Opinión

Una semana cualquiera

La semana ha transcurrido con el ritmo y la inercia de cualquier otra. Tan chato estuvo todo que lo más apasionante de la campaña electoral fue el debate entre los que sostenían que el dron con el mameluco anaranjado que sobrevoló un acto del cartismo era real y los que decían que se trataba de un montaje.

Alfredo Boccia Paz Por Alfredo Boccia Paz

Apareció otro narcopastor. Su nombre, Wilfrido Arce, y estaba al frente de la llamada Iglesia del Cielo, en Pedro Juan Caballero.

El religioso había sido apresado hace más de una década al ser capturado con casi 400 kilos de cocaína.

Volvió a ser noticia unos años después, tras ser acusado de haber ordenado el asesinato de su cuñado, a quien culpaba de haberlo delatado.

En la cárcel, se arrepintió o cambió de rubro. El hecho es que se hizo ministro protestante y abrió su propia Iglesia. Siempre me llamó la atención la facilidad y rapidez con las que se llega a ser pastor evangélico en algunos de esos cultos. Al menos si se los compara con el rigor y profundidad de los estudios exigidos a los seminaristas católicos. Pero esta digresión es solo momentánea. El pastor Arce también era exitoso en asuntos terrenales: tenía una empresa de materiales de construcción y una herrería. Además, era dueño de la franquicia de una casa de cambios vinculada a Miguel Ángel Servín, alias Celular, preso en Emboscada por lavado de dinero y narcotráfico. Es aquel a quien acusan de ser el propietario de los tres mil kilos de cocaína detectados en una carga de carbón en Villeta, en 2020.

Hace unos días, mientras la Senad, en el marco del operativo Belia, allanaba casas de cambios –en las que encontraron un millón y medio de dólares en pisos disimulados– unos sicarios asesinaban al pastor Arce.

La quema de archivo fue realizada con poca sutileza, frente a su feligresía.

Su historia podría ser algo exótica en otro lado, no aquí, donde los sicarios no son novedad y donde ya conocimos otros narcopastores, como José Insfrán, líder del Centro de Avivamiento de Curuguaty y, a la vez, precandidato colorado a la Gobernación de Canindeyú y jefe narco y del lavado de dinero, descubierto por el Operativo A Ultranza hace un tiempo.

Insfrán tuvo más suerte que el pastor del Amambay, pues pudo escaparse e incluso volver a ingresar tranquilamente al país para sacar su platita resguardada en algún lugar.

Ya lo ve, una semana común. Hubo rumores habituales de nuevas designaciones por parte de la Embajada, hubo nuevos datos sobre las facturas posiblemente clonadas en el caso del avión iraní que cada vez complican más a Tabesa y hubo conferencias de prensa de uno y otro lado, que nos ofrecen versiones contradictorias y se convirtieron en una especie de rutina en la vida de los paraguayos a lo largo de este año.

Casi completé el párrafo anterior con una referencia al habitual silencio de la Fiscalía, cuando leí una declaración sorprendente del fiscal de Asuntos Internacionales, Manuel Doldán.

Comentó que desde hace tiempo viene compartiendo información de inteligencia con autoridades del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Consultado si dicha información puede derivar en más designaciones de “significativamente corruptos”, respondió: “Sí, claro que pueden venir, pero esta es una cuestión unilateral del Departamento de Estado”. O yo entiendo muy mal o esto significa que el Ministerio Público tiene pruebas de corrupción pero, en vez de procesar a los sospechosos, prefiere enviar la información a los Estados Unidos y esperar que ellos hagan algo.

Encima, parecen orgullosos de eso.

Esto de vivir en el corredor de todos los tráficos es, en el fondo, una cuestión de costumbre.

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