Hace una semana, un ómnibus de pasajeros con 50 usuarios estuvo durante varias horas varado porque quedó atascado en el barro. Una breve lluvia convirtió el precario camino en una pista impracticable, dejando casi incomunicadas a varias comunidades de Alto Paraguay. Los pobladores del Chaco merecen una acción coordinada y comprometida por parte de las autoridades del Gobierno central, de los municipios y las gobernaciones. Urgen soluciones de fondo y políticas públicas transversales.
Algunas noticias que llegan desde el Chaco parecen siempre las mismas, parecen repetirse, pues resulta que aluden a problemas que se reproducen como en un bucle porque nunca reciben respuestas definitivas por parte de las autoridades.
El estado de los caminos de acceso a las comunidades es una de estas repetitivas quejas y es también uno de los asuntos que ni el Gobierno central, los municipios ni las gobernaciones logran coordinar sus esfuerzos por proveer a la población un mínimo de seguridad en su desplazamiento cotidiano.
Los problemas que acarrean las lluvias e inclusive los breves aguaceros son muy bien conocidos, porque en el Chaco, una lluvia es prácticamente una señal segura de aislamiento y esta situación, faltando pocas semanas para la Navidad, supone un motivo de gran preocupación para las comunidades.
Recientemente, un grupo de 50 pasajeros de un ómnibus permaneció durante varias horas en el barro mientras viajaban hacia sus respectivas localidades, Toro Pampa, Bahía Negra, Fuerte Olimpo y otras, porque un aguacero convirtió el camino en un lodazal.
Como bien explicaba a Última Hora Leonardo Lezcano, docente y concejal departamental en Fuerte Olimpo, “siete a ocho meses nos quedamos aislados porque la ruta que es baja”, y agrega que después de cada lluvia el camino desaparece bajo el agua.
Cuestionaba, además, la falta de seriedad por parte del Gobierno que llegó a lanzar una licitación pública para el terraplenado de al menos 300 km de camino. Sin embargo, el proceso de adjudicación, lanzado por el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) no avanzó por falta de recursos y el anuncio oficial se convirtió en otra promesa no cumplida.
El docente y concejal apuntaba también a la falta de seriedad y de coordinación entre las instituciones. “Al final, la gente del Ministerio salió a decir que el Ministerio de Economía no les habilitó los contratos correspondientes, es decir, en otras palabras, no tienen rubro, no tienen plata, pero ellos llamaron a licitación pública nacional. Entonces, es poco serio el MOPC”, lamenta.
Cabe mencionar que el Departamento de Alto Paraguay es uno de los más extensos del país, y cuenta con unos 650 kilómetros de ruta, pero solo 36 kilómetros están asfaltados, que es parte de la ruta PY15 de la Bioceánica, mientras que el resto de los caminos son de tierra.
Es inaceptable que conociendo la situación y disponiendo de los datos exactos, las instituciones del Gobierno no hayan sido capaces de coordinar las acciones ni hayan planteado políticas públicas transversales que logren satisfacer las necesidades y aportar soluciones definitivas a los problemas que viven a diario los pobladores del Chaco. Y tampoco tiene justificación que cientos de familias sigan viviendo en el abandono por parte de las autoridades, subsistiendo en precarias condiciones, sin acceso a alimentos, salud, servicios básicos y educación, totalmente olvidadas por el Gobierno Central, las municipalidades y las gobernaciones.
El Chaco vive en emergencia en forma permanente, olvidado, y solamente le ofrecen periódicamente soluciones parche. Los pobladores del Chaco, estas familias tienen derecho, como todos los paraguayos y paraguayas a vivir con dignidad, con instituciones que les provean salud y educación para niños y jóvenes, acceso al agua potable, energía eléctrica y caminos de todo tiempo que los integren al resto del territorio. Esta ausencia del Estado, este abandono expone de forma explícita a gobiernos que no trabajan por el bien común.