Luego del caso Hernán Rivas, el Senado se vio obligado a instalar una Comisión de Investigación para estudiar los títulos falsos o irregulares. Es una paradoja para el cartismo, un movimiento con larga data de opacidad, tener que indagar sobre delitos tan sensibles.
Lo primero, pues, fue asegurarse tener una mayoría de votos leales en la comisión. Votos, no argumentos científicos.
Pese a contar en su bancada con profesionales idóneos, nominaron a algunas personas que ni siquiera pisaron una facultad. ¿Qué autoridad moral y académica tiene una comisión donde hay miembros que no pueden acreditar ni el bachillerato?
La preside Patrick Kemper, quien, lejos de inhibirse, arrastra el conflicto más evidente: su primo está en la mira. Hans Kemper, político luqueño de Honor Colorado, es investigado por la presunta tenencia de un título universitario irregular. Dice ser abogado por la Universidad Sudamericana en 2017. Solo que la carrera de Derecho en esa universidad fue clausurada en 2015, dos años antes de que él se graduara.
Ya en su primera reunión, se evidenció el mecanismo perverso que se intentará imponer.
Dionisio Amarilla, cartista azul, propuso que las máximas autoridades nacionales se sometieran a un proceso de verificación de sus antecedentes académicos. Esto incluiría a los legisladores, presidente, vicepresidentes, ministros y todas las autoridades nacionales, departamentales y municipales, como intendentes, concejales y gobernadores. Sostuvo que el objetivo inicial debería ser establecer un diagnóstico amplio sobre la validez de los diplomas utilizados en la función pública en todo el país.
La estrategia es burda: al expandir el universo de investigación a todo el mundo, lo que logra es que sea materialmente imposible profundizar en nada. La sobreabundancia de casos es la mejor receta para la impunidad.
La agenda oculta es que todo se diluya en un mar de carpetas y pasen desapercibidos los casos más escandalosos que afectan a Honor Colorado.
El objetivo es blindar a los Esgaib, los Arévalo y los Bollo González de la vida, incrustados en altos cargos de los tres poderes del Estado. La comisión no se creó para investigar a los políticos poderosos, sino para darles un salvoconducto. Buscan que, cuando pase la tormenta mediática, todos queden absueltos por falta de tiempo o de pruebas.
Por eso no quieren empezar por la más sospechosa: la Sudamericana, la que condensa todos los elementos de una estafa mayúscula.
Creada en 2008, pese a dictámenes negativos del Cones, pasó a manos del jefe narco Jorge Rafaat en 2015. Según su propietario original, el brasileño Carlos Bernardo, el traspaso fue a punta de pistola. Tras el asesinato de Rafaat al año siguiente, su gestión fue vinculada a la figura de Jarvis Chimenes Pavão, quien intervino a través de su abogada Laura Casuso, víctima de sicariato en 2018. Hoy en día la universidad pertenece a un grupo empresarial.
¿Entiende ahora por qué Blanca Ovelar –la que más sabe de estos temas– dijo que temía por la integridad física de los miembros de la comisión si hacían las cosas en serio?
El problema es enorme. La institución habría expedido alrededor de 2.500 títulos en un periodo de tres años en unas veinte carreras. De los 400 abogados registrados por la Sudamericana, 144 serían mau. Hay políticos y sus familiares, así como funcionarios importantes del Legislativo y del Judicial. Pero también hay personajes de alcurnia que administran y lucran con la expedición de títulos exprés y el consiguiente lavado de dinero originado en muchas universidades de garaje.
El cartismo llega a esta instancia con el antecedente de haber protegido a Hernán Rivas, evitando su caída durante meses, pese a las evidencias gritantes. Por eso, el desafío de la comisión no será solo reunir documentos. Será demostrar que no nació para administrar el escándalo, sino para exponerlo. Que no busca controlar el daño político, sino identificar responsabilidades. Los miembros decentes de la comisión no deben ser partícipes de ningún simulacro de investigación. Paraguay merece un trabajo serio. Si hay olor a joda, mejor irse a casa.