01 mar. 2026

Universidad en crisis: Modelo para armar

Venta de títulos, universidades privadas que funcionan de manera irregular, partidización creciente de las universidades públicas. La educación superior es noticia. Un análisis de su realidad.

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Portada del Correo Semanal del sábado 18 de octubre.

La inconsistente universidad

En el advenimiento tutelado de la transición, el maridaje reaccionario y clerical se vio obligado a mover sus goznes hacia el mercantilismo.

Por Juan Andrés Cardozo | Filósofo y docente | galecar2033@yahoo.es

El análisis de la universidad viene de antes. La severa y sistemática crítica jamás conmovió el frágil cimiento de su construcción. Al contrario, acentuó su deformidad. Durante la dictadura, la Nacional y la Católica fueron centros de discrecionalidad. No era posible pensar dentro de sus comisariales claustros. Convergían en la persecución, en la extrema vigilancia y en la inquisición. El preconcepto político o religioso se aplicaba tanto para la segregación del profesor como del alumno. Se premiaba la abyección y se promocionaba la mediocridad.

En el advenimiento tutelado de la transición, el maridaje reaccionario y clerical se vio obligado a mover sus goznes hacia el mercantilismo. Las consecuencias fueron, y son, aún más nefastas para deformar el edificio a construir. Si antes la endogamia político-confesional era un impedimento para el pensar y la investigación, y un fermento para regalar cátedras y certificaciones, luego el comercio de la educación superior venderá títulos. Además, el mercantilismo flexibilizará los programas, proliferará las carreras y disminuirá la carga horaria. El resultado hoy es la degradación de la docencia, su expoliación, y una tendencia a declinar la inconsistencia universitaria hacia su inanidad. O, mejor, para profundizar su pura ficción.

Ya advertíamos, al comienzo de la reforma educativa, la prioritaria tarea de “re-fundar” la universidad. Y con el fin de instalarla como espacio del saber científico, del aprendizaje teórico y del pensamiento crítico. Pero se hizo todo lo contrario. Formalmente la reforma se inició hacia abajo, primero para desalojar la primaria de los prolegómenos de los conocimientos universales, estéticos e incluso prácticos. Después, para contaminar de ambigüedad e invalidez la media. Y, posteriormente, para la multiplicación de los establecimientos de la educación superior, siguiendo las recetas externas de la privatización.

La nueva legislación

En el año anterior, por fin, sin embargo, se echaron las bases para salir de la inconsistencia. No fue fácil el empeño. Los obstáculos y los intereses, más las posiciones anacrónicas, impidieron una mejor legislación. No se avanzó para cualificar intelectual y académicamente la conformación del Consejo Nacional de Educación Superior, órgano rector. Tampoco para investir de autoridad científica y de notoriedad gnoseológica y ética a los rectores y decanos. Y, asimismo, para la exigencia de producción teórica y de investigación para la carrera docente. Empero, se establecieron normas que facilitarían una intervención más rigurosa y técnica para la habilitación y acreditación de las universidades y de los institutos superiores, así como para sus respectivas evaluaciones. Y a los efectos de contribuir a los criterios de calidad y de equidad, se integraron como miembros del Cones a los representantes de los profesores y estudiantes.

Mas, la legislación no es la reforma, ni siquiera para aumentar el presupuesto de la educación superior. El cambio, aunque sea gradual, supondrá la sustitución de un sistema. Esto es, una política de Estado y una visión de la sociedad civil. Para la política, habrá que partir de que existan actores públicos con capacidad y con voluntad para cambiar la estructura social del país. La que solo se podrá realizar mediante la radical transformación de la educación. En sus fines y en sus medios. El paradigma necesariamente debe estar centrado en la ciencia, en la investigación, en la producción teórica y de los conocimientos científicos y técnicos. Y, a la vez, en el aprender a pensar y en la formación de una conciencia crítica.

Metodológicamente, estos saberes y estas prácticas no podrán realizarse siguiendo los modelos nemotécnicos y de meras transferencias. Y esto es determinante. Pues en la globalización, los medios y las recetas solo pretenden la reproducción de sujetos pasivos, receptivos y alienantes. No activos, reflexivos y creativos. Y en lo interno, el Estado se instrumentaliza al servicio de un sistema de educación general para la enajenación.

Movimiento para el cambio

En verdad, para instalarnos en la perspectiva de la ciencia y de la racionalidad teórica y crítica, la investigación por cuenta propia es una demarcación necesaria. Y como indispensable es que esta concepción de la ciencia no se limite a la tecnociencia instrumental. Que se proyecte también y, decisivamente, a las ciencias sociales. Al conocimiento de las ciencias aplicadas, básicas y normales, que darán consistencias a nuestras universidades, estamos igualmente obligados a conocer nuestras realidades. Humanas, sociales, estructurales. Y estos saberes no se logran sin las ciencias sociales, el pensamiento racional y la imaginación creadora.

