Durante el fin de semana, a lo largo de dos días, los empresarios del transporte público cumplieron su reiterada amenaza de paro y dejaron a miles de usuarios sin movilidad. Rápidamente, se conformó una mesa negociadora y, al final, el Gobierno accedió a las demandas del sector; desde ayer, todo ha vuelto a la normalidad. Ese es, precisamente, el problema: la terrible situación de normalidad a la que debe regresar la población, con un servicio deficiente, unidades chatarra y reguladas, porque la ansiada reforma todavía es una lejana utopía.
En lo que es considerado el microrrelato más famoso de nuestra lengua, el escritor Augusto Monterroso escribió: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.
Ayer lunes, levantado el paro de los empresarios del transporte público, los miles de usuarios se despertaron, y desde la madrugada volvieron a salir a las calles a enfrentarse al dinosaurio. El mismo servicio de transporte deficiente y que a diario denigra a los usuarios volvía a estar en marcha.
“Se acabó el combustible. No tenemos para el sábado, domingo, ni para arrancar el lunes”, aseguraba el titular del Centro de Empresarios del Transporte del Área Metropolitana (Cetrapam), César Ruiz Díaz, en la mañana del viernes. Anunciaba que se cortaba el servicio por la imposibilidad material que tiene el sector de llegar al “vital líquido”, situación que venían advirtiendo toda la semana, apuntó.
El Gobierno respondió que no podía haber interrupción del servicio, que es un servicio imprescindible, por lo cual, se debe garantizar la regularidad y continuidad de la prestación. El viceministro de Transporte, Emiliano Fernández, aseguró que habría empresas del transporte público operando el sábado, e incluso advirtió sobre sanciones para las empresas que no hagan circular sus unidades.
El sábado la ciudadanía se encontró sin medios de transporte, que fueron suplidos por unas pocas líneas y los camiones dispuestos por el Gobierno para el traslado. Por eso, gran cantidad de personas se agolparon en las paradas y debieron usar los transportes dispuestos y viajar “como ganado”: parados, sin ventilación, apretados, en condiciones bastante precarias.
Un pasajero que aguardaba para trasladarse mostró su cansancio ante la situación y señaló que son “demasiadas las urgencias” que sobrelleva el pueblo y que es necesaria una reacción social. Y otra usuaria reclamó: “Así, el presidente imbécil tiene que tenernos. Mirá lo que es, como animales, no nos merecemos. Es hora de que el pueblo en serio salga. Es una lástima, una lástima”.
Aquel mismo sábado se puso en movimiento el mecanismo de negociación entre representantes de los gremios de transportistas y autoridades del Viceministerio del Transporte, para finalmente al día siguiente llegar a un acuerdo referente a las demandas: cumplir con el pago del subsidio correspondiente a febrero de 2026, así como el problema del precio del combustible, una situación que es sabido está afectando a todo el planeta por el conflicto en Medio Oriente. El paro fue levantado y todo ha vuelto a la normalidad.
Mientras tanto, la población sigue aguardando que se haga realidad la tan mentada reforma del transporte público, cuya ley fue promulgada por el presidente en enero pasado, prometiendo un sistema digno, moderno y eficiente, calidad de vida y seguridad.
El bus que viene, lema de la reforma del transporte público, sigue sin embargo sin hacerse realidad y desde la visión de los usuarios que padecen el actual mal servicio, dicha reforma está transcurriendo de manera excesivamente lenta.
Urge una política pública que asegure una movilidad moderna para toda la población del país. Paraguay necesita contar con un sistema de transporte público adecuado a los tiempos que vivimos, y ya es insostenible el esquema, en que el Gobierno cede el manejo de itinerarios y el funcionamiento a los empresarios mientras el pasajero se convierte en apenas una cifra, y nadie se hace responsable del mal servicio, las reguladas, accidentes, el tiempo perdido y los maltratos. Es hora de que el Gobierno apure medidas en favor de los usuarios, mientras se hace realidad la reforma del transporte público.