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Víctor Pecci: "Paraguay está en desventaja porque el tenis está muy profesionalizado"

Víctor Pecci es el único paraguayo que llegó a una final de las ligas mayores del tenis: el torneo Roland Garros. Casi 40 años después, recuerda aquellas hazañas y resalta que en Paraguay el deporte blanco todavía no tiene el apoyo suficiente para generar nuevas y resaltantes figuras.

El 11 de junio de 1979, todo el país se paralizó y quedó atento a las pantallas de televisión para seguir a Víctor Pecci, quien disputó la copa del torneo de Roland Garros a uno de los mejores jugadores de tenis de todos los tiempos: el sueco Bjorn Börg.

El resultado: el Campeonísimo, como le apodaron los periodistas de la época, se quedó con el título de vicecampeón. Fue número 9 en el ránking mundial del tenis y se mantiene como número 1 en Paraguay, ya que ninguna figura consiguió llegar tan alto.

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El ex líder del equipo paraguayo de Copa Davis coronó su carrera como ministro de Deportes y por ahora descansa antes de emprender un nuevo proyecto.

Jugar al tenis ¿Fue tu decisión o de tus padres?

- Las dos cosas. Me gustaban todos los deportes: natación, fútbol, tenis. Después me decidí por el tenis porque tenía facilidades y ganaba, influenciado por mi padre que me motivaba: “Si ganás esto te compro esto”, pero era mentira porque después no me compraba nada. Pero era un motivador, eso sí.

¿Eras consciente que no eras Víctor Pecci, sino el nombre de Paraguay?

- Cuando uno es joven, no se da cuenta de muchas cosas. Me gustaba jugar y no era consciente, pero empecé a darme cuenta cuando era el único representante que tenía Paraguay en el tenis. En la Copa Davis ya no figuraba Víctor Pecci en el cuadro, sino que decía Paraguay. Jugar la Copa Davis era más responsabilidad y uno se ponía más nervioso que en los otros torneos.

¿Cuál es el recuerdo más fuerte que tenés de tus años de tenista?

- Lo más fuerte es Roland Garros 79 y 81. Y como equipo, ganamos en la Copa Davis a países que eran potencia en ese momento: EE UU y República Checa, Francia.

¿Qué fue lo más difícil de tu carrera?

- El primer tropiezo que tuve es que tenía muchos defectos técnicos, que compensaba con que sabía competir y me concentraba bien. Otra cosa importante fue que no tuve un entrenador cuando era chico, sino que viajé solo hasta los 22 años. Ahí también me frustraba mucho porque perdía mucho tiempo. En cambio si vos tenés entrenador, él está afuera, entiende, te va diciendo las cosas, te va aconsejando. Estaba solo y las derrotas te frustran un poco. Perdí mucho tiempo en el camino que con un entrenador desde niño me podía haber acortado el camino y perfeccionarme mucho más.

Sos amigo de los grandes del tenis de esa época: Jimmy Connors, Björn Borg, Chris Evers, Guillermo Vilas...

- Sí, pero últimamente no los veo. Hace seis años que no voy a Roland Garros; la última vez que estuve fue antes de asumir como ministro de Deportes. A veces nos comunicamos por whatsapp.

¿No les tenías rabia?

- No para nada. Björn es muy buena gente; era muy obsesivo, pero lo llevaba adentro. Con uno o dos, competía demás, afuera de la cancha, pero no pensaba que eran mis enemigos o que los tenía que odiar para jugar mejor. Al contrario, cada vez que tenía alguna competencia de más me hacía jugar peor, entonces yo trataba de no llevar la rivalidad a otros planos.

¿Cómo era la vida en los torneos (Roland Garros, Copa Davis): Salían juntos, compartían fuera de la cancha?

- Al principio, como viajábamos solos, los sudamericanos íbamos juntos en aviones, trenes o autos y compartíamos las habitaciones de hoteles, ya que así compartíamos los gastos. Entonces, el circuito era mucho más agradable de que lo que es ahora que está súper profesionalizado, ya que un jugador viaja con siete personas: el preparador físico, el técnico, el especialista en saque, el especialista en devoluciones, el nutricionista, el sicólogo, el médico.

Esa gente le rodea al tenista que no tiene contacto con los otros jugadores; solamente cuando llegan al vestuario hablan dos o tres palabras; al terminar el partido cada uno se ducha y se va a su hotel. Se perdió esa amistad que había entre los jugadores; los sudamericanos eramos muy unidos; los estadounidenses por su lado; los europeos por su lado. Pero ya no es así.

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¿Ganaste mucho dinero con el tenis?

- Para la época, sí. Se ganaba bien, pero ahora se gana 20 veces más. Cuando llegué a la final de Roland Garros, el ganador llevó 120 mil dólares y yo, 70 mil. Hoy en ese mismo torneo el campeón lleva 2 millones de dólares y el finalista 1,8.

¿Por qué en Paraguay no volvió a surgir un Víctor Pecci?

- Hay algunas figuras que destacaron, tanto en damas como en caballeros, pero el tenis es cada vez más competitivo, más profesionalizado y las federaciones tienen fortunas. Como ejemplo, el US Open deja una ganancia a la Federación de Tenis de EE UU de 200 o 300 millones de dólares, entonces tiene otro nivel de profesores, de competencia, de todo. Aparte, para un paraguayo es difícil, ya que el tenis tiene que ir quemando muchas etapas. Cuando tenés 6 años empezás a divertirte hasta los 10.

A los 10 tenés que empezar un poquito más en serio. Hasta ahí no hay drama: El problema comienza a los 12 años. Los europeos tienen competencias todos los fines de semana; con una hora de tren están en otro país. En las competencias internas son 500 mil chicos que juegan tenis en Francia, acá tenemos 20. La competencia es más fuerte y cada vez se va diferenciando más porque un jugador de tenis en Francia desde chico ya tiene profesores, ya le pagan sus viajes, sus estudios, le programan todo y le van llevando. Acá un tenista prácticamente viaja solo; está en desventaja. No es como el fútbol que se juega en todo Paraguay y ya hay sub 12 de Olimpia, Cerro, entonces te van llevando y los buenos a los 17 o 18 años ya se venden al exterior. Es más fácil en fútbol, por eso tenemos futbolistas por todo el mundo.

¿Cambiarías algo de tu pasado?

- Quisiera hacer lo mismo, pero con más sabiduría que cuando era chico. Madurar antes, pero para eso necesitás un entorno que te ayude. Pero, bueno, me tocó eso y así nomás es. -¿Te gustaría volver a vivir algo? -Lógicamente, siempre uno se acuerda de la juventud como la más feliz de todas las épocas, cuando físicamente te encontrás en tu mejor momento y no tenés muchas responsabilidades.

Si no hubieses sido tenista ¿Qué te hubiese gustado ser?

- Otro deporte: Futbolista, nadador, siempre me gustó mucho el deporte. Desde chico no se me cruzaba ser arquitecto, abogado, médico, conste que mi padre era médico.

¿La Secretaría de Deportes es como la coronación de tu carrera?

- Sí. El ministerio fue un trabajo, pero fue un trabajo divertido porque estuve haciendo lo que siempre quise: administrar el deporte, ayudar a los deportistas y aportar en infraestructura. Para mí no fue: “Uy, estoy mirando el reloj para irme a casa”. Cuando fui tenista sabía que tenía fecha de vencimiento. La administración del Deporte también tuvo una fecha de vencimiento, como todo.

¿Tenés algún proyecto en mente?

- Por ahora, disfrutar de mi familia.

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