Pero ¿cómo articular esta política de Estado en educación si la sociedad civil aspira a un individuo consumista y a una masa como fuerza de explotación? Este es el dilema. La salida de este callejón cerrado no se conseguirá con las denuncias –por importantes que sean– de las irregularidades. Un movimiento es necesario. E inaplazable. La Revolución de París no fue obra del Estado ni de la sociedad civil. Los profesores, los estudiantes y los intelectuales tienen que movilizarse. De sus protestas y rebeliones contra el sistema, la negativa a reproducir la inconsistencia hará inviable la ficción. Y de sus “imaginaciones constituyentes” –al decir de Castoriadis– se erigirá el modelo de la universidad consistente. La que a la par de elevarse a la ciencia, y consolidarse con el pensar conceptual, logrará la transversalidad social del conocimiento. Y así contribuir a la edificación de una nueva sociedad.

Universidades: La lógica mercantil y estafa educativa

Por Rodrigo Brítez | Sociólogo* | britezcarli@gmail.com

Síntomas de la perenne crisis de la educación superior paraguaya han vuelto a saltar a la luz de la opinión pública recientemente. Sin embargo, hay que entender que estos eventos dan cuenta de problemas fundamentales con relación a la regulación, planificación y políticas de educación superior universitaria en Paraguay que tienen larga data. La consecuencia más notoria de esta desidia es la proliferación no de universidades propiamente, sino de degrée

mills (máquinas de títulos), también conocidas como “universidades de garaje” o “universidades patito”. En otras palabras, ante la ausencia de mecanismos de protección e información adecuados vemos la expansión de que, en la ausencia de un mejor término, podemos llamar “estafas educativas”.

La venta de títulos, o el notorio aumento de universidades garaje, es parte de un problema que no solo afectan a Paraguay, sino más bien a la educación superior universitaria a nivel mundial. Sin embargo, son las debilidades institucionales propias de nuestro país las que hacen que este fenómeno alcance dimensiones insospechadas y nocivas para la sociedad paraguaya.

Ninguna nación es inmune a este problema, lo dramático es que Paraguay ha permitido que alguna de estas instituciones operen como instituciones legítimamente constituidas. Nadie puede negar que si se vende un título por correo, esto es una estafa. Pero qué pasa si una institución opera legalmente con una regulación mínima, y requiere un año de estudios (los viernes y sábados a la noche), para con un trabajo de treinta páginas obtener un diploma de licenciatura o doctorado.

Sin planificación

De 1993 a la actualidad, la expansión de la educación superior paraguaya ha tenido una serie de características comunes que guardan estrecha interrelación con el contexto de crisis actual. En primer lugar, hasta la fecha el criterio de expansión de la oferta universitaria se ha caracterizado por una lógica mercantil, y por la falta de planificación.

En nuestro país, de acuerdo con una encuesta realizada por el MEC en 2012 existían 1.585 diferentes titulaciones; esta multiplicación de títulos puede ser engañosa ya que los mismos dan cuenta de diferentes nombres para una serie limitada de ofertas similares en cuanto a contenidos curriculares. Una consecuencia de esta diversificación es la emergencia de un sistema de diversificación formal, similar al descrito por la investigadora Marisa Zelaya con relación a la Argentina y otros países latinoamericanos, de falsos títulos y superposiciones, que hablan de posicionamientos frente a una lógica del mercado, en lugar de diversificación de la oferta brindada al público.

En segundo término, en un ambiente de escasa regulación, la mayoría de las instituciones de educación superior universitaria no proveen información sistemática sobre sus actividades o situación al público. Durante un largo periodo, y ante ausencia de una autoridad regulatoria formal, esto ha creado una situación que facilita la multiplicación de ofertas de titulaciones espurias.

El problema de la expansión de la educación superior no ha sido meramente que esta se haya realizado mediante un proceso de privatización, sino que se haya realizado sin normas de regulación adecuadas, sin normativas que demanden a estas instituciones a que den cuenta de la oferta que están brindando. Del mismo modo, el problema con las “estafas educativas” no es meramente algo relacionado con la falta de regulación, sino un síntoma, entre muchos otros, de una crisis de la universidad paraguaya. Es una universidad que continúa fuera del alcance de grupos vulnerables de la población, con una oferta educativa, en términos generales, de baja calidad, y que hasta el momento no posee mecanismos efectivos que permitan responder al vacío informacional y normativo en los cuales la educación superior paraguaya opera.

*Instituto de Ciencias Sociales de Paraguay (ICSO).

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