misión tan imperiosa como indispensable”.
“Sin honestidad, no se gana ninguna guerra, no se puede superar ningún problema. Miremos como estamos, miremos”.
Valenzuela insistió en fomentar y difundir en todas las esferas sociales la virtud de dar, y tener como recordatorio
“¿Cuántos años denuncias y no hay cambios en casi los últimos 40 Años? Todo sigue igual. Cuántos sermones y como dice esa canción todo sigue igual”, manifestó.
Por eso, pidió no olvidar la sentencia “Dando, se recibe”, que debe ponerse en la parte más visible de las oficinas públicas, de la casa y de las instituciones educativas.
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“(Esto) puede ayudarnos a diario recordar el compromiso que tenemos de luchar siempre con la ayuda de María y su Hijo Jesús, para animarnos ante las dificultades, a aumentar la fe y esperanza de mejores tiempos en nuestro querido Paraguay, porque es un sueño tan deseado de hace años”, concluyó.
Obispo anuncia alta médica tras ocho meses de tratamiento
Antes de predicar, el obispo Ricardo Valenzuela expresó su gratitud a Dios y a todos los feligreses que oraron por él, quien se encontraba en tratamiento médico desde hace ocho meses.
“Sé que saben que pasé por un momento difícil de salud desde hace unos ocho meses y que, finalmente, este viernes los médicos ya me han dado de alta, y estoy tan contento por eso. Y tanto le agradezco a Dios y la Virgen, pero sobre todo quiero agradecerles a todos ustedes que han implorado al Señor y él me hizo este regalo: me ha devuelto la salud. Es gracias a ustedes. No sé cómo agradecerles, pero gracias de todo corazón por sus oraciones. Infinitamente, gracias”, expresó emotivo.
Este año, debido a su estado de salud, la carta al pueblo fue escrita por la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP).