10 may. 2026

Más de veinte años sin Roa Bastos: Memoria viva y deuda pendiente

La figura del autor de Yo el Supremo vuelve al centro del debate cultural con un libro que explora sus inicios y reflexiones sobre su vigencia en el Paraguay contemporáneo a más de 20 años de su desaparición física.

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A más de dos décadas de la muerte de Augusto Roa Bastos (26 de abril del 2005), Paraguay no conmemora solo la ausencia de uno de sus mayores escritores, sino se enfrenta, una vez más, al espejo incómodo de su obra.

Foto: Archivo.

A más de dos décadas de la muerte de Augusto Roa Bastos (26 de abril del 2005), Paraguay no conmemora solo la ausencia de uno de sus mayores escritores, sino se enfrenta, una vez más, al espejo incómodo de su obra. Su legado no se reduce a un lugar en el canon ni a la solemnidad de los homenajes; sigue siendo un territorio en disputa, un campo de preguntas abiertas sobre el poder, la historia y el lenguaje. En este aniversario, la figura del autor de Yo el Supremo se reactiva no como reliquia, sino como herramienta crítica.

La conmemoración encuentra un punto de especial densidad con la aparición de un nuevo libro que recupera su primer viaje a Europa: una publicación que ilumina los años formativos del escritor y propone una lectura en clave de origen. Este volumen, que rescata textos de un joven periodista enfrentado a los estragos de la guerra, permite rastrear las primeras intuiciones estéticas y éticas de quien luego se convertiría en una de las voces fundamentales de la literatura latinoamericana.

La vigencia de una obra que incomoda

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La literatura de Augusto Roa Bastos no ha perdido filo. Por el contrario, parece haber ganado espesor con el paso del tiempo.

Foto: Gentileza

La literatura de Augusto Roa Bastos no ha perdido filo. Por el contrario, parece haber ganado espesor con el paso del tiempo. En un Paraguay atravesado por tensiones políticas persistentes y en una América Latina donde el discurso público se ve erosionado por la manipulación y la posverdad, sus textos adquieren una resonancia inquietante.

Yo el Supremo sigue dialogando con temas centrales como el poder, el autoritarismo y la construcción de la verdad”, afirma Mirta Roa, quien en esta fecha vuelve a poner en palabras una memoria que es a la vez íntima y colectiva. “Son cuestiones que no han perdido vigencia”, subraya, señalando que la novela funciona todavía como una advertencia sobre los mecanismos del poder absoluto.

Ese diálogo con el presente no es casual. La escritura de Roa Bastos nació del conflicto: del choque entre historia oficial y memoria silenciada, entre el lenguaje del poder y la palabra de los vencidos. Su literatura no busca tranquilizar al lector; lo incomoda, lo obliga a leer entre líneas, a desconfiar.

El exilio como herida y como método

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El exilio, iniciado tras su salida del país en 1947 bajo el gobierno de Higinio Morínigo, fue una herida que atravesó toda su obra.

Foto: Jesús Ruíz Nestosa.

Uno de los núcleos más persistentes en la obra de Roa Bastos es el exilio. Expulsado del país en 1947 tras sus críticas al gobierno de Higinio Morínigo, su vida quedó marcada por el desarraigo. Pero ese desarraigo no fue solo biográfico: se convirtió en una forma de mirar.

“El exilio fue una experiencia dolorosa, pero también formativa”, explica Mirta Roa. “Le permitió mirar al Paraguay desde la distancia, con una perspectiva más amplia y crítica”. Esa distancia se tradujo en una literatura atravesada por la memoria, la pérdida y la reconstrucción de la identidad.

Para el escritor Bernardo Neri Farina, ese exilio derivó en una ética. “Roa convirtió el exilio en una forma de compromiso con la verdad”, sostiene. Y recuerda que, incluso cuando dejó el periodismo activo, su mirada nunca dejó de ser la de un periodista: alguien que busca desentrañar el poder y exponer sus abusos.

No es un dato menor que, décadas después, ya instalado en Europa, luego de ser exiliado a Francia por el golpe cívico militar en Argentina, retomara la escritura periodística para denunciar el régimen paraguayo ante el mundo. Esa doble condición de periodista y narrador, atraviesa toda su obra.

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La dimensión humana detrás del mito

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A dos décadas de su partida, Roa Bastos sigue siendo una referencia imprescindible para pensar la historia y la identidad paraguaya.

Foto: Gentileza

En medio de los análisis y las lecturas críticas, la figura de Augusto Roa Bastos corre el riesgo de volverse abstracta. Sin embargo, el testimonio de su hija devuelve una imagen más cercana; la de un hombre sencillo, curioso, con sentido del humor y una profunda conexión con la cultura popular.

“Era, ante todo, un hombre marcado por sus experiencias, pero también por una gran ternura”, dice Mirta. Esa dimensión íntima dialoga con la complejidad de su obra, recordando que detrás del escritor consagrado había una sensibilidad atenta al mundo cotidiano.

Incluso el reconocimiento internacional, como aquel inolvidable Premio Cervantes en 1989 fue vivido desde esa humildad. “Lo entendía como una forma de visibilizar la literatura paraguaya”, señala Roa, destacando que nunca perdió su identidad, ni siquiera durante los años de exilio.

El nuevo libro: el origen de una voz

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El nuevo libro sobre su primer viaje a Europa revela a un joven Roa Bastos en formación, marcado por la experiencia de la guerra.

Foto: Gentileza

El próximo 29 de abril, en el marco del primer aniversario del Espacio Cultural Roa Bastos se realizará el lanzamiento del libro La Europa que vio Augusto Roa Bastos. La publicación, editada por Carla Fernandes y Mirta Roa, reúne crónicas, cartas, poemas y documentos escritos por Augusto Roa Bastos durante su viaje a Europa en 1945, en el contexto de la posguerra.

La publicación que acompaña esta conmemoración aporta una pieza clave para comprender la evolución del escritor. Se trata de textos surgidos durante su primer viaje a Europa, donde un joven Roa Bastos observa los efectos de la guerra y comienza a transformar esa experiencia en escritura.

“Este libro muestra a un Roa en formación”, explica Mirta. “Un joven periodista que transforma lo que ve en textos ricos, poéticos, que ya anticipan al gran escritor que sería”.

Ese viaje, añade, fue decisivo: amplió su horizonte cultural, lo puso en contacto con otras tradiciones y marcó un punto de inflexión en su trayectoria. La literatura de Roa Bastos, en ese sentido, puede leerse como una larga elaboración de aquella experiencia inicial.

El lanzamiento se llevará a cabo en el Espacio Cultural Roa Bastos, impulsado por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) en Paraguay y la Fundación Roa Bastos, un lugar que preserva proyecta el legado del escritor, acercándolo a nuevas generaciones a través de sus objetos, documentos y textos.

¿Un clásico distante o una “marca país”?

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Para Bernardo Nery Farina, leer a Roa Bastos es clave para entender el lugar del periodismo frente al poder.

Foto: Archivo.

A veinte años de su muerte y más de medio siglo de la publicación de Yo el Supremo, persiste una tensión: la de un autor admirado, pero no siempre leído. Para Bernardo Neri Farina, el desafío está en democratizar su obra.

El escritor propone romper el mito de la “dificultad” y convertir a Roa Bastos en un símbolo cultural activo, similar a lo que ocurre en Irlanda con James Joyce y su novela Ulises. Allí, el Estado y la sociedad han integrado una obra compleja al imaginario colectivo.

“¿Por qué no hacer algo así con Yo el Supremo?”, plantea. La clave, sugiere, está en la mediación: docentes, políticas públicas y estrategias culturales que acerquen la obra sin simplificarla.

Farina recuerda un consejo del poeta José-Luis Appleyard: “No busques una historia; deleitate con cada palabra”. Esa idea, la lectura como experiencia y no solo como comprensión, podría ser la puerta de entrada para nuevas generaciones.

Nuevas lecturas y la palabra como legado

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La complejidad de su obra sigue siendo un desafío, pero también una invitación a una lectura más crítica y profunda.

Foto: Gentileza

En los últimos años, la obra de Roa Bastos ha comenzado a circular por otros canales: clubes de lectura, talleres, adaptaciones en cómic, audiolibros y producciones audiovisuales. Para Mirta Roa, estas formas no solo amplían el alcance, sino que permiten nuevas interpretaciones.

Las generaciones más jóvenes, dice, están leyendo a Roa desde otras sensibilidades, incorporando herramientas críticas contemporáneas y dialogando con su obra desde lugares inesperados.

Si algo atraviesa todas las miradas sobre Augusto Roa Bastos es la idea de compromiso. No como consigna, sino como práctica: una forma de entender la literatura como intervención en la realidad.

“Probablemente les diría que no dejen de cuestionar”, imagina Mirta al pensar en un mensaje para los jóvenes lectores. “Que la literatura no es solo un ejercicio estético, sino una forma de entender el mundo y, en lo posible, transformarlo”.

A veinte años de su partida, esa frase resume la vigencia de una obra que sigue incomodando, desafiando y, sobre todo, obligando a pensar. Porque en el universo de Roa Bastos, la palabra nunca fue un refugio: fue, y sigue siendo, una forma de resistencia.

